PAOLA VILATELA

En tus canciones conviven la nostalgia, la ironía y una sensibilidad muy luminosa. ¿En qué momento sentiste que tu lenguaje artístico empezó a tomar forma propia?

Creo que mi lenguaje apareció cuando dejé de intentar encajar y empecé a escribir exactamente lo que sentía a través de las metáforas y de mostrar mi honestidad. Siempre he sido de frases largas y de buscar matices. De hecho mis canciones son para escucharlas dos veces, para procesarlas.
Con el tiempo he entendido que esa mezcla tan mía — nostalgia, ilusión por las cosas bonitas, ironía para sobrevivir y una sensibilidad muy luminosa — podía convertirse en un universo propio.
Así nació mi estilo: pop rock emocional, honesto, cotidiano y con ese toque de humor que siempre me salva.

Eres de Valencia, una ciudad que mezcla luz, ritmo y mucha vida cotidiana. ¿Cómo ha influido ese entorno en tu forma de contar historias y mirar las emociones?

Valencia me ha enseñado a mirar la vida con calma y con luz. El mar, los amaneceres, los cafés en la terraza, los rayos de sol de enero… todo eso me ha hecho valorar lo pequeño y cotidiano. Y es que con estas pequeñas cosas, la vida se siente cercana y real, y me siento muy afortunada. Creo que por eso mis canciones hablan de emociones que podrían pasarle a cualquiera en una tarde de verano o en un paseo cualquiera por la ciudad. La ciudad me ha dado esa mirada sencilla, agradecida y cercana que está en mis canciones.

“La química de la felicidad” reúne cinco etapas emocionales. ¿Cuál fue el primer impulso que te llevó a convertir tus vivencias en un mapa químico de la alegría?

Escribí estas canciones sin pensar en un concepto, solo necesitaba sacar lo que sentía. Pero viéndolas en conjunto entendí que cada una tenía una emoción muy concreta: adrenalina, calma, ilusión, nostalgia, alegría. Y todas tienen algo en común: una visión positiva respecto a la vida. Ahí vi que, sin querer, había creado mi propio mapa emocional. Mi química de la felicidad. Y así nació el EP, cuando entendí que todas mis vivencias estaban unidas por lo mismo: esa búsqueda de motivos por los que merece la pena vivir incluso en los días difíciles.

Currículum de Tinder nace de una historia real convertida en ironía. ¿Qué te movió a transformar una decepción en un tema pop rock que, en el fondo, empodera?

La necesidad de reivindicar que no busco lo efímero.
La canción habla de ese cansancio de conocer a gente sin paciencia, sin compromiso, sin ganas de profundizar. No es una historia concreta, es la suma de muchas.

Usar la ironía me permitió convertir esa frustración en algo liberador.
“Currículum de Tinder” es decir: yo sé lo que doy, y merezco lo mismo. Y cantarlo con una base muy rumbera, con guitarras eléctricas, palmas y a todo pulmón, transforma la decepción en un grito de empoderamiento.
No soy una persona explícita y en esta canción no hablo de Tinder ni de ninguna red social en concreto, pero quería ser un poco “disruptiva” y transmitir que este tipo de apps te hacen sentir como un catálogo, se pierde la humanidad, y quería que impactara simplemente con el título.

Has dicho que reírse de lo que duele también es una forma de sanar. ¿Qué lugar ocupa el humor en tu manera de hacer música y de atravesar las relaciones?

Para mí, el humor es una forma de supervivencia emocional.
Cuando hablo de responsabilidad afectiva o de expectativas que no se cumplen, no lo hago desde el enfado, sino desde esa ironía que te permite tomar distancia y sanar.

Reírte de lo que dolió es una manera de recuperar el control. En mis canciones, el humor abre una ventana de luz: te permite decir verdades sin que pesen tanto.

En contraste, “¿Te acuerdas?” es una carta suave al pasado, sin rencor. ¿Qué te hizo escribir una canción que celebra los recuerdos bonitos incluso cuando la historia ya terminó?

Me apetecía hablar del pasado desde el cariño. “¿Te acuerdas?” nace de la idea de que una historia puede terminar, pero los recuerdos bonitos siguen siendo válidos.
Es una carta sin reproches, una forma de agradecer lo que fue. Ahora mismo, como artista, me emociona ese equilibrio entre nostalgia y paz: mirar atrás sin dolor, reconociendo que esos momentos también te construyeron.

Estas últimas semanas, con que llega la navidad, y con que empezamos a hacer una evaluación del año, esta canción me ha llevado a recordar a todas las personas que me han hecho el año más sencillo, momentos que me han hecho reír, viajes que he disfrutado… la vivo desde otra perspectiva y creo que esa es la magia de la música: que cada uno le da un significado.

El pop rock suele ser directo, visceral. ¿Cómo cuidas tu sensibilidad en un entorno creativo tan expuesto, donde todo pasa rápido y se opina aún más rápido?

He aprendido que cuidarme también es crear. Me apoyo mucho en mi círculo cercano, en la gente que cree en mí y con la que puedo ser totalmente yo.

Este año, además, he empezado a reconciliarme con el escenario. Me daba pánico, pero “Mi grupo favorito” nació justo para eso: para recordarme por qué hago música y volver a mí misma cuando estoy temblando de miedo. Y puedo decir, muy orgullosa, que es una lucha que estoy ganando. En mis últimos conciertos me he desvivido y la emoción le ha llegado al público.

Por otra parte, intento no dejarme llevar por la velocidad de la industria. No todo lo que escribo tiene que ser perfecto. Este año quiero seguir formándome, volver a clases de piano y profundizar. Me gustaría poder hacer conciertos sola con mi piano así que es mi objetivo para el año que viene. Para mí, hacer música es un acto de verdad, no una carrera.

En tus canciones el cuerpo aparece como emoción, impulso, memoria. ¿Qué papel juega el cuerpo en tu proceso creativo? ¿Es brújula, archivo, motor…?

El cuerpo es mi brújula. Cuando algo me aprieta el pecho, cuando tiemblo o sonrío, sé que ahí hay una canción. Compongo desde esas señales físicas antes incluso de entenderlas.

“Como una caricia” nació justo así: Yo me había enamorado hasta las trancas; no salió bien, y eso me rompió el corazón. Donde había una herida, el tiempo lo sanó y pude volver a abrir el corazón cuando creía que no podría hacerlo. Ese proceso me enseñó que incluso el dolor más agudo te da fuerza y que siempre se puede salir adelante. Me hizo muy resiliente darme cuenta de esto. Y sobre todo, la ilusión, esperanza y calma cuando te das cuenta de que el amor está en ti y que puedes volver a sentir.

Cada vez más gente conecta contigo porque nombras cosas que todxs vivimos. ¿Te reconoces ya como referente para quienes empiezan desde circuitos pequeños, desde ciudades que no son “el centro”?

Vengo de una ciudad donde todo se hace a fuego lento y sé lo que cuesta abrirse camino sin recursos. Si mi propio camino sirve para animar a alguien que empieza, me haría muy feliz!!

No sé si soy un referente, pero sí sé que si otro artistas pequeño necesita un consejo o saber mi experiencia, me encantaría compartirlo y aprender de otras experiencias. Porque entiendo el vértigo, la duda y el esfuerzo de hacerlo todo a la vez: crear, grabar, escribir, promocionar, hacer conciertos, mover redes… mi cabeza nunca para.
Si alguien necesita apoyo, aquí estoy.

Si pudieras escribir una frase en una pared blanca, para quien la lea sin contexto, ¿cuál sería tu mensaje ahora mismo?

“Porque la vida pierde su gracia si no te arriesgas a perder el juego”

Es lo que me repito cada día y lo que define esta etapa: arriesgar, sentir, equivocarse y seguir adelante (es una de las frases de “Sinceramente yo”, mi primera canción).