GRABU
‘Pulse’ es un viaje introspectivo donde cada sonido parece colocado con precisión quirúrgica. ¿Cómo fue el proceso creativo de este EP? ¿Desde qué emoción o necesidad partiste?
El proceso creativo de este EP es bastante parecido al del resto de álbumes y trabajos que he venido haciendo. Básicamente, nacen de una idea muy primitiva, que puede ser una melodía, una armonía o incluso un recuerdo. A partir de ahí nace todo. Creo que en cada EP se nota esa emoción inicial, y en este caso, la necesidad venía de una ansiedad por encontrar un espacio en mi vida donde hubiera silencio.
Para mí, el silencio es muy importante. En la vida que llevamos como artistas, siempre hay mucho ruido, y sentía la necesidad de hacer algo realmente tranquilo. Estaba en un momento muy calmado de mi vida —las vacaciones de Navidad—, y todo surgió a partir de ahí.
En tus canciones todo está medido, pero nunca suena frío. ¿Cómo consigues mantener la calidez emocional dentro de una electrónica tan precisa y texturada?
Es un halago que me hagáis esta pregunta. La verdad es que mi lucha constante es conseguir ese equilibrio. Soy una persona bastante medida y organizada, que necesita tenerlo todo en orden, pero a la vez soy muy intenso, y eso a veces me provoca cierta inestabilidad.
Cuando sentimos cosas, no siempre las sentimos de forma ordenada, pero mi vida sí quiero —y necesito— que lo sea. Por eso, mi manera de hacer música es un reflejo de mi carácter y de cómo llevo mi vida.
También es mucho trabajo. Este es el primer EP que he producido yo mismo, y eso se nota. He podido ser mucho más preciso con lo que quería transmitir, y creo que eso se percibe.
Referentes como The Blaze, FKJ o b1n0 aparecen como ecos en tu trabajo, pero tu identidad es muy propia. ¿Qué crees que define el universo Grabu?
Siempre me ha costado mucho definir qué es Grabu, tanto como género musical, como en el directo o incluso como persona. Al final, creo que es una mezcla de todos mis referentes y de las experiencias que vivo: lo que siento, lo que me pasa, las personas con las que toco… Todo lo que ocurre en mi día a día tiene una consecuencia directa en la música, porque es ahí donde muestro y plasmo todos mis sentimientos. Creo que es algo un poco desordenado, pero con el tiempo he ido encontrando mi esencia y sintiéndome cómodo con todo lo que estoy haciendo.
Vienes de un 2023 muy potente con el disco anterior y una gira por todo el país con Girando Por Salas. ¿Qué aprendiste de la carretera y del directo en ese tiempo?
La verdad es que he aprendido muchísimo desde 2023 hasta ahora, que hemos terminado la gira de ‘Girando Por Salas’. En la carretera he tenido mucho tiempo para reflexionar, para entender lo que quiero y lo que quiero transmitir. He podido ser mucho más exigente con el directo, con la forma en la que toco y me expreso, y también más preciso a la hora de comunicarme sobre el escenario.
Sobre todo, he aprendido mucho con Sara, que es quien me acompaña y toca la batería en mi proyecto. La verdad es que estamos muy contentos con todo lo que ha pasado y con todo lo que está por venir. También creo que es fundamental aprender a escuchar: escuchar música, escucharte a ti mismo, y escuchar a los demás. Estar muy atento a todo lo que ocurre es clave.
Eres también el creador del Festival Mússol, un proyecto con mirada solidaria y artistas de primera línea. ¿Qué te impulsó a construir un espacio así?
El festival Mússol es un proyecto muy especial al que le tengo muchísimo cariño, porque fue el que me ayudó a entrar en la industria musical. Me impulsó, en parte, por una serie de problemas de salud que he tenido, pero sobre todo no nace tanto de mí, sino de todo lo que vi en los hospitales: toda esa gente y esos niños que se están perdiendo días de su infancia porque tienen que estar allí.
Creo que es un espacio muy bonito, que además toca muchas disciplinas y da voz a artistas que muchas veces no la tienen. Generamos mucha comunidad, y creo que ha crecido de una forma muy orgánica. Estamos súper contentos de lo bien que ha salido el proyecto.
Además de tu trabajo en solitario, tocas con artistas como Guillem Gisbert o Júlia Blum. ¿Qué te aporta estar en esos otros proyectos ajenos a tu nombre propio?
Formar parte de otros proyectos me ayuda a tomar distancia. Cuando estás trabajando en un proyecto que lleva tu nombre, el nivel de exposición y el riesgo son mucho mayores. En cambio, cuando tocas con otra gente, lo haces en un segundo plano, y eso te permite expresarte de una forma mucho más tranquila y relajada, sin que todo el foco esté puesto en ti.
Creo que eso me ha ayudado mucho.
Aprender a escuchar, a tomar distancia… Al final, la distancia, el espacio y la reflexión hacen que puedas volver con más calma y también con más fuerza para seguir creando.
‘Pulse’ parece hablar sin palabras. ¿Cómo entiendes la narrativa instrumental? ¿Qué te permite decir la música cuando no hay letra?
Mucha gente entiende la música instrumental como una herramienta más compleja a la hora de expresar sentimientos, pero para mí es justo al revés. A veces, las palabras no son suficientes para transmitir lo enfadado o lo triste que estás. A veces necesitas algo más poderoso, aunque las palabras también lo sean. Para mí, la música tiene ese poder que las palabras no siempre consiguen alcanzar.
Y como mi forma de expresarme siempre ha sido a través de la música, me ha salido así de forma natural. Es algo que llevo trabajando desde hace bastante tiempo.
La electrónica a veces se asocia solo a lo bailable, pero tu propuesta va mucho más allá. ¿Qué relación tienes con la pista de baile y con lo contemplativo?
A mí bailar no se me da muy bien, la verdad, pero sí creo que es muy importante poder expresarte libremente, sin que nadie te juzgue. Mi música tiene algo contemplativo que invita a moverte con el cuerpo, sin necesidad de saber bailar ‘bien’ en un sentido técnico, sino permitiéndote expresar lo que sientes y ocupar el espacio físico como quieras.
En lo nuevo, que viene acompañado de unos vídeos increíbles, me acompaña un bailarín de teatro físico que es fantástico. Creo que ha sabido transmitir muy bien lo que yo intento expresar, pero que no siempre sé cómo hacerlo. Él lo ha conseguido.
Como productor, ¿cómo sabes cuándo una canción está “terminada”? ¿Qué señales te dicen que ya puedes soltarla al mundo?
Dar por terminada una canción es de las cosas más difíciles que hay como músico y productor. No hay señales claras. Se necesita mucho autocontrol y mucha fuerza para saber cuándo parar en el momento adecuado. A veces le damos demasiadas vueltas a las cosas y acabamos estropeándolas. Es un proceso que está muy ligado a la intuición y al control.
Creo que es súper importante, sobre todo, escuchar a los amigos y a la gente cercana, que también pueden guiarte. Para mí, su opinión es fundamental.
¿Qué imaginas para Grabu en esta nueva etapa? ¿Qué te gustaría seguir explorando si todo sigue latiendo como hasta ahora?
Con Pulse se abre una nueva etapa del proyecto, una etapa mucho más electrónica. Una etapa en la que siento que por fin he encontrado mi sonido, mi concepto y todo lo que rodea al proyecto. Tengo muchísimas ganas de mostrarlo al mundo, de seguir explorándolo y de proyectarlo hacia un futuro lleno de conciertos y nuevos caminos.
Porque al final, concibo Grabu no solo como mi faceta como músico, sino como algo que puede ir mucho más allá: como compositor de bandas sonoras, ampliando el universo de Grabu, que creo que es algo necesario e importante.