RUVENRUVEN

Tu primer LP Plastic Boy nace de la idea de las tres caras del ser humano. ¿Cómo surgió ese concepto y en qué momento supiste que querías construir un disco entero alrededor de él?

Fue algo que aparece como consecuencia del proceso de creación del disco. Yo compongo produciendo, y en los primeros pasos, cuando estaba haciendo demos, andaba muy metido en usar técnicas de producción experimentales. Jugaba a coger materias primas y destruirlas para crear cosas nuevas. Al principio, yo no tenía claro que eso iba a resultar en hacer un LP, ni tampoco de qué trataría. Pero ahí, mientras hacía demos y las usaba como excusa para probar, me di cuenta que estaba aplicando muchas técnicas de producción en las que las grabaciones se acaban transformando en cosas totalmente diferentes, que no eran en origen lo que parecían como producto final. A partir de esa idea, veo una conexión con comportamientos, personas, etc… y se me ocurre plantear una analogía entre el concepto, las letras y las técnicas de producción musicales. A partir de ahí surge el personaje de Plastic Boy, las capas de la persona, etc…

Has trabajado con artistas como Xenia, Vez Era o Chloes Clue, pero con RUVENRUVEN decides salir al frente como intérprete. ¿Qué cambió dentro de ti para dar ese paso?

Aunque trabajo como productor y lo disfruto muchísimo, yo llevaba tiempo tocando con artistas en directo y haciendo mis propias canciones. Aunque fuese una idea que me gustaba, nunca había sentido que fuese el momento de sacar mis temas, y tampoco sabía si era capaz de hacerlo. Esa duda es la que me empuja, como un reto digamos, a intentarlo. Cuando produces, y aunque lo amo, rara vez partes de cero, siempre hay un embrión o idea que te llega, y a partir de ahí desarrollas. Aquí, en este proyecto, soy yo quien genera el embrión y eso es nuevo para mí.

Estudiaste en Berklee, pero tu música suena muy lejos de lo académico. ¿Cómo has encontrado el equilibrio entre lo técnico y lo visceral?

Tuve la suerte de poder estudiar en Berklee gracias a unas becas y quizás por eso, aproveché cada minuto ahí. Estaba siempre en el estudio probando cosas. Yo ya llevaba un tiempo produciendo, y quise aprovechar ese año para expandir lo que sabía y hacer cosas fuera de lo convencional, o de lo que yo pensaba convencional. Es verdad que en esta uni conoces a peña muy top, y algunos de ellos, como Simone Tanda o Marta Verde, estaban muy en el camino de la experimentación. Al final el equilibrio para mi viene por fases. Cuando estoy creando soy muy visceral e intento no pensar en que sería lo correcto si no en qué me suena interesante. Cuando mezclo, por poner un ejemplo, sí que tengo en cuenta ese factor técnico y me paro más. Quizás está ahí, en afrontar la misma canción desde roles diferentes.

En tu sonido hay glitch, R&B, electrónica, un poco de oscuridad y un poco de ternura. ¿Cómo armas ese collage sonoro y qué te guía al componer o producir?

Son sonidos por los que me siento atraído cuando escucho música y también cuando la compongo. Al final en el proyecto de RUVENRUVEN tengo toda la libertad de hacer lo que me apetece, y aunque me encanta el pop, el r&b y mi música suena a eso armónica y rítmicamente, me gusta que texturalmente sea innovadora. También hay un punto que es clave en ese collage y es que intento comunicar algo con las canciones, puede ser un feeling propio o una idea, pero sea lo que sea me gusta hacerlo no solo con la letra, si no con los arreglos, la composición y la producción.

Has dicho que Plastic Boy habla también de cómo nos comunicamos en lo digital. ¿Qué relación tienes tú con las redes y el yo que proyectas en ellas?

«Plastic Boy» representa una construcción, una primera cara de la persona, que también se puede llevar al ámbito de lo digital. Al final en las redes estamos constantemente generando un discurso y mostrando una construcción, a veces similar a la realidad y otras no, pero no menos válida. Es un filtrado de lo que queremos que los demás vean. Siempre he sido bastante consciente de esa “plastificación” de nuestro yo. Lo sigo haciendo, es tontería decir que no lo hago, cuando comunicamos, manipulamos, sea deliberado o no. Lo que sí que ha sido importante para mí es ser consciente de que todo el mundo hace ésto y poder tener así una relación más sana con el entorno liberalista en el que se generan esas proyecciones.

Tienes una puesta en escena muy cuidada, incluso en los AV shows. ¿Qué importancia tiene para ti lo visual en tu propuesta musical?

Al final yo estoy intentando contar algo, y me voy a ayudar de todo lo que esté a mi alcance para hacer llegar el mensaje. Lo visual es tan importante como lo sonoro. Cuando produzco, intento crear un universo estético y acompañar a la narrativa del artista con la composición y la producción. Es lo mismo con lo visual. He tenido la suerte de contar con la ayuda de Xenia Rubio e Nacho López Cavero para las portadas y vídeos, y luego con la gente de Tatuaje para el merch y los visuales del AV show, y contar con gente que entienda lo que quieres proyectar y te ayude, solo enriquece.

¿Cuál fue la canción más difícil de producir del álbum y por qué? ¿Alguna que te costó soltar?

Yo diría que La Luz, que fue también la última. Es una canción que recuerdo estancada, tenía un hook, un beat y un estribillo, pero no conseguía terminarla. Se la enseñé a Martyna (MIN t), que estudiaba conmigo y pensamos que sería guay probar. Cuando me enseñó los versos que se había sacado, me di cuenta de que MIN t la había desbloqueado y que la canción merecía la pena.

Del estudio al escenario: ¿cómo vives el directo? ¿Qué cambia cuando pasas de lo digital a lo físico?

Siendo sincero, al principio era un poco raro estar como persona al frente del proyecto en el directo, pero le he cogido el gusto y ahora mismo quiero hacerlo cuanto más mejor. Además, estos últimos shows voy acompañado por batería y bajo y eso le da una energía al directo más grande. En el plano físico hay un espacio compartido con la audiencia y con el resto de la banda, hay errores, sinergias y la oportunidad de crear una conexión emocional in situ. Creo que eso es lo que cambia, estoy ahí, y puedo contarte la movida de tú a tú.

Muchos artistas emergentes creen que tienen que elegir entre el underground o el mainstream. Tú no reniegas del pop, ¿cómo convives con esa dualidad?

Al final, a mi me encanta el pop, me gusta cantar la melodía de turno o bailar con un bombo a negras. Quizás a otra persona no le guste, pero a mí sí. También me gusta la música que innova, que aporta algo nuevo y que va más allá de lo “evidente”. ¿Por qué no coger las cosas que me gustan de ambos mundos?

¿Qué consejo te habría venido bien al empezar este proyecto y qué le dirías hoy a alguien que quiere lanzar su primer álbum sin perder su identidad?

Me habría venido increíble que alguien me dijese lo rápido que se consume la música hoy en día y lo frío que se puede sentir un lanzamiento. En algunos momentos he podido sentir que una canción era “vieja” tres días después de lanzarla. Aprendes que tienes que seguir a la tuya, haciendo temas que merezcan la pena y no darle demasiada importancia. Todo llega.