SEXENNI

El proyecto nace en el instituto, casi como un juego entre amigos. ¿En qué momento dejasteis de jugar… y entendisteis que lo que estaba pasando ya era algo serio?

Creo que hay un momento en el grupo donde progresivamente nos vamos dando cuenta que lo que hacemos gusta a la gente y les hace sentir bien. Quizás el primer tema con el que lo notamos de forma muy clara fue en 2021, cuando sacamos El Puma, ahí vimos claro que el siguiente paso era hacer un disco (lo que acabó siendo Retrats). Con esa canción pasamos de ser el colega que cuelga temas a Spotify por los jajas a ser un grupo que la gente escuchaba de forma no irónica y que las canciones que hacíamos empezaban a gustar.

Vuestra música respira humor, ironía y referencias generacionales muy concretas. ¿Sentís que hacéis canciones para una época… o que intentáis retratar algo que va más allá de vuestra generación?

El continente quizás es más caduco, pero el contenido acostumbra a ser bastante atemporal. Evidentemente, jugamos con muchas referencias contemporáneas en nuestras canciones: Rosalía y Bad Bunny en La Faràndula, Riqui Puig en Sarrià Boy o Aliança Catalana en Josep Maria, y aunque quizás en un tiempo nadie los recuerde, por gracia o desgracia, las fiestas mayores, los pijos o los fachas son algo atemporal.

En vuestros conciertos conviven celebración y crítica social. ¿Cómo encontráis el equilibrio entre hacer bailar y, al mismo tiempo, decir cosas incómodas?

Creemos en nuestra función política como artistas e intentamos aprovechar para, de vez en cuando, decir cosas que nos puedan parecer útiles. Eso sí, tampoco nos gusta ir de legendarios o de moralistas: en el fondo de nuestro espíritu somos un grupo fiestero que también nos gusta reflexionar o ser un poco cabroncetes.

Habéis pasado muy rápido de los ensayos en el instituto a salas y festivales grandes. ¿Qué parte de vosotros intentáis proteger para que el crecimiento no os cambie del todo?

Muy rápido es una descripción que se nos hace un pelín rara: estos siete años parecen tanto una eternidad como un suspiro. Hemos vivido en una vorágine de cambios en la que empezamos siendo estudiantes del bachillerato tecnológico y ahora estamos todos graduados, trabajando de alguna cosa o terminando un máster, hemos cambiado de carrera, algunos también han cambiado de pareja, otros seguimos solteros… La gran suerte que creo que tenemos es que seguimos siendo las mismas personas y seguimos rodeados de los mismos amigos (algunos incluso los hemos contratado de roadies!). Un buen amigo sabe decirte rápidamente cuando te estás volviendo un gilipollas o estás perdiendo tu esencia.

‘Només Música!’ apuesta por algo casi contracultural hoy: dejar que hablen solo las canciones. ¿Fue una decisión artística, una reacción al ruido promocional… o una necesidad personal?

Un poco de todo… Tampoco queremos ir de puretas o de criticones de las redes sociales, simplemente pasa que lo que al final nos interesa de todo esto es juntarnos para hacer canciones. El resto, en mayor o menor medida, son daños colaterales, así que decidimos priorizar dedicar tiempo a lo que nos gusta.

El EP está atravesado por colaboraciones muy distintas entre sí. ¿Qué habéis descubierto de vuestra propia identidad al compartirla con otros artistas?

Creo que se nos da muy bien hacer colaboraciones porque tenemos una buena capacidad de encontrar un punto medio entre nuestro rollo y el del artista invitado. Nunca nos ha gustado esto de que alguien se tire unas barras y se pire, nos gusta que las colaboraciones sean un esfuerzo conjunto. Además, trabajar con otros artistas siempre es un aprendizaje brutal.

‘Josep Maria’ introduce una crítica política directa desde el sarcasmo. ¿Creéis que el pop todavía puede ser un espacio real de posicionamiento político?

Evidentemente, sea de forma más directa o menos directa siempre intentamos que haya una cierta intención en aquello que hacemos. En este caso vimos que dos cosas que nos unían con Svetlana eran el sarcasmo y la repulsa más absoluta hacia la extrema derecha… A partir de aquí fue todo muy sencillo.

Vuestra música genera momentos colectivos muy intensos en directo. ¿Qué sentís cuando una canción deja de ser vuestra y pasa a pertenecer al público?

Emoción, mucha emoción. Al final de esto va el Pop, no? De conmover al personal, de hacerlo bailar, reír, llorar, pensar…

Todo en Sexenni parece moverse entre la ligereza y la profundidad. ¿Os preocupa que se os lea solo desde la fiesta y no desde lo que hay debajo?

Moderadamente, creo que la gente empieza a pillarnos el rollo, especialmente desde Joc de nens (nuestro pasado disco) donde creo que fuimos muy intencionales con esto. Creo que el equilibrio entre masividad y calidad, ligereza y profundidad, abasto y elaboración… Aquí está la clave, creo que esta es la gran pregunta del Pop.

Si dentro de diez años alguien vuelve a escuchar este EP, ¿qué os gustaría que encontrara en él: nostalgia, verdad… o simplemente energía viva?

No sé cómo lo verá el público (quizás tengo una visión muy ególatra), pero a mi me gusta ver cada uno de nuestros discos como una instantánea, una captura que relata en qué momento están las vidas de 6 chavales de Lleida que se juntan para hacer canciones. Al final, la historia de este grupo es la historia de nuestra vida.