DIANKA

“ROCÍN” nace de abrazar lo imperfecto y reivindicar lo que no encaja en el ideal heroico. ¿En qué momento entendiste que no querías ser el caballo que más salta, sino encontrar tu propio paso?

Debo confesaros que por largo tiempo he sentido una afinidad intrínseca con la figura del caballo, y de hecho, he llegado a creer y a afirmar que he podido ser uno de ellos en otra vida. Sin embargo, tras una conversación con una de mis mejores amigas, me convertí por un momento en el propio Quijote, dándose cuenta de que los gigantes no eran más que molinos, abriendo los ojos a una nueva verdad: soy un rocín? Puesto que esto responde a un caballo de mala traza, torpe y con cierto fallo, hizo sentirme por primera vez, en consonancia total con mi esencia.

La palabra rocín suele asociarse a algo basto o de poca alzada. ¿Qué tiene de liberador apropiarte de un término que, en teoría, podría sonar despectivo?

La connotación negativa es algo socialmente impuesto, porque ser basto, de poca alzada o imperfecto no tiene por qué ser despectivo y mucho menos una debilidad. Los errores son los que me han hecho ser Dianka, y gracias a ello, hay una autenticidad inagotable.

En esta nueva etapa hablas de salto, riesgo y movimiento con “Cabriola”. ¿Sientes que este segundo álbum es una huida, una evolución… o un acto de rebeldía?

Pues podría decirte que todas ellas! Es, en efecto, un salto de riesgo en pleno movimiento y huida, que proviene de la rebeldía de ser algo único. Y eso da a luz la esencia de “Cabriola”, quien, en todo caso, es muchas cosas más que poco a poco se irán descubriendo…

Tu imaginario bebe de los 60 y 70, pero suena contemporáneo. ¿Mirar al pasado es una forma de refugio o de reinterpretación política y estética?

Siempre me he sentido un poco vieja… y conecto muchísimo con épocas pasadas. Sin embargo, no hay tal reinterpretación, sino, simplemente inspiración y elogio. Aquella música me ha hecho tener un brillo distinto, y junto a Pau Aymí, productor que me ha acompañado como Sancho a Quijote en todas las canciones, Dianka se ha convertido en mucho más que una adaptación de lo anterior! Me gustaría ser un soplo de aire fresco con un imaginario único.

En “ROCÍN” conviven fanfarria, sintetizadores y un final casi épico. ¿Te interesa generar esa sensación de espectáculo incluso cuando la canción habla de fragilidad?

Sí! Y yo creo que da potencia a ese mensaje, pues lo ensalza como quien levanta un cartel en una manifestación. “Soy así, soy un rocín, y me enorgullezco de ello”. La fragilidad es, a veces, mucho más energizante que la máxima fortaleza, y regocijarse en ella puede aportar nuevos valores muy interesantes y necesarios.

El videoclip pone el foco en la obsesión por la perfección y la reconciliación con la niña interior. ¿Qué parte de esa niña sigue marcando tus decisiones artísticas hoy?

La niña entera! En este álbum, “Cabriola”, potencio esa esencia naif y pícara, que reconducirá hacia un escenario más fantasioso y elaborado. Sin ir más lejos, de entre las inspiraciones que se han barajado en este disco, podría nombrar a Pippi Calzaslargas (que de hecho, fun fact: la portada es una referencia al momento en el que levanta a su caballo, al Pequeño Tío.)

Has compuesto para otros artistas como Amaia o Juanjo Bona. ¿Cuando escribes para otros te escondes… o te encuentras de otra manera?

Es muy diferente. Al final, yo tengo una forma de crear bastante personal. Primero invento el imaginario, concibo situaciones, estéticas, emociones, y luego ya escribo y pongo título a las canciones que nacen de este trabajo previo. Cuando compongo para otros, debo adaptarme a su mundo, y es un reto que poco a poco voy dominando. Es como si batallaras con una espada con tu mano derecha y de repente, tengas que luchar con la izquierda. Es un desafío muy interesante…!

“TOMBOLERA!” convertía cada canción en una atracción de feria. ¿Sientes que tu proyecto siempre ha tenido algo performativo, casi teatral?

Sin duda, y disfruto mucho de convertir a Dianka en un nuevo personaje cada vez que creo un álbum o una canción. Por eso, siempre la narro cariñosamente en tercera persona, pues siento que a ella le atribuyo las grandes hazañas, porque sólo ella es capaz de hacerlas!

Has compartido escenario con nombres como Guille Milkyway o Cariño. ¿Qué has aprendido del directo que no te ha enseñado el estudio?

Me he curtido mucho más encima de un escenario que en un estudio, y lo noto. Desde pequeña, nunca me han faltado ocasiones para bailar, brincar y cantar encima de uno, fuera pequeño o grande, en un teatro o en una fiesta. Y siento estar en casa. Estoy muy agradecida de que exista algo semejante, porque si no, ya me hubiera subido a una caja donde me quepan los dos pies, para llamarlo escenario.

Si dentro de diez años alguien escucha “ROCÍN” y “Cabriola”, ¿qué te gustaría que entendiera sobre la mujer que estaba dando ese salto ahora?

Me gustaría que sintiera la libertad que he sentido al crearla, pues Cabriola está llena de sentimientos que seguramente, en diferentes situaciones, todas hemos vivido. Este álbum envejecerá, pero gustaría que mantuviera esa conexión con nuestra niña interior y que pudiéramos conectar con ella cada vez que escuchemos las canciones.