MÍA BERLÍN

Tu música parece vivir entre la melancolía y la energía, entre lo orgánico y lo eléctrico. ¿En qué momento entendiste que el contraste era parte de tu identidad artística y no algo que debías resolver?

Creo que durante mucho tiempo pensé que tenía que elegir: o hacer canciones tristes y orgánicas, o irme a algo más energético y electrónico. Como si una cosa anulara a la otra.

Pero luego me di cuenta que no hacía falta elegir, porque ambas podían convivir. Hay días en los que estoy muy melancólica y otros en los que necesito energía para salir de ahí. Mis canciones empezaron a reflejar justo ese vaivén emocional.

Cuando dejé de intentar que todo sonara “coherente” y acepté ese contraste, sentí que por fin la música se parecía más a mí. La melancolía sigue ahí, pero también hay electricidad y movimiento. Creo que esa tensión entre las dos cosas es lo que define mi sonido.

Creciste entre Madrid y Nueva York, dos ciudades con pulsos muy distintos.

La nostalgia me la dio Nueva York. Los recuerdos que tengo de allí, mi infancia y adolescencia, las primeras experiencias de mi vida las viví allí. Para mi siempre será mi segunda casa, y esa melancolía la llevo muy presente al escribir mis canciones.

En Madrid tuve que enfrentarme a la realidad, a las cosas tal y como son, a vivir cosas buenas y otras que no lo son tanto. Al llegar, salí de mi zona de comfort y me enfrenté a la vida tal y como era, increíble pero cruda a la vez. Me llevó a crecer y llegar a donde estoy hoy.

Madrid me ha ayudado a escribir de forma más honesta, aunque me duela, y a enfrentarme a lo que antes me daba miedo contar.

Además de cantar tus canciones, también compones para otros artistas. ¿Qué cambia cuando escribes para ti frente a cuando prestas tu voz emocional a otra persona?

Cuando escribo para mí, suelo tener muy claro qué quiero contar y simplemente, sigo esa intuición. Pero cuando escribo para otro artista, el proceso cambia mucho: es importante crear un espacio de confianza donde esa persona pueda abrirse y decir qué historia quiere contar, qué le duele y cómo lo quiere contar de verdad, porque al final estás poniendo palabras a algo que es suyo.

Tu primer EP suena a inicio, pero también a declaración de sensibilidad. ¿Qué verdad personal necesitabas decir antes de poder avanzar al siguiente capítulo?

Necesitaba decir cosas que durante mucho tiempo me guardé. Hablar de cuando te sientes solo, de cuando alguien te decepciona, de esa nostalgia constante por lo que ya pasó. Mi primer EP fue una manera de sacarlo todo. Y una vez lo dices en canciones, ya no pesa tanto.

Formar parte de la banda de La La Love You te sitúa en un escenario colectivo muy visible. ¿Cómo se protege la intimidad creativa cuando la exposición empieza a crecer?

Estar en un proyecto tan visible es increíble, pero también te obliga a cuidar mucho tu espacio personal y creativo. Para mí es importante mantener momentos donde pueda volver a escribir desde la calma, sin pensar en la exposición o en lo que se espera de mí. Al final, las canciones más honestas salen cuando consigues olvidarte un poco de todo el ruido de fuera. Creo que la clave es seguir teniendo espacios donde nadie opine. Cuando todo empieza a crecer y hay más exposición, es fácil empezar a pensar demasiado en cómo va a recibir la gente lo que haces. Yo intento volver siempre al lugar más íntimo de escribir sin filtros, como cuando nadie estaba mirando.

En tu imaginario conviven referencias del pop clásico español y sensibilidades contemporáneas. ¿Qué te atrae de esa conversación entre nostalgia y presente?

Siempre me ha atraído mucho la música que tiene algo de nostalgia. El pop clásico español tiene melodías y emociones muy directas que me inspiran. Supongo que lo que intento es coger esa forma de sentir las canciones y llevarla a un sonido más personal, para que esa emoción siga viva pero en el presente de lo que estoy haciendo.

Tus canciones transmiten una emoción muy limpia, casi frágil. ¿Mostrar vulnerabilidad sigue siendo un riesgo dentro del pop actual?

Supongo que sí, porque al final te estás exponiendo mucho. Pero también creo que la gente está cansada de lo que suena perfecto todo el tiempo. A mí me interesa más cuando una canción tiene algo frágil o imperfecto, porque ahí es donde aparece la verdad.

Ahora comienzas una nueva etapa de singles y gira. ¿Sientes este momento como expansión… o como búsqueda de algo que todavía no tiene nombre?

Creo que tiene un poco de las dos cosas. Por un lado siento que es una expansión, porque siento que cada vez hay más gente a la que le llega mi música. Pero al mismo tiempo, sigo en una búsqueda constante, intentando entender qué quiero decir ahora y hacia dónde quiero llevar las próximas canciones.

Escribes constantemente, incluso en viajes o huecos pequeños del día. ¿La música es refugio, necesidad… o la única forma de ordenar lo que sientes?

En realidad escribo cuando aparece esa chispa. No es algo que pueda programar. A veces me pasa conduciendo, o en mitad de una comida y de repente tengo que irme corriendo al baño para grabar una melodía en el móvil antes de que se me olvide. Es más una urgencia que una rutina. Cuando llega esa idea, necesito sacarla. Por ende, creo que es una necesidad. No escribo siempre, pero cuando aparece una idea siento la urgencia de capturarla.

Si dentro de unos años vuelves a escuchar estas primeras canciones, ¿qué te gustaría reconocer en la Mía que estaba empezando a construir su voz?

Me gustaría reconocer la honestidad. Sentir que, aunque estaba empezando a construir mi voz, ya estaba intentando decir las cosas desde una verdad y sin esconderme demasiado. Creo que eso es lo que más me gustaría seguir viendo en esas canciones.