OTROCHICOSERIO

Han pasado cuatro años desde que empezaste este álbum. ¿Qué te enseñó crear sin prisa, sin mostrar casi nada, en un mundo que pide inmediatez?

No mirar el plato de otro. No hay nada ni a izquierda ni a derecha, ni delante ni detrás mío. No compito contra nadie.

Por otro lado, no dependo ni económica ni laboralmente de mi música  (mi proyecto personal digo, no los que realizo por encargo para otros interesados), somos independientes y nos lo montamos para tirar con lo vinculante en su justa medida a una distribuidora y editorial que nos permita esta libertad en la creación y sus tiempos, y la ayuda para distribuir y hacerla llegar.

Entiendo quienes tienen esta preocupación con un contrato vinculante por medio, o los que trabajan incansablemente para lograrlo (ese contrato) porque están accediendo a un negocio, y su música es parte fundamental de ese puesto ambulante. El punto es, como comentas con imperante acierto, que los tiempos de atención y consumo han y están cambiando, ahora el mercado y sus clientes demandan más y más y más… y si no lo das parece que estás fuera… pero recuerda: estás fuera de un segmento (grande) que está reconociendo que te olvidará rápidamente, tienes la opción de no hacerlo también. Aunque si vives de ello entiendo que estés (disculpa la expresión) cagando fuego por llegar. Pero no esperes hacer algo comparado a lo que hacemos aquí, ni te lo plantees.

Estas exigencias artísticas y creativas en mi música lógicamente demoran la realización de las piezas… pero como no llego tarde a nada ni para nadie pues… exquisita libertad. Aunque la intro de uno de Lechowski decía “¿Podrías escribir en paz? – Nadie que escriba algo que merezca la pena puede escribir en paz” (ríe)

Por el momento el sustento me lo dan mis creaciones audiovisuales, mi empresa y sus negocios, en los que pienso y ejecuto en base a como se comporta el mercado, solo que imponiéndonos un baremo artístico, creativo y de calidad medianamente elevado. Y digo medianamente porque lo aplicamos (creo) en la medida necesaria para, ni bien quedarnos sin comer al final de mes (jeje) ni estar amargado por estar haciendo tremendos chozos sin pies ni cabeza. 

El juego de equilibrio en esa balanza es el ejercicio continuo, eso también es artístico. El arte de vender y hacer pensar. 

Lo que ganamos lo usamos para vivir (o sobrevivir) y para invertirlo sin miedo a la música, y creo que esta amalgama de puntos da por resultado una libertad que te permite respirar al ritmo de tu obra (ojo, sin procrastinar. Perezosos)

Entre Cuando se Hundieron las formas Puras y Los restos del Pasar, has consolidado tu nombre en el cine. ¿Qué te aporta el lenguaje cinematográfico a la hora de construir tus canciones?

Desde que escuchaba a mis referentes musicales el cine era algo que estaba en su ámbito y en mi casa no se ha dejado de consumir cine en una dosis más que presumible. Si en mi casa siempre había una buena peli y en la música había samples que pertenecían a bandas sonoras de Fellini o frases que pertenecían a Ciudad de Dios (ejemplo)… ¿qué podía pasar sino esto?

A la hora de la creación para nosotros es súper importante. A día de hoy tenemos como costumbre ir mucho al cine o enchufarnos una buena película de vez en cuando, sin falta. En el cine hay silencios, en nuestra música también. Hay tensiones y en lo nuestro también. Hay dramas, alegrías y emociones mezcladas, en lo nuestro también. Hay cine desde la estructura de un único tema hasta la narrativa de un proyecto más largo. 

Si ves la cantidad de dvds y películas que llevé a nuestro último retiro creativo te echas las manos a la cabeza. Armado hasta los dientes.

Mi música tiene que ser la banda sonora de esta película a la que llamamos vida.

En tu nuevo single Hallelujah revisitas el mito de Cohen y el Rey David. ¿Qué lugar ocupa para ti esa mezcla entre amor, fe y redención en tu obra?

Complejo. Difícil definir mi relación con la fe y la creencia. En una reciente fase de mi vida personal me enfrento a una ruptura que me marca, en un desesperado acto de encontrar consuelo y explicaciones decido irme a las iglesias… a estar en silencio y mirar. La luz que entra por las vidrieras, la calma de quienes van allí…  

Siempre he cargado una cruz (literalmente); el colgante que porto, a este le delego parte del peso de las cosas y problemas que me atormentan. Creo que me autoconvenzo de que funciona, y sabiendo esto no me recrearé en intentar convencer a nadie porque quizás sea un autoengaño. Aunque a mi me funcione, no es trasladable. Pero vamos, que algunos encuentros amorosos son creaciones (casi) divinas, no me cabe la menor duda (ríe)

En una de esas visitas, en mi tierra, encontré un grupo que interpretaba el Hallelujah abrazando su melodía por las paredes del templo y suavizado por el reverb que su arquitectura nos regalaba. Aquí supe que ese tenía que ser mi siguiente paso para empezar a sanar. 

Al final el tema (el mio) habla de perdonar. De perdonar, de perdonarme y perdonarnos. ¿Y qué es lo fundamental para llegar a ese punto? Agradecer lo sucedido, lo ocurrido y lo vivido. ¡Hallelujah! por aquellas personas que se cruzan y dejan el uno en el otro una parte de sus historias. 

Mirándolo así; soy un afortunado. Lo que me llevo vale su peso en oro. Para poder ver el arcoiris has de soportar la lluvia… el tic tac dicta.

Producís entre tecnología digital y analógica, en PKO Studios, cuidando cada textura. ¿Qué encuentras en esa búsqueda de sonido híbrido que no te da lo puramente digital?

No lo quiero romantizar, pero tu voz la pasas por unas máquinas que desprenden calor si te acercas, están quemando, puliendo, procesando y generando cosas en esas ondas de audio. Juan hace unos arroces increíbles en la lumbre, con eso lo digo todo (ríe).

“En PKO nos juntamos cocineros” diría Juan, y esos espacios y aparatos conforman la cocina. Los profesionales que allí trabajan saben que tocar botones hace que te tengas que levantar, volver a sentar, mirar un vúmetro y hablar de valores aproximados (no tantos decimales). Y cuando das al play todo ese trabajo manual hace que estalles junto al clímax, así es como yo lo vivo. 

Allí saben muy bien el valor real y artístico que tiene la música, y este proyecto necesitaba contar con personas que crean ciegamente que, si los autores están vivos, su entorno debe de estarlo. 

En el largometraje “Los Restos del Pasar” Soto y yo hacemos mucho hincapié en nuestra fe en el trabajo y la belleza de “las manos”.

Tu estética mezcla trajes, años 60, pero luego sorprendes con reggaetón, bachata, baladas ochenteras, rap de nicho… ¿Cómo conviven esos mundos en ti?

Buena pregunta. No tengo ni idea de cómo conviven, la verdad. Se a que se debe.

Lo de los trajes; es propio de mi. Pero igual que te se portar un traje, se disfrutar de un buen conjunto chándal. Soto Asa decía “Cuando me puse el Chandital dios lo celebró” y eso va a venir conmigo siempre porque está en mis inicios. Pero mi definición es el traje de sastrería, si. Aunque un buen chándal para mí también es como si fuese un traje. 

Mario Vidal, que se ha encargado de diseñar y confeccionar los trajes más complejos que poseo, será (y estoy leyendo el futuro en directo) uno de los sastres más solicitados por su profesionalidad, técnica y calidad en el resultado, su vertiginoso conocimiento le hace ser una competencia a la que yo tendría miedo de enfrentarme. Va a desbancar a cualquiera de su gremio, aunque como el ya lo sabe, se permite no vivir compitiendo (ríe) 

Respecto a los variados mundos musicales que conviven en mi; la idea inicial era que el álbum hiciera un viaje a la inversa en cuanto a correspondencia temporal; es decir, lo normal en la evolución sería comenzar en el rap, pasar a los sonidos más comerciales como transición a un mundo más BSO, artístico y “creativo”. Pues le dimos la vuelta en la idea inicial, empezábamos con lo más desarrollado y novedoso, al medio le dedicábamos la cabida de lo comercial (reggaeton etc) y terminábamos con el estilo que me parió a mi: el rap. 

Yo por muchos estilos que aborde, soy rapero de raíz y para mí es innegable, lo soy y lo voy a ser, me voy a morir rapper. Pero en la evolución se encuentra el re-descubrimiento de otros palos que han estado sonando siempre en mi casa (baladas españolas sobre todo) y con lo que más ha sonado en mi época universitaria (el reggaeton y el comercial). Esto pues lo aterrizamos y lo mezclamos haciéndolo accesible para mí. 

Creo genuinamente que quizás esos palos tan “vintage” se me dan ahora mismo mejor porque lo he consumido y los consumo el triple que cualquier otro género (escucho muchísima música) y esto hace que los conozca muy bien en cuanto a sonido, color, carácter, Interpretación…

Este álbum tiene 2X temas, casi una película sonora. ¿Cómo decides qué historias contar en cada canción y cómo encajan dentro de ese viaje más grande?

El álbum es una representación de los diferentes estados del amor;  la etapa del roneo, contando con el desamor, el odio, los celos, el egotrip, las rupturas, los reencuentros y las reconciliaciones, y la aceptación de los caminos por separado (aunque de este último los hay escasos jajaja).

Lo complicado es ordenarlos para darle una forma y una lectura concreta, o quizás una lectura más etérea y libre… en eso aún andamos configurando los lazos.

Tu trayectoria es una combinación entre el reconocimiento cinematográfico y la música en construcción. ¿Qué te ha enseñado a moverte entre esas dos industrias?

La unión, de la que hablábamos previamente, entre estos dos mundos que conviven desde pequeño en mi entorno.

Después de un tiempo de encierro creativo, ¿qué te está removiendo más al empezar a compartir estas nuevas canciones?

Se me acerca una persona y me dice “Todos los días escucho el Hallelujah, está siendo mi banda sonora de esta etapa vital” y otra persona me dice “Aun conservo el CD del tu Álbum del 2018, de vez en cuando me lo pongo en el coche y me acuerdo de esos días” . Soto me dice “¿Recuerdas cuando nos querían pegar por hacer canciones?.  Me conmueve estar haciendo algo que marque un punto temporal en la línea y camino de los míos y de diferentes personas. Creo que trabajo para, en el futuro, mirar con un aluvión de recuerdos el pasado. El zatu decía “Esto no es un combate es un convite” , que la música sea una reunión donde mirar entre todos a tiempos pasados.

¿Qué significa para ti enaltecer la figura de productores y compositores en un mundo tan centrado en el artista frontal?

¿Artista principal? esos artistas no son nada sin los productores, y hoy en día menos aún. P-One es el padre de más de uno de los que hoy le meten increíble, y yo me metí a auto-producirme desde que empecé y eso me ha permitido saber por dónde ir, capitanear mi proyecto, pero ¿sin ellos? Sin ellos es impensable, y reconocer eso es el primer paso para desprenderte de egos peligrosos, que luego te quedas sin alguno de ellos y te pilla de sorpresa verte desnudo y que eres la composición resultante de la dirección de varias manos. 

Sin Juan y su visión de superhéroe, para mi es uno de los mejores productores que tiene este país, por diferentes motivos que están escritos en el idioma de la música, si quieres conocerlos solo tienes que escucharla. La dedicación y su pasión, su curro y sacrificio y sus horas extremas haciendo automatizaciones me hicieron ver que está enfermo por este trabajo. Se desvive por ello.

Sin Gabi y su incansable fuerza para dotar de epicidad a todas las locuras a las que decido lanzarme, sin miedo a sus complejidades, disfrutando con una sonrisa, guitarra en mano y una pua en sus labios. Lo conocí en la carrera y se comía el mundo con sus energías, y a la vista está el resultado de la gente con la que está trabajando.

Conocí a Samu y a día de hoy agradezco en el alma poder juntarme con personalidades como la suya, es una persona que rezuma música real, y que entiende a la perfección las referencias de las que vengo.

Por otro lado Manu, que no le ha tenido miedo a enfrentarse a auténticos retos de partituras y orquestación de piezas que ni en sueños habría imaginado hace unos años. 

O sin la ayuda de Marcos, que ha entrado a darle un punto novedoso al proyecto, pero que directamente lo vincula con esos referentes musicales de la españa de finales de los 70s.  

Me he rodeado de músicos de verdad, y era imposible que saliera algo malo de ahí. Imposible.

3

Si Hallelujah es un fragmento de una historia más grande, ¿qué nos espera cuando escuchemos el álbum completo?

Me encantaría venderte mi propio proyecto, pero dejemos que lo escuches y seas tú mismo quien lo justifique.

Como mínimo; sorpresa.

Quisiera cerrar con un agradecimiento a ti y a tu equipo por esta entrevista, deseo que otros medios aprendan de este tipo de periodismo que se sostiene por la profundidad.