VILLOROX
BULL TERRIER se presenta como algo más que una mixtape. ¿Qué representa para ti este proyecto y qué te llevó a ponerle ese nombre tan visceral?
Bull Terrier es una excusa para describir una actitud y un movimiento que llevaba tiempo observando, intentando entender, y que finalmente decidí aplicarme. Es una energía que reconozco en entornos queer, muy ligada al 0 fucks, a apropiarse del espacio y adueñarte de la situación. A nivel personal, también me sirvió para entender ciertas formas de estar o reaccionar que no terminaba de comprender. A través del proyecto pude darles sentido, sostén y fuerza.
El nombre surgió en los primeros momentos del proceso creativo, al asociar las primeras demos con la figura del bull terrier. Estéticamente el perro me parecía perfecto, esa mezcla de agresividad y elegancia, peligro y estilización, forma inusual e imponente, me encajaba con todo el universo que estaba empezando a construir.
Hablas de una “actitud combativa” y de una respuesta a las violencias que atraviesan los cuerpos disidentes. ¿Qué tipo de enfrentamiento personal o colectivo está detrás de este trabajo?
Como comentaba antes, creo que es una energía que solo desarrollan ciertas personas, gente que desde muy pronto la han necesitado o bien se le ha impuesto, porque hay cuerpos que han tenido que construirse desde el rechazo y desde el cuestionamiento constante. Cuando lo que eres ha sido puesto en duda hasta el agotamiento, solo queda brotar y seguir.
Siento verdadera admiración por quienes habitan fuera de la norma, y este proyecto parte de ahí, de buscar un lugar propio donde sentirnos relativamente seguras, donde poder liberarnos un rato. Como dije al lanzarlo, durante estos 6 beats, el mundo nos pertenece.
La mezcla entre club y espiritualidad es una de tus señas de identidad. ¿Cómo conviven estos dos mundos en tu proceso creativo?
Aunque ahora mismo estoy en una especie de kriya, y aunque Bull Terrier no parte de una búsqueda espiritual directa, para mí la creatividad siempre tiene algo de mágico. Es una energía que me compone y a la que intento responder desde lo material, en este caso: el sonido, lo visual y la escena. Entiendo el hecho de crear como un regalo, algo que me ha sido dado y que, con el tiempo, voy comprendiendo que también es mi propósito.
La estética del club y lo espiritual tienen un poder muy fuerte, y más allá de la inspiración, son lenguajes que uso de forma consciente para construir mi imaginario. Aunque en esta etapa predomina lo corporal, sé que ambos mundos seguirán presentes en lo que hago.
¿Qué papel juega la pista de baile en tu vida? ¿La entiendes más como un refugio, un campo de batalla, un ritual...?
McKenzie Wark habla en Raving de la pista como un trabajo de trituración: el cuerpo haciéndose polvo con el sonido y la luz. No fue hasta que asistí a mi primera fiesta queer-electrónica que entendí eso por completo. Vengo del baile urbano que desde muy pequeño fue mi espacio seguro, un lugar donde adquirí toda mi cultura musical y donde se formó gran parte de mi imaginario estético. Lo dejé durante años, y hasta entonces no volví a sentir esa sensación de estar bailando de verdad, como en una burbuja.
Para acceder a esos espacios tengo que moverme de ciudad, y esos viajes se han vuelto rituales de reconexión e inspiración. Así que sí, para mí ahora mismo la pista es un ritual, pero también un refugio y un espacio necesario donde sentirnos a salvo.
BULL TERRIER suena a reggaetón sucio, electrónica industrial, hyphy… ¿Cómo trabajas las referencias sonoras para lograr ese lenguaje híbrido tan tuyo?
Este proyecto, a nivel sonoro, era algo que tenía que pasar. Ya venía jugando con muchos de estos elementos en otros temas, y sentía que era el momento de dedicarles un espacio entero y cerrar esa cuenta pendiente.
Con 12 años descubrí la cultura Ballroom a través del baile, y a los 15 ya estaba metido en Soundcloud cada día, sumergido buscando canciones y sesiones de DJs que pinchaban o producían este tipo de sonidos. Me enamoré de esa cultura y solo quería aprenderla, incluso subía mis propios mixes (que ahora están ocultos, por suerte). Lo que sonaba en la radio aquí no me interesaba, lo que me movía eran los patrones cíclicos a bpms altos combinados con samples locos, kicks duros, líneas de bajos destructivos y voces que no conocían de mezcla o master. Me obsesioné con ese tipo de sonidos, y al final se convirtieron en mi lenguaje.
Trabajar con mi co-productor Xavi de Blu Boi fue clave, me animó a llevar todo eso al límite y a adueñarme de las máquinas, porque en el fondo era lo que siempre había mamado. Él lo define como “sonidos de licuadora”; mis padres, directamente, como “ruido” 🙂
¿Cómo es la experiencia de autoproducir un proyecto así? ¿Qué retos has encontrado y qué te ha enseñado este proceso?
Cuando bailaba y competía, hacía los arreglos y mixes para las coreografías. Pensaba que esa inquietud acabaría en una cabina con una mesa de mezclas, pero terminó llevándome a una mesa MIDI y un DAW. Dar con el trabajo de Blu Boi y su enfoque en el sound design fue clave, me empujó a confiar ciegamente en mi visión y a trabajar con las herramientas que tenía para llevarla a cabo.
Hasta entonces, lo que hacía era explicar de la mejor manera posible lo que tenía en la cabeza a los productores con los que colaboraba. Aunque el resultado me gustaba, siempre sentía que faltaba algo que me pedía más control. En Bull Terrier me he metido de lleno en la producción, y aunque visualmente sigo dirigiendo todo, esta vez también he podido asumir más peso en lo musical. De hecho, hay temas en los que solo he contado con el ingeniero como último paso técnico. Es, sin duda, mi trabajo más completo hasta la fecha.
¿Hay alguna imagen, frase o sonido de esta etapa que sientas que te define especialmente? Algo que sea núcleo de esta nueva era.
Más que una imagen o una frase concreta, creo que todo el universo de Bull Terrier es clave para entender a Villorox. No habito esta actitud constantemente, ya me gustaría, pero sí siento que con este proyecto mi personaje se ha presentado en su forma más primitiva. En este proceso me he permitido crear sin límites, tanto verbal como identitariamente.
Una de las cosas más importantes ha sido cómo me ha hecho reflexionar sobre mi expresión de género. Habitar esta energía salvaje e instintiva me ha permitido mostrar una parte de mí que siempre ha estado ahí, pero que quizás no estaba preparado para enfrentar hasta ahora. Por eso también siento que Bull Terrier podría haber sido incluso mi primer proyecto, pero necesitaba llegar a este punto para estar listo.
¿Qué te inspira visualmente? ¿Hay referentes estéticos o simbólicos que atraviesan tu universo artístico?
Me inspira todo lo que viene desde la verdad, la identidad y la disidencia. Siento una atracción muy fuerte por las escenas nicho, de cualquier tipo, se me quedan archivadas en el subconsciente, y cuando llega el momento de crear, vuelven a mí. Trabajo desde ahí, desde esa especie de sincronía donde empiezo a conectar referencias y conceptos que, aunque vengan de mundos distintos, siento que tienen algo en común.
¿Qué le dirías a tu yo de 15 años si escuchara hoy BULL TERRIER por primera vez?
Le diría: “Por supuesto.”
Es exactamente lo que soñaba con hacer a esa edad. Bull Terrier es fiel a quien quería ser, a mis gustos, a mis referencias, a mi manera de ver el mundo y expresarlo. Todo lo que hago hoy sigue teniendo presente a mi niño interior, en realidad, todo esto es por él. Porque lo imaginé y lo deseé. Ahora solo estoy cumpliendo con lo que tenía que pasar.
¿Qué te gustaría que sintiera alguien que pone play a esta mixtape por primera vez? ¿Cuál es la emoción o mensaje que te importaría dejar?
Que le pertenece, que la he hecho adrede para que en ese momento se adueñe de la calle y marque la andada al ritmo del bpm. Que coja lo que necesite. En muchas ocasiones no nos damos permiso para reconocer nuestro yo verdadero, para dejar salir esas partes que, por presión del entorno, escondemos o silenciamos. Este proyecto también va de eso, de dar espacio a esas inquietudes internas, sanas y anárquicas, que solo quieren jugar. Y si tu forma de hacerlo es con un pelucón 35 inch, un ojo negro y un diente dorado…yo de ti me lo miraría.