MOKÉ
Vienes de Lagos y creciste en Madrid, dos lugares con ritmos y energías muy distintas. ¿Cómo dialogan Nigeria y España dentro de tu voz cuando compones?
Desde muy pequeña he tenido claro quién soy y qué parte de mi identidad quería mantener, a pesar de haberme criado lejos de mi lugar de nacimiento. También he trabajado mucho en conocer mi cultura, en conectarme con mis raíces y no perder esa parte de mí, sin depender únicamente de lo que mis padres me enseñaran.
Al mismo tiempo, crecer en España desde los 7 años ha marcado profundamente quién soy. La cultura española forma parte de mi vida y de mi manera de ver el mundo, porque es la que he vivido de cerca durante más tiempo.
Creo que ambas culturas han sido fundamentales tanto en la formación de mi sonido como en la construcción de mi identidad. A la hora de componer, siento que esos dos universos dialogan constantemente en mi música.
Empezaste en el coro de la iglesia y más tarde en Gospel Factory. ¿Qué te dio el canto colectivo que hoy sigue presente cuando te subes sola al escenario?
Aprendí muchísimo a mejorar mi técnica vocal, a ganar confianza en mí misma y a trabajar en equipo dentro de un ambiente artístico.
Tu primer single en solitario fue Never Enough, un título que ya habla de carencia. ¿Ese “nunca es suficiente” nace más del amor, de la autoexigencia… o de ambas cosas?
Diría que de las dos cosas. Aunque pueda parecer una canción sobre una experiencia romántica fallida, en realidad habla de la relación con una figura parental. Muchas veces, quienes primero crean expectativas inalcanzables en nosotros son nuestros propios padres. A veces intentan vivir a través de nosotros las experiencias que no pudieron tener y, por miedo a que repitamos sus errores o a que nos falte lo que a ellos les faltó, se enfocan más en exigir que en demostrar activamente el amor que sienten. Y no siempre es por falta de amor, sino porque quizá no saben cómo hacerlo.
En Never Enough, por primera vez, me doy cuenta de que el problema no estaba en mí. Que no era que yo no fuera suficiente o que no me esforzara, sino que esa validación nunca iba a llegar, hiciera lo que hiciera. Al final de la canción, asumo que la otra parte tiene su responsabilidad por no haber hecho su labor conmigo como debería. Y eso es algo que nunca pensé que sería capaz de reconocer.
Tu sonido mezcla soul, R&B y matices de música nigeriana. ¿Sientes que esa fusión es una decisión consciente o algo inevitable que forma parte de ti?
Creo que ha sido una combinación de ambas cosas. Por un lado, ha sido inevitable, porque son estilos que escucho a diario y que, incluso antes, formaban parte del ambiente musical de mi hogar familiar. Por otro lado, también ha sido una elección consciente, porque a medida que fui creciendo, experimenté con distintos géneros musicales y siempre terminé volviendo al R&B y al neo-soul, aun sabiendo que no son los estilos más comerciales en España.
Hablas mucho de aceptación e independencia, dos fuerzas que a veces chocan. ¿En qué punto estás hoy entre querer que te quieran y no necesitarlo?
Creo que todos queremos que nos quieran, aunque a veces lo queramos negar, todos en mayor o menor medida queremos aceptación, queremos sentir que formamos parte de algo, que hay alguien que nos quiere y elige hacerlo.
Ahora mismo estoy en un momento de sanación, que me está haciendo aceptar poco a poco, que es normal querer sentir la calidez del amor, pero a la vez no tiene que estar por encima del respeto que merezco recibir a cambio. Estoy aprendiendo que ese deseo de ser querida no tiene que hacer que ignore faltas de respeto, manipulación y que no disminuya la independencia por la que he trabajado duro en conseguir.
Referencias como Lauryn Hill o Brandy han marcado generaciones. ¿Qué aprendiste de ellas que no tiene que ver con la técnica, sino con la actitud frente al mundo?
Siendo sincera, creo que de las artistas mainstream aprendo principalmente en cuanto a técnica y presencia en el escenario. Pero en lo que respecta a la actitud frente al mundo, he aprendido de mis amigas, de las mujeres que siempre me han rodeado y que he visto trabajar como nadie, y también de las artistas más pequeñas que conozco personalmente y que comparten conmigo sus experiencias.
Tus canciones transmiten calidez pero también vulnerabilidad. ¿Te cuesta mostrar esa fragilidad o es precisamente donde te sientes más fuerte?
La verdad es que no sabría explicarlo del todo. Soy una persona a la que no le cuesta mostrar vulnerabilidad, pero solo hasta cierto punto. Mi barrera emocional quizá no sea un muro altísimo… pero sí es como una pequeña valla electrificada jajaja.
Es como si, en medio de mi propia vulnerabilidad, de repente tomara conciencia de lo que está pasando y pensara: “Uy, quizá nadie necesita saber tanto de mí”. Entonces me freno.
Sin embargo, en mis canciones nunca siento que esté diciendo demasiado. Ahí no hay filtro, no hay alarma que salte. Es el único lugar donde no me da miedo mostrarlo todo.
Vienes de años como corista antes de dar el salto en solitario. ¿Qué miedo apareció cuando decidiste dejar de sostener voces ajenas para sostener la tuya?
Al principio, mi mayor miedo era fracasar y arrepentirme de dar ese paso. Por suerte, esa sensación desapareció bastante rápido. Ahora, el miedo que persiste es lo abrumador que es ser un artista independiente, pero puedo decir que, por el momento, lo estoy manejando con más calma y paciencia.
De cara a 2026 preparas un proyecto más sólido y cohesionado. ¿Qué emoción te gustaría que atravesara ese trabajo de principio a fin?
Cuando saco canciones, siempre pienso en que me encantaría que cualquier persona pueda verse reflejada en mis letras, que sienta algo parecido a lo que yo sentí al escribirlas. Que mis oyentes puedan identificarse de alguna manera. Y eso es justo lo que quiero lograr con los proyectos que vienen en 2026. Además, estoy trabajando en crear un sonido propio, algo con lo que la gente pueda decir “esto es Moké” nada más escucharlo.
Si alguien descubre tu música dentro de diez años, ¿qué te gustaría que entendiera de la joven que estaba empezando a decir su verdad ahora?
Me gustaría que se entienda que Moké existe gracias al valor de atreverse a salir de un caparazón que, durante mucho tiempo, ni siquiera sabía que estaba usando. Es gracias a la decisión de abandonar la zona de confort, de enfrentar los miedos y de permitirme ser auténticamente quien he elegido ser. Es gracias a la autodeterminación y a la conciencia de que la transformación personal es un proceso constante.
Quiero que también se perciba que cada una de mis canciones nace con intención; cada una refleja una etapa de mi vida, un aprendizaje, una emoción que deseo compartir.
Moké es la consecuencia de atreverme, de trabajar con propósito y de abrazar mi autenticidad, y eso es algo que espero que quienes me escuchen o me conozcan puedan sentir al escucharme.