APOCALYPSIS
Apocalypsis es un nombre potente, casi una declaración. ¿Qué tuvo que romperse dentro de ti para que naciera este proyecto?
En realidad, más que romperse, mi nombre artístico es una unión entre mi identidad como artista y como individuo en el mundo. Mi nombre real es “Amaya”, que en euskera significa “el principio del fin” y por tanto, me pareció sencillo, y al mismo tiempo simbólico, que mi nombre artístico pasase a ser “Apocalypsis”. Porque para mí, mi parte artística es mi yo elevado al cubo, mi alter ego pero sin dejar a un lado mi esencia. La gente a veces confunde este nombre con una connotación más oscura, sin embargo, es la realidad resumida en un solo nombre: que todo tiene un principio y un final, la vida y las cosas bonitas también.
Me parece un significado en lugar de negativo, todo lo contrario, un recordatorio de vivir el presente y de agradecer el momento. Supongo que concluyendo al respecto, la declaración de mi nombre como Apocalypsis es claramente mi intención de dejar huella por donde pase, porque he venido a este mundo para brillar como artista y es mi razón de ser en esta vida hasta que ésta misma me lo permita.
Tu música mira directamente al R&B de los 2000, pero lo hace en castellano. ¿En qué momento sentiste que esa música que te formó necesitaba hablar tu idioma?
Desde que era pequeña en mi casa se escuchaba mucho hip hop, concretamente el hip hop estadounidense, entre otros muchos tipos de música. Sin embargo, siempre he conectado bastante con la emoción y la musicalidad de este género. Precisamente cuando era niña fue cuando el hip hop entró en auge fusionándose con el R & B (los años 2000). Esta combinación me parece fascinante. Entiendo que en gran parte por mi conexión con ello a través de mis recuerdos de infancia, pero hay algo más que me lleva a explorar este género no sólo como oyente si no como intérprete.
Creo que gran parte nace de mi necesidad de identidad. Soy una mujer mestiza y aquí en España, no encontraba referentes que se parecieran a mí y a lo que me gustaba (no sólo a nivel musical). Cuando somos pequeños, inconscientemente, queremos sentirnos “parte de” y es muy difícil cuando fuera de casa no ves cerca de ti (colegio, televisión…) a nadie que se pueda parecer a ti. Y, claro, recuerdo ver a Beyoncé con su grupo “Destiny ‘s Child” o a Alicia Keys en sus videoclips y sentir que algo se despertaba dentro de mí.
Quería ser como ellas. Al fin y al cabo este género musical procede de las comunidades afrodescendientes. Además, era algo inevitable. Realmente siento incluso físicamente que mi cuerpo y alma se despiertan cuando escuchan esos ritmos tan característicos del hip hop mezclados con tanta inteligencia con esas voces souleras propias del R & B. Luego me he dado cuenta que esto no es así, aquí en España sí había y hay música del rhythm and blues, pero no ha tenido tanta repercusión y por tanto no se le daba ese lugar visible donde poder fijarme. Con el tiempo, como todo en la vida, este género musical ha ido evolucionando y particularmente ahora, en la escena española, el R & B es muy potente. No obstante, quizás soy una nostálgica, pero sigo buscando aquella música que me removía tanto y que sigo sin encontrar en mi idioma.
Cuando empecé a cantar probaba muchos estilos pero siempre acababa donde todo empezó: en el R & B de mi infancia, y se me notaba que era donde estaba más cómoda. Empecé a investigar este estilo musical aquí en mi país, y encontré a varios artistas que aunque no son tan conocidos tienen música de gran calidad. Sin embargo, siento que sigue siendo necesario ese “spanglish” para que los temas funcionen. Así que, yo particularmente, me siento en la necesidad de componer conscientemente en español porque para mí, es una forma de reivindicar que no sólo a nivel musical sino a nivel social, las personas no blancas también existimos en España y creamos arte de calidad que también merece visibilidad.
Durante muchos años el baile fue tu refugio y el canto, una exposición que daba vértigo. ¿Qué ocurrió para que la voz pasara de la vergüenza a convertirse en tu centro?
En realidad es un hecho que siempre quise cantar tanto como bailar. Desde pequeña cuando bailaba recibía mucha validación externa positiva y me llevó a no tener vergüenza ninguna a la hora de moverme. Pero el tema de cantar era diferente. En mi caso, una voz dulce o lo que se entiende como dulce, no he tenido nunca. Y como decía antes sobre los referentes, a mi alrededor quien cantaba “bonito” eran prácticamente siempre voces agudas. Entonces mi forma de cantar se basaba en imitar a esas voces.
Me daba una vergüenza absoluta pero me dejaba llevar por mis ganas y mi instinto, que siempre ha sido subirme al escenario de la forma que fuera. Es más, en mi casa yo era “la que bailaba bien” y mi hermana pequeña “la que cantaba bien”. Sin embargo, yo siempre soñaba en ser la artista que llevaba el micrófono en el escenario y, a pesar de mi inseguridad, siempre que se daba la oportunidad de cantar o bailar cerca de mí, no podía evitar presentarme. Todo esto no cambió hasta que me gradué como enfermera. Ahí, tuve una lucidez que me hizo ver que lo que siempre había querido para mi vida era la música.
Fue entonces, tras mucha meditación, cuando tomé la decisión de cambiar eso que me daba miedo de la mejor forma que creo que existe: formándome y exponiéndome poco a poco respetando mi proceso. Me apunté a clases de canto y hoy en día, aunque de vez en cuando me aparecen esos demonios internos de inseguridad a la hora de cantar (especialmente cuando salgo de mi zona de confort), demuestro una seguridad en el escenario arrolladora (o eso me dicen). Además, esos demonios cada vez son más y más pequeñitos, los tengo casi dominados.
Te formaste y trabajaste como enfermera en plena pandemia, especialmente en salud mental. ¿Cómo convivieron durante ese tiempo el cuidado de los demás y la necesidad de cuidarte a ti a través de la música?
El cuidar a la persona que cuida creo que es una tarea pendiente a nivel general en esta sociedad. Y, particularmente en mi caso, ha sido una lección en la que he tropezado en más ocasiones de las que me hubiera gustado. Personalmente siempre he sido una persona a la que le ha gustado cuidar a los demás, he tendido incluso a priorizar el cuidado de quienes me rodean al mío propio muchísimas veces. Lanzarme al mundo laboral de la enfermería en plena pandemia (porque al mundo laboral en sí ya me había lanzado desde bien pequeña), fue bastante traumático.
No tuvimos un cierre de etapa como el resto de la gente, ni lo tenemos a día de hoy, además de normalizar el trabajar en condiciones extremas. Las consecuencias que para mí ha tenido trabajar no sólo en situación mundial de emergencia, si no, en salud mental, me llevó a un gran agotamiento personal. Y la razón eran las condiciones de trabajo en las que tenía que llevar a cabo mi profesión, incluso una vez superada la pandemia. Era agotador, no se me ocurre otra palabra que mejor lo describa. Es muy complicado trabajar sin recursos y, aún así, tener que sacar adelante tantísimo trabajo. La salud mental es la eterna olvidada dentro de la salud y se demuestra mediante el trato que recibe el personal que trabaja en ella y los pocos recursos que se destinan a estos pacientes. Y con ese agotamiento, me iba a mis clases de artista. Porque todo el tiempo que estuve trabajando de enfermera estudiaba por las tardes la carrera artística…
Llegó un momento que inicié terapia porque entendí que no podía seguir cuidando sin cuidarme a mí misma. La música siempre ha sido mi vía de escape realmente para todo en mi vida y en todas las etapas de mi vida, pero fue en este proceso que me di cuenta al fin de que la música no sólo era una herramienta de liberación, si no, era la forma de vida que deseaba. Pasé de usar a la música como vía de escape de mi realidad, a ser completamente mi realidad.
Finalmente, agradezco muchísimo lo que me tocó vivir en esa etapa porque me enseñó muchísimo a trabajar en mí misma, a entender muchísimo mejor a las personas y a manejarme y entender de una forma completamente diferente este mundo. Pero, principalmente, porque me empujó a luchar por mi verdadero sueño: la música.
‘ELEMENTAL’ es un EP conceptual que atraviesa fuego, aire, agua, tierra y éter. ¿En qué fase vital estabas cuando empezaste a escribirlo y en cuál te encuentras ahora?
En primer lugar, no supe que estaba componiendo mis diferentes etapas vitales hasta que de casualidad, me percaté de que cada una de mis letras giraban en torno a una situación concreta de mi vida. Y, totalmente de casualidad, las primeras canciones que compuse acababan incluyendo un elemento de la naturaleza. Así es que escogí este camino conceptual para mi primer proyecto. Por otro lado, en realidad, la primera fase que es “fuego”, es un conjunto de letras que tenía escritas desde hacía años y que acabaron dando forma al inicio de este pequeño álbum. No obstante, cuando decidí comenzar este proyecto y empezar a darle forma, aunque retomé viejas letras que necesitaban ser escuchadas, en ese momento me encontraba en la fase de liberación que es “Agua”. También, durante la composición del EP fui concluyendo etapas en las que sin saberlo, aún me encontraba.
Como a muchos y muchas artistas, mi parte creativa sabe ya la respuesta antes que yo misma. Por lo que, no me puedo situar en una única fase tanto al comienzo de esta aventura como ahora. Siendo honesta conmigo misma, voy fluyendo entre las etapas muchas veces. Pero si tuviera que decantarme o escoger una etapa concreta para este momento, definitivamente soy “Elemental”, la canción con la que cierro el proyecto y da nombre al mismo. Es decir, he aprendido (y sigo aprendiendo) de las lecciones de vida que me han dado las fases anteriores y las pongo a todas en práctica para lo que se viene de ahora en adelante.
En tus directos hay cuerpo, coreografía y una energía muy física. ¿Qué lugar ocupa hoy el cuerpo en tu manera de expresar emociones que quizá no sabes verbalizar?
El baile me ha llevado a gestionar mis emociones de una forma mucho más consciente y a canalizarlas de una manera saludable. No era consciente de ello hasta que empecé a formarme en la carrera porque, un artista se encuentra cara a cara consigo mismo día tras día. Quiero decir, no es habitual que la gente en general se mire al espejo y trabaje en lo que ve de forma crítica, pero el artista lo hace de forma cotidiana.
Es la forma de trabajar y mejorar: observar continuamente tu cuerpo y fijarte en cada detalle, movimiento, gesticulación o posición que haces cuando bailas o interpretas. Porque perfeccionar cada milímetro es imprescindible para ayudarte a transmitir cualquier emoción. Y no importa que no sepas incluso qué sientes hoy, muchas veces, el propio cuerpo te da la respuesta.
Trabajar en mi cuerpo frente al espejo me obliga a enfrentarme a mis emociones y a soltarlas. Esto me ha regalado momentos muy mágicos conmigo misma. Y poder transmitir lo que siento en directo es lo más satisfactorio tras años de escucha, de corregir y de esfuerzo. Y cuando me dicen que soy capaz de contagiar mi energía a la hora de actuar, se siente verdaderamente como una victoria a todo ese trabajo que hay detrás.
Has financiado tu proyecto sin soltar del todo tu trabajo fuera de la música. ¿Qué te ha enseñado ese equilibrio —a veces incómodo— entre supervivencia y vocación?
Lo más difícil de esta profesión efectivamente es ese tira y afloja entre sobrevivir y vivir. Porque hay más realidades laborales, como pueden ser los autónomos o las personas emprendedoras, que también viven en la incertidumbre de cómo irá evolucionando su situación laboral por las características de su forma de trabajo; sin embargo, el artista en múltiples ocasiones, además de enfrentarse a la incertidumbre laboral, se expone a la precariedad.
Quiero decir, cuando actúas ante un público de forma regular en un mismo lugar, como puede ser un dinner show o eventos públicos de entretenimiento, muchas veces no está bien remunerado y tampoco se tiene en cuenta todo el trabajo que hay detrás. Es frustrante cuando no nos valoran acorde a nuestra profesionalidad, nuestros años de formación y nuestros ensayos. Dicho esto, como artista independiente que soy, ahí sí entiendo que “las reglas del juego” son completamente diferentes, porque ahí estoy invirtiendo en mi carrera profesional por mi cuenta. Y este tipo de inversiones son como un negocio, necesitas mucha perseverancia y confiar. Esto lo llevo mejor, porque mi la razón de mi música no es recibir dinero, si no conectar con la gente. Y eso, sí lo estoy recibiendo aunque sea a pequeña escala todavía.
Por lo tanto, aunque actualmente me siento súper afortunada de llevar un año dedicándome enteramente al entretenimiento y espectáculo como cantante, es cierto que, vivo con la incertidumbre de tener que volver a la enfermería en cualquier momento. También es cierto que, en mi caso, siento mucha tranquilidad al respecto porque como enfermera hay muchísima demanda y sé que si me veo en la necesidad, puedo recurrir a ello una temporada pero sin dejar a un lado mi carrera artística. Mi carrera artística siempre es mi prioridad. Mi éxito en la vida es vivir de mi música, o en su defecto, continuar viviendo como cantante en otros proyectos artísticos. Pero tengo clarísimo que encima del escenario. Lograr este objetivo es difícil pero nada imposible y si para ello necesito recurrir nuevamente a mi antigua profesión durante el camino, lo haré bien orgullosa.
Hablas de volver a lo viejo para traer algo nuevo. ¿Qué valores del R&B clásico sientes que faltan en la industria musical actual y quieres recuperar?
Particularmente no considero que falte nada como tal, simplemente es una cuestión de gusto y de sentirme más cómoda. Hoy en día el R & B tiende a fusionarse con sonidos más actuales como los ritmos latinos o más comerciales, y me encanta. Pero me gusta más la época dorada de los 2000s para mi tipo de voz y mi forma de comportarme encima del escenario.
Es una cuestión, como he dicho a lo largo de la entrevista, de identidad. Me identifico muchísimo con el R & B de finales de los 90 – inicios de los 2000 a nivel estética musical. Pero si hablamos de valores, cuando digo “volver a lo viejo” es porque más que nunca debemos saber de dónde venimos y tener presentes los orígenes. El camino que otras personas han recorrido son la razón de que hoy nos encontremos aquí.
Y, personalmente, creo que estamos en un momento social en el cual, recuperar esa memoria histórica y esa esencia reivindicadora del R & B, para mí, se convierte directamente en necesidad.
Tu voz grave y tu presencia escénica rompen con muchos estereotipos del pop femenino en España. ¿Sientes que tu proyecto también es una forma de reapropiarte de tu identidad y de tu fuerza?
Totalmente. Este álbum me ha llevado a recordarme quien soy en todas las facetas de mi vida y me ha empoderado a niveles que no esperaba. Es cierto que mi voz no suele ser lo común entre el pop femenino, pero esa fuerza escénica sí considero que está presente. Antes es cierto que veía más complicado que mi propuesta escénica pudiese funcionar aquí en España.
Pero ahora, ya hay muchas cantantes femeninas españolas pisando fuerte y demostrando muchísima potencia escénica que funciona, como Lola Indigo. Esto me hizo ver que sí puede haber cabida para mí sin tener que irme fuera. Por otro lado, considero que la diversidad es lo más rico que tenemos el ser humano y animo a la industria musical a apostar también por las mujeres con voces grandes como yo.
Si ‘ELEMENTAL’ es el despertar, ¿qué crees que viene después para Apocalypsis: más fuego, más calma o una nueva transformación?
Estoy aprendiendo a vivir la vida sin expectativas y a fluir con lo que tenga que venir. Tengo muchísimas ganas de seguir descubriéndome ahora que me siento sin ataduras y conociéndome un poco más a mí misma. Este despertar sólo ha sido el inicio y ahora Apocalypsis por fin puede despegar. Conclusión: se viene una verdadera transformación.