DAVID CABOT
Tu primer contacto con la música fue en un camping en Ibiza. ¿Qué recuerdas de aquel momento y cómo crees que te marcó a largo plazo?
Recuerdo ese momento con mucha claridad y cariño. Estaba en un camping en Ibiza, y aunque era muy pequeño, algo se despertó en mí al escuchar a un grupo de personas tocando música en directo, con guitarras, percusión y voces que se mezclaban. Me quedé completamente fascinado, como hipnotizado por el ritmo y la energía que se generaba. No era solo el sonido, era la conexión entre las personas, la emoción que transmitían.
A largo plazo, creo que ese instante fue clave porque fue la primera vez que sentí realmente lo poderosa que puede ser la música. Me hizo darme cuenta de que quería formar parte de eso, que quería aprender, crear y compartir. Desde entonces, la música se ha convertido en un eje central en mi vida, no solo como afición sino también como forma de expresión y de relación con los demás.
Has pasado por concursos, giras, escenarios grandes y pequeños. ¿Qué has aprendido de cada formato y cómo ha evolucionado tu relación con el directo?
Cada formato me ha enseñado algo distinto y valioso. Los concursos, por ejemplo, me ayudaron a enfrentarme al juicio externo y a aprender a manejar la presión. Me empujaron a preparar mucho mejor mis actuaciones y a pulir detalles que quizá en otros contextos hubiera pasado por alto. También me han servido para conocer a otros músicos y descubrir diferentes formas de interpretar y comunicar.
Tocar en escenarios grandes te da una sensación de expansión, de libertad para moverte, proyectarte, soñar a lo grande. Pero los escenarios pequeños tienen una magia diferente: la cercanía con el público, la intimidad, la posibilidad de mirar a los ojos y sentir que estás compartiendo algo muy directo y auténtico.
Con el tiempo, mi relación con el directo ha evolucionado hacia algo mucho más libre y disfrutado. Al principio había más nervios, más preocupación por si salía todo “perfecto”. Ahora lo vivo como un momento de verdad, de conexión, donde todo lo que pase, lo bueno y lo inesperado, forma parte de la experiencia.
En ‘COLLAGE’ colaboras con artistas como Amulet, Dani Leiva o Malson Atmosfèric. ¿Cómo ha sido ese trabajo colectivo y qué has descubierto en el proceso?
Trabajar en COLLAGE con artistas como Amulet, Dani Leiva, O-ERRA o Malson Atmosfèric ha sido una experiencia muy enriquecedora, tanto a nivel personal como musical. Cada uno de ellos tiene un universo propio, una forma muy particular de entender la música, y juntarnos ha sido como mezclar colores distintos para crear una obra común con identidad propia.
Lo más bonito del proceso ha sido precisamente eso: el intercambio. Escuchar, ceder, proponer… dejar que las ideas fluyeran sin necesidad de controlarlo todo. Me he dado cuenta de que cuando trabajas en colectivo, el resultado va mucho más allá de lo que podrías hacer tú solo. Hay detalles, matices y emociones que solo aparecen cuando varias cabezas y corazones se ponen al servicio de una misma canción.
También he aprendido a soltar, a confiar más en el proceso y en las personas con las que comparto música. COLLAGE no solo ha sido un proyecto musical, ha sido también una forma de crecer, de abrirme y de reafirmar que la música cobra un sentido muy especial cuando se construye desde la colaboración sincera.
Este disco alterna catalán y castellano con naturalidad. ¿Cómo decides en qué idioma se cuentan mejor tus emociones?
La verdad es que no le doy demasiadas vueltas al idioma cuando compongo. Simplemente, dejo que salga como lo siento en ese momento. A veces las palabras aparecen en catalán, otras en castellano, y no me planteo cambiarlo si me suena natural y sincero.
Es una cuestión más emocional que racional.
Podrían haber sido todas las canciones en un solo idioma, perfectamente, pero no fue algo premeditado. Así surgieron y así se quedaron. Para mí, lo importante es que el mensaje llegue y que lo que digo tenga sentido dentro de la canción, sin forzar nada. Al final, los idiomas conviven en mi día a día, y en COLLAGE también lo hacen con total naturalidad.
Las canciones de ‘COLLAGE’ nos llevan por la angustia, el cambio, el reencuentro contigo mismo. ¿En qué momento vital nace este álbum?
COLLAGE nace en un momento de bastante movimiento interno. Estaba atravesando una etapa de cambio, de replantearme muchas cosas, tanto a nivel personal como creativo.
Fue un momento de mirar hacia dentro, de reconectar conmigo mismo y con la música desde un lugar más honesto. Las canciones surgieron como una forma de ordenar el caos, de dar forma a emociones que a veces no sabía ni cómo explicar con palabras. En ese proceso de escribir y crear, también fui encontrando respuestas, cerrando ciclos, abriendo otros.
COLLAGE no solo recoge ese momento vital, sino que lo acompaña. Es como una fotografía emocional de todo lo que estaba sintiendo, con sus luces y sus sombras. Por eso hay canciones más íntimas, otras más esperanzadoras… como en cualquier proceso de cambio real.
Igualmente, también suelo tratar de acabar contando historias que no tengan que ver del todo con mi vida. Historias que otros puedan hacerse suyas.
‘Fes-la Teva’ habla de cómo cada canción puede ser reinterpretada por quien la escucha. ¿Qué te ha enseñado el público sobre tus propias canciones?
El público me ha enseñado que una canción, una vez la compartes, deja de ser solo tuya. Cada persona la escucha desde su propia historia, su propio estado emocional, y le da un significado que a veces ni yo mismo había imaginado al escribirla. Eso me parece mágico.
Eso me ha hecho entender que la música no necesita ser explicada o encasillada, que lo importante es lo que provoca en quien la recibe.
Me ha enseñado también a soltar, a no aferrarme tanto al “por qué” de cada letra, y a disfrutar del hecho de que una misma canción puede acompañar a alguien en un momento feliz y a otra persona en uno difícil. El público le da nueva vida a lo que haces, y eso es un regalo enorme.
Hay una presencia muy cuidada de la guitarra, del pop moderno, del folk íntimo. ¿Cómo describirías el universo sonoro que estás construyendo?
Diría que el universo sonoro que estoy construyendo nace de una mezcla muy orgánica entre lo que me emociona y lo que me resulta honesto. La guitarra tiene un papel muy central, porque para mí es casi como una extensión de la voz. A partir de ahí, voy sumando capas que vienen del pop moderno, del folk, incluso de la música más electrónica o experimental en algunos momentos, pero siempre con una intención clara: que todo sume a lo que la canción quiere decir.
No busco encajar en un estilo cerrado, sino que intento que cada canción respire su propio ambiente. Algunas son más íntimas, con arreglos mínimos y mucha cercanía, como es el caso de “Ganes de Veure’t” y “Tan Difícil Es”, y otras se abren más, se visten de sonidos más amplios o actuales. Pero en todas hay un hilo común: la búsqueda de una emoción real, sin artificios, y un cuidado especial por los detalles.
Supongo que, con el tiempo, ese universo sonoro se va definiendo sin que yo lo fuerce demasiado. Como bien representa el título del disco, es un collage de influencias, vivencias y sonidos que me representan en cada etapa.
También compones y produces parte de tu música. ¿Qué significa para ti tener ese control creativo en tus proyectos?
Tener el control creativo sobre la composición y coproducción de mi música significa mucho para mí porque me permite expresar exactamente lo que siento y quiero comunicar, sin filtros ni intermediarios. Es como tener un espacio propio donde puedo explorar libremente, experimentar y darle forma a mis ideas desde el principio hasta el final.
En definitiva, poder componer y coproducir es una forma de mantener mi música cercana y genuina, y al mismo tiempo un camino para descubrir nuevas maneras de contar historias y emocionar.
En este disco he trabajado junto a Jaume Gelabert en Tramuntana Estudis. Me ha ayudado ha abrir la mente a nuevas ideas. Es un productor que te entiende desde el principio y que sabe adaptarse a cualquier propuesta. Gracias a ello, todo el proceso de creación se hace mucho más fácil y natural.
¿Qué te gustaría que sintiera alguien que escucha ‘COLLAGE’ por primera vez?
Me gustaría que quien escuche COLLAGE por primera vez sienta, sobre todo, autenticidad. Que pueda conectar con las emociones que hay detrás de cada canción, ya sea esa mezcla de nostalgia, inquietud, esperanza o reencuentro. Que no sienta que le están contando una historia ajena, sino que pueda encontrar algo propio en las letras y en los sonidos.
También me encantaría que el álbum invite a la escucha atenta, a detenerse y dejarse llevar por el viaje emocional que propone. Que descubran detalles, matices, y que cada canción les provoque sensaciones diferentes según el momento en que la escuchen.
En definitiva, que COLLAGE sea una experiencia que acompañe, que reconforte o que desafíe, pero que sobre todo deje una huella sincera y honesta en quien se acerque a ella.
¿Dónde imaginas a David Cabot en un par de años si todo va como sueñas? ¿Qué escenarios, colaboraciones o pasos te gustaría vivir?
Me imagino creciendo sin prisa pero sin pausa, consolidando un espacio propio dentro de la música, con proyectos que sigan reflejando esa autenticidad y evolución constante. Me gustaría seguirtocando en escenarios, sin perder la cercanía, en espacios que valoren la música en directo con toda su riqueza.
En cuanto a colaboraciones, me encantaría seguir trabajando con artistas que admiro y que aporten nuevas perspectivas a mi música, pero también descubrir nuevos talentos con los que pueda experimentar y seguir aprendiendo. La idea es que esas colaboraciones sean siempre espacios de creación compartida, donde todos salgamos enriquecidos.
Además, pensando en que tengo tanto puesta en escena en formato solitario como con la banda completa, me gustaría seguir trabajando mucho más en esta última. Actualmente presentamos el nuevo álbum y nuevo directo en algunas fechas, entre las que se encuentra el Mallorca Live Festival. Estamos abiertos a cualquier propuesta y, sobretodo, tenemos ganas de tocar en directo y poder mostrar en lo que llevamos tanto tiempo trabajando.
En resumen, me veo disfrutando del camino, con ganas de seguir creando y compartiendo, abierto siempre a todo lo que venga.