SISSIE
Llegaste a Madrid dejando atrás tu país, tu familia y hasta tu piano. ¿Desde qué lugar emocional estás creando ahora mismo?
Ahora mismo estoy creando desde la curiosidad. Estoy permitiéndome ser más libre y experimentar desde un lugar más consciente, siento que todo el tiempo me estoy re-descubriendo, eso me mantiene intrigada y con ganas de aprender más y más.
Tu EP para el lugar que me vio crecer nace de la migración, pero no desde el resentimiento. ¿Cómo se escribe una carta de amor a un sitio que ya no habitas?
Desde la memoria. En Ecuador nací, crecí, besé por primera vez, lloré, abracé. ¿Cómo no escribir desde el amor al lugar que me vio vivir? Aunque por ahora no esté físicamente allí, sigo emocionalmente conectada, todo el tiempo.
En para la niña que un día fui dialogas con tu yo de 10 años y con tu adolescencia marcada por la duda y la comparación. ¿Qué parte de esa niña sigue viva en tu forma de escribir hoy?
Creo que la vulnerabilidad y, ojalá también que el acto de sorprenderme siempre viva dentro de mí. Para crear necesito sentirme vulnerable, desnuda y al mismo tiempo necesito ese impulso de asombrarme por cosas del día a día. Cuando uno es pequeño se sorprende por cosas minúsculas, cuando creces, pierdes ese hábito. Desde que empecé a ser más consciente de eso, empecé a prestar incluso más atención.
Muchas personas interpretan esa canción como una historia de amor, aunque tú hablaste después de dependencia emocional. ¿Qué sientes cuando una canción deja de pertenecerte del todo?
Hay canciones que nacen con un significado muy concreto y que, a medida que creces y aprendes cambia la forma en la que las miras. Me acuerdo del día en el que hice “ganamos baby”, dije: “pero es que es la canción de amor más linda que he escrito” y después de meses, un día, analicé la letra y me pregunté: ¿Canción de amor o de dependencia emocional? Aunque, claro, al final, la canción tiene un significado propio para cada oyente y para mi, eso es lo que realmente cuenta.
Definirías tu sonido como “pop no tan pop”, siempre abierto a desviarse y mezclar géneros. ¿Qué te permite esa indefinición que no te daría un sonido más cerrado?
El ser humano es cambiante, y en lo personal me gusta nutrirme de música distinta a la que escucho habitualmente, ver películas de géneros a los que no estoy acostumbrada y leer libros que no tienen relación con lo que he leído antes. Todo eso me mantiene inquieta, con ganas de aprender y experimentar. Hago pop, pero el pop es muy amplio; por eso prefiero pensar que es pop, pero no tan pop, o incluso dejar que quien me escuche sea quien le ponga la etiqueta a lo que hago.
Oda a mi piano nace desde la ausencia: sin instrumento, grabando loops de voz en el móvil. ¿Qué te enseñó ese límite forzado sobre tu manera de componer?
Siempre he creído que mi piano es mi compañero y que con él nacen las melodías más bonitas. Sin embargo, tenerlo lejos y hacer música sin él ha hecho que de forma forzada haga una introspección. En esa introspección descubrí que las melodías me son dadas a mí y, si mi piano no está cerca se manifiestan de otra manera, pero nacen de mí.
En canciones como el diablo o ganamos baby abordas historias familiares, trauma y miedo desde un lugar simbólico, casi narrativo. ¿Cómo decides desde dónde contar una historia para no quedarte atrapada en ella?
Siento que nuestras vivencias siempre quedan atrapadas en algún lugar de nuestro ser en forma de emociones. Algunas nos causan alegría, gozo, otras melancolía, nostalgia, tristeza o rabia. Aprender a identificar cuáles sí deben quedarse y cuáles no es clave. Si pesan es porque necesitan ser verbalizadas y al ser verbalizadas encuentran su lugar en el mundo, fuera, ya no en nuestro pecho.
Has participado en song camps, concursos internacionales y ahora formas parte de La Academia Latina de la Grabación. ¿Cómo conviven la industria y lo íntimo dentro de tu proyecto?
Siento que todo avanza rápido, muy rápido para mi gusto. A mi me encanta estar atenta de lo de afuera, siempre escuchar y descubrir nueva música, disfrutar de los proyectos de mis colegas y empaparme de las novedades de la industria de la que formo parte. Sin embargo, al momento de componer todo eso se apaga para mi y ahí mi único cometido es soltar de la forma más honesta lo que mi voz y mis manos necesitan transmitir.
Eres parte de una generación de artistas migrantes que crean lejos de casa. ¿Qué cosas crees que solo se pueden escribir cuando una se va?
Siento que cuando uno emigra, cambia mucho en muy poco tiempo y, con ese cambio vienen las contradicciones y la sensación de pérdida de identidad. Me da miedo volver y sentir que ya no encajo del todo con lo que solía conocer, creo que ese miedo es compartido por muchas personas migrantes.
Si dentro de unos años vuelves a escuchar este EP, ¿qué te gustaría que esa Sissie del futuro entendiera sobre la persona que lo escribió?
Para mi el EP es una declaración de amor: hablo con amor hacia mi país, mis versiones anteriores, mi piano, hacia todo lo que me ha traído hasta acá. Siento que mantener esa mirada llena de cariño y agradecimiento es muy importante. Espero que la Sissie del futuro esté en un lugar mejor en todos los sentidos y que, cuando mire hacia atrás mire con ternura.