TATÍN MURIEL
En piscis30 habláis de la derrota casi como un lugar desde el que construir. ¿En qué momento dejaste de intentar “ganar” para empezar a entender que perder también podía ser una forma de identidad?
Cuando sentí que no podía ofrecer más que eso.. Me acababa de mudar a Madrid y la realidad en esta ciudad es muy diferente a la idealización que haces desde tu hogar. A partir de ese momento, volver se convirtió en un error y quedarme tampoco estaba siendo un acierto, así que solo pude ponerme a crear para poder gestionar todo eso.
El proyecto respira ironía, sátira y cierto humor incómodo. ¿El humor es una herramienta para suavizar lo que duele… o para poder mirarlo de frente sin romperse?
Creo que en ciertos momentos reírse es lo más serio que uno puede hacer por sí mismo. Yo creo que el humor no evita que te rompas, pero sí ayuda a recomponerse más rápido. En la situación en la que me encontraba emocionalmente sentía que lo único que me quedaba era sanar y quería hacerlo rápido. Así que reírme de toda la mierda me ayudó muchísimo.
Hay una crítica clara a esa escena llena de “triunfadores”. ¿Sientes que hoy en la música (y en la vida) se nos exige aparentar éxito constante aunque no sea real?
Creo que el éxito es la misma utopía que la palabra o el concepto paraíso. ¿Cuándo se alcanza cualquiera de los dos? Cuando uno lo decide, realmente. Parece que hay estándares de éxito: buen coche, buen trabajo, seguidores, popularidad… igual que de paraíso: Maldivas, el Caribe, Hawai… pero esos solo están impuestos y muchas veces, sí, queremos entrar en la rueda y alcanzar ese coche que nos han dicho que tenemos que querer y hacernos la foto en esa playa que ya está tan abarrotada que se aleja mucho de lo que debería ser el paraíso. Y claro que yo he caído (y sigo cayendo en todo eso) pero luego me doy cuenta que se trata de momentos: estar respondiendo estas preguntas para vosotros dando visibilidad a mi trabajo ya es un éxito para mí, e irme a mi casa y dar un paseo con mis perros por el Aljarafe de Sevilla es el paraíso para mí.
Las canciones tienen algo muy íntimo, pero también muy performático. ¿Dónde está el límite entre el personaje y la persona en Tatín Muriel?
Quizás ese haya sido el mayor ejercicio de honestidad en este proyecto. Asumir que ese ‘antihéroe’ o ese ‘outsider’ no estaba tan lejos de lo que yo era en ese momento. Lo atrevido vino después, cuando había que presentarlo al público y sentirse orgulloso, pero orgulloso de verdad, de haber fracasado por completo. Pero, afortunadamente, creo que cualquiera puede verse identificado, sino ahora, en algún momento de su vida.
El imaginario visual del proyecto es muy cuidado, casi cinematográfico. ¿Qué papel juega la estética en lo que cuentas: acompaña el discurso o lo construye?
Creo que la estética habla tan o igual de fuerte como la música. Al final vivimos en un mundo rápido e instantáneo y si no te entra por el ojo, no le das al play y la luz viaja más rápido que el sonido, así que por ahí vas a llegarle antes a cualquiera. El mérito de llevar al terreno visual lo que quería contar con las canciones es de @tonini.rar y @alejandraamere que se comieron un año de reuniones conmigo capitaneando la dirección creativa, escuchando demos, ayudándome a decidir, incluso, qué temas entraban en el disco o no y aterrizando todo lo que yo quería plasmar.
En temas como “el día que me faltes” hay una sensibilidad muy directa. ¿Cómo decides cuándo una emoción ya está lista para convertirse en canción?
Sin ‘EL DÍA QUE ME FALTES’ no habría disco, ni proyecto ni nada. Toda la situación emocional de agorafobia y depresión por la que estaba atravesando, al contrario que a otros artistas, me impedía componer. Lo intentaba eh, pero no salía nada y un día explotó en esa canción. A partir de ahí nacieron el resto de canciones. Así que realmente no es una decisión que tome yo, al menos de manera consciente.
El disco habla de salud mental desde un lugar ácido y caricaturesco. ¿Crees que reírnos de nuestras propias miserias puede ser también una forma de sanarlas?
Creo que solo somos capaces de reírnos de aquello que tenemos lejos y que cuando nos toca de cerca nos cuesta más. Si cambiamos el enfoque y nos reímos de lo nuestro creo que conseguimos darle distancia, o al menos así me ha funcionado a mí.
Hay una mezcla de referencias muy contemporáneas con algo casi atemporal en el sonido. ¿Sientes que estás dialogando más con tu presente… o con algo que llevas arrastrando desde hace tiempo?
Creo que soy un nostálgico en lo que a música se refiere. Me gusta lo antiguo y soy de esos que piensa que antes se hacía mejor música. Disfruto de lo que sale actualmente y hay proyectos que me encantan, pero el grueso de mis influencias vienen de antes de los 90s. Aún así también soy un enamorado de lo que me sorprende y lo que no me espero, así que me muevo a caballo entre esa nostalgia y la experimentación.
En el proceso de crear este proyecto, ¿qué ha sido más difícil: exponerte o entender realmente lo que querías decir?
Creo que lo más difícil ha sido entender que aquello que quería decir es lo que tenía que decir. Creo que el público aprecia la genuinidad y la autenticidad y, sobre todo, la percibe aunque no conozcan tu vida. Y ya no solo por el público, sino también por mí mismo. Me merecía un espacio donde alguien me dijera ‘Estoy orgulloso de ti. Lo estás haciendo fatal, pero lo estás intentando’ y por fin conseguí que ese alguien fuera yo mismo.
Si alguien escucha piscis30 dentro de unos años, ¿qué te gustaría que entendiera de este momento vital y de la forma en la que estabas mirando el mundo?
Si pienso en mí mismo, he hecho este disco para salir adelante y entenderme a mí mismo, y lo he conseguido. Pero si tengo que pensar en quien lo escuche, ya sea ahora o más adelante, no necesito que lo entienda, pero sí me haría inmensamente feliz que le sirviera. Si está pasando por un momento de mierda y alguna de mis letras o melodías o videoclips le hacen sentirse identificada/o o le sacan una sonrisa, entonces he dejado algo positivo en el mundo.