HA’UR AWARE
Todo empieza en Granada y continúa entre Andalucía y París. ¿Cómo ha cambiado tu forma de mirar tus raíces al vivirlas desde la distancia, desde la diáspora?
He pasado por muchas fases: el rechazo, la nostalgia, la contradicción, estar desubicada, esa sensación de no ser ni de aquí ni de allí, y al final respirar, y expandirme.
Con el tiempo llegó una forma de desapego, quizá como instinto de supervivencia emocional, quizá porque la distancia y los años hacen su trabajo. He entendido que la raíz no es un lugar, sino algo que se lleva dentro y observar desde la distancia me ha permitido verla con claridad, un lugar es necesario para conectar, pero no para definir; y el cambio no traiciona a quien eres, quizá sea lo que ayuda a definirte.
Ahora estoy por Andalucía y me está encantando estar aquí. Es un punto de partida que se reescribe. El arte me ha conectado a la raíz, cuando se reinterpreta te conectas.
Creo que por el tipo de gente que se acerca a mis creaciones a parte de lxs artistas, suele ser un público internacional que mantiene un vínculo con España, con su historia, su imaginario, lo que es la experiencia España. Llegando a definirlo como un viaje sensorial, hasta llevar un trocito consigo que te puedes poner en cualquier momento que te apetezca aunque no estés en el territorio.
El Mantón de Manila es el punto de partida de tu obra, pero también una excusa para hablar de historia.¿Cuándo entendiste que no estabas trabajando solo con una prenda, sino con un archivo cultural cargado de memoria?
Cada vez que volvía a casa, miraba el armario, y ahí estaba el mantón que me regaló mi madre, año tras año, ahí, sin vida, solo con memoria y las fotos que lo acompañan.
Ahí empecé a buscar su significado, su origen, historia y simbolismo. Las costumbres y tradiciones para las que se usaban y para las que se usan ahora. A qué marco estaba reservado ese mantón, del cual yo estaba completamente separada, por no estar viviendo en España.
Entonces decidí crear algo con ese mantón que se adaptara a mi yo de ahora, y no negarme el derecho a usarlo por el hecho de no estar en las fechas para las que ahora está predestinado. Si no lo hubiese querido transformar, posiblemente no hubiese ido más hondo.
Hablas de crear lentamente, de respetar el gesto y el tiempo del hacer. ¿Qué te ha enseñado el ritmo artesanal en un mundo obsesionado con la velocidad y la producción masiva?
Que un objeto puede pasar de mano en mano, entre generación y generación, o que igualmente puede acabar en la basura.
Todo depende de los ojos que lo miren y la historia que nos contemos, además del valor por el que apostemos y la sensibilidad que incorporamos. Cuando adquieres un objeto artesanal, la mayoría de las veces habrá un vínculo futuro generacional por el hecho de ser un objeto de valor.
Las cigarreras de Sevilla atraviesan tu proyecto como un linaje invisible. ¿Qué sientes que heredaste de ellas más allá de la técnica: la resistencia, la dignidad, la apropiación de la belleza?
La acción: de ver, valorar, el derecho a la belleza y a ser parte. El utilizar lo que tienes delante y re apropiarse de un símbolo, formar parte de la clase trabajadora y promover el legado inmaterial que hace a una cultura.
Con lo que hay: hacer y adaptarlo. Usar un tejido puede parecer algo anodino pero en ocasiones puede ser un símbolo de resistencia.
Hoy tenemos el ejemplo con el pueblo palestino.
Hoy, en 2026, en una España donde hay un alza del discurso facista y racista, quizás saber de donde proviene este objeto que forma parte de la cultura popular y usarlo a nuestra manera, pueda ser un acto de rebeldía.
Reapropiarse de un símbolo que no estaba destinado a ellas fue un acto profundamente político. ¿Crees que hoy el bordado sigue siendo una forma de empoderamiento femenino? ¿De qué manera?
No lo sé, sentirse empoderadx ha día de hoy es algo muy personal, si puedo decirte que hasta el momento los espacio compartidos donde se borda son lugares donde se respira comunidad, hay variedad generacional, se crea un legado inmaterial que luego se materializa.
He conocido diferentes culturas a raíz del bordado, compartido conocimientos, sentires… es como la música. Posiblemente la manera en la que se decide hacerlo es lo que hace que se convierta en un acto político y de empoderamiento.
Tu obra honra lo ancestral, pero no se queda anclada en el pasado. ¿Cómo dialoga tu trabajo con el presente sin convertir la tradición en folclore o en nostalgia vacía?
En el estilismo. Y en tomar la acción de vestirse con esa creación fuera de contexto. Un mismo significante puede tener varios significados. Cambiando la forma pero no su significado, el cual no todxs conocen, y el que l@ conoce, sabe el valor que está viendo o llevando.
Un ejemplo: ponerse una de las corbatas o bustier hechos con los mantones de Manila en un ambiente más cosmopolita lo aleja de su significado. (Colectivo e individual, el cual engloba Asía, Oriente, África del norte, México…)
Es cómo hacerse una nueva joya con algo heredado… la tradición y la nostalgia están ahí, pero se han transformado en algo nuevo.
Trabajar en el lujo en París ha afinado tu sensibilidad, pero también tu mirada crítica. ¿Qué tensiones has vivido entre el lujo industrializado y la artesanía con alma que defiendes?
La historia, la calidad, los precios y la experiencia cliente. La tensión está entre crecer y preservar el alma, entre precio y valor. Hay situaciones en las que se celebra la artesanía en los discursos, pero se la somete a calendarios industriales. El gesto del artesano se convierte en argumento de marketing, no siempre en una realidad.
Una de las mayores tensiones personales que a día de hoy me sigue causando contradicción, es la venta de artículos de lujo en un consumo masivo donde la experiencia cliente debe ser excepcional y entrar dentro de los parámetros del lujo, mientras que el entorno parece un mercadillo (sin prejuicio y desvalorizar este, el cual me encanta y a dia de hoy sigo yendo) por el flujo masivo de clientes.
Al final, lo que queda es una mirada más afilada y más honesta. Sabes que el lujo no es el logo ni el volumen, sino el tiempo, el respeto por el gesto humano y la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace.
Hablas de Andalucía no desde el tópico, sino desde la historia profunda. ¿Qué capas de Andalucía sientes que todavía no han sido contadas —o escuchadas— en el relato contemporáneo?
Lo compleja, especial y única que es con todas sus capas. Hay una frase de Antonio Manuel “Andalucía no es una frontera sin memoria: es una memoria sin fronteras”
Por mi parte, estoy volviendo a redescubrir una parte de la historia que por el motivo que haya sido, se ha pasado muy por encima en la enseñanza, gracias a explorar autores y nuevas lecturas de las cuales me estoy empapando y entendiendo.
La historia nunca es la misma, depende de si la narran los vencedores, los vencidos, o si, en verdad, no hubo ninguno.
Dices que 2025 ha sido cierre y 2026 inicio. ¿Qué estás dejando atrás como creadora para poder comenzar de nuevo con más verdad?
El síndrome del impostor, el sentimiento de pertenencia por vivir en la diáspora, la duda constante entre ser legítima, la confianza conmigo misma y el sentirme segura con mi trayectoria. Me despido de todo eso, Merci, au revoir !
Si HA’URAWARE es herencia, identidad y legado, ¿qué te gustaría que alguien sintiera al vestir una de tus piezas dentro de 50 años?
Que la quiera conservar 50 años más jaja. Que se la ponga con lo que se lleve en ese momento, la combine, se haga unos looks chulísimos. Que la pasen de una generación a otra, que le den ganas de reinterpretarla a su manera. Pero sobre todo, que se sienta increible y especial, lo especial que es llevar arte, historia, significado, memoria y un legado invaluable. Y si el Maktub quiere, ¡que yo lo vea !