MARIA LLEDÓ CISNEROS
Has investigado profundamente la relación entre arquitectura y salud: accesibilidad, bioconstrucción, neuroarquitectura, bienestar. ¿Qué te ha enseñado esa mirada sobre cómo habitamos, emocional y físicamente, los lugares que vivimos?
Me ha enseñado que habitar no es sólo ocupar metros cuadrados, es una conversación constante entre la persona, su cuerpo y el entorno. Hay espacios que nos agotan, nos saturan, nos ponen de mal humor, nos irritan… en cambio hay otros que son amables, que ayudan a regular nuestro sistema nervioso y que nos facilitan el sentirnos bien. También que en la salud tiene mucho que decir el interiorismo, pues pasamos el 90% de nuestro tiempo en espacios interiores, y todos los elementos que componen el espacio son información que llega a nuestro cuerpo y genera cambios y reacciones en nuestro cerebro y en sus diferentes sistemas, por lo que tenemos que decidir conscientemente qué introducir en las casas y en todos los espacios.
También que no hay dos personas iguales. La percepción varía mucho dependiendo del autor que explora y experimenta el espacio. Por eso, es muy importante escuchar, conocer a las personas en su gran diversidad, y si nos olvidamos de las personas con características o necesidades particulares, su día a día se transforma en una gincana agotadora de barreras y tenemos que conseguir que en todas las dimensiones de la vida, para mi en el diseño, la arquitectura y el arte no nos olvidemos de nadie.
Paloma Studio nace como un estudio de interiorismo saludable, accesible y afectivo. ¿Qué significa realmente diseñar un espacio que cuide, y no solo que funcione o sea bello?
Principalmente es diseñar para las personas en su gran complejidad. Para mí es preguntarme cada vez: ¿Qué necesitan esas personas que van a habitar ese espacio para bajar la guardia, para respirar más lento, para que su sistema nervioso se sienta en seguridad? ¿Cómo facilitar la convivencia, la conexión y a la vez la privacidad que necesitan? ¿Cómo conseguir espacios libres de toxicidad ambiental que cuiden de las personas que habitan? y un sinfín de preguntas.No se trata sólo de belleza visual, es la búsqueda de un equilibrio multisensorial, que consiga que te sientas abrazado en tu fragilidad y vulnerabilidad, seguro y sereno. Sin que tú tengas que adaptarte al espacio, sino que él se adapte a tus ritmos, heridas, percepciones sensoriales, problemas de salud, en definitiva a cada habitante en su momento vital.
Fácil no es, es siempre un reto, pero para eso intento escuchar mucho y seguir siempre aprendiendo.
Desde pequeña pintabas, pero durante años quedó en un segundo plano. ¿Qué ha pasado en tu vida para que el arte vuelva ahora, no como hobby, sino como necesidad?
Sí, lo que provocó principalmente esta parada fue un problema de salud, la sensibilidad química múltiple. Para los que no la conozcáis, es una condición en la que el cuerpo reacciona con síntomas multisistémicos intensos y debilitantes ante exposiciones (aunque sean muy bajas) a sustancias químicas del entorno (pinturas comunes, perfumes, detergentes, disolventes, colas, barnices, y largo etc.)
El arte siempre había sido mi refugio, pero de repente se convertía en una amenaza, me ahogaba al abrir las pinturas y otros materiales. Así que desde el minuto uno me dije, tengo que encontrar la forma de volver a pintar y será a mi manera, pintando desde lo que siento y también desde mi cuerpo, para que el arte vuelva a ser ese oxígeno que siempre ha sido para mi.
Así que en un posgrado que estaba haciendo de arquitectura saludable y bioconstrucción en la Escola Sert, aproveché mi trabajo final para adentrarme e investigar sobre las pinturas naturales, y fue absolutamente maravilloso. Aprovechar una dificultad como una oportunidad: tengo un maravilloso radar para detectar toxicidad así que voy a crear arte que aporte salud a todos los que habiten en ese espacio. Y empecé a crear mis pigmentos a partir de tierras, arcillas, plantas… todo, también los soportes, las colas, los tejidos, los papeles… todo de manera artesanal y con productos naturales y de cercanía.
Y ahora necesito compartirlo, porque para mi y para otras afectadas, introducir arte en casa puede ser realmente peligroso y arriesgado, y aunque nosotras hayamos perdido la tolerancia, lo cierto es que la toxicidad química no le hace bien a ningún cuerpo.
Así que pinto y me expreso a mi manera, desde dentro y desde mi cuerpo.
La enfermedad aparece como punto de inflexión en tu proceso creativo. ¿Cómo ha transformado tu relación con los materiales, el cuerpo y el tiempo de creación?
El arte y la belleza tienen la capacidad de sanar, muchos tenemos la experiencia. Mis procesos de creación artística son muy largos, son realmente slow. Investigo, creo mis propios materiales y son ritmos de la materia natural, cosa que en los tiempos que corren es realmente revolucionario y terapéutico. Me ayuda a frenar en la aceleración, a respirar más lento, a acariciar con mimo y agradecimiento la materia de la naturaleza, que es un don, me permite expresarme y me hace bien, me sienta bien. Me gusta que haya un diálogo entre los materiales, una honestidad. La madera es madera, no es algo que la imita, es ella y también aparece desnuda, porque ella sin nada ya es bella. A lo mejor consigo un color que me toma 4 días conseguir el pigmento, pero cuando llega me siento agradecida, siempre sorprendida. Me hipnotiza ver el polvo de la tierra mezclarse con el agua por la moleta… Estos procesos me recuerdan también, que muchas veces buscamos la belleza muy lejos y necesitamos cosas extraordinarias para sentirnos fascinados, pero cuando miras con calma a tu alrededor lo cierto es que cada planta y cada tierra que pisamos contiene una gran belleza y estos procesos me lo recuerdan.
Además esta última colección llamada tierra, cada obra habla mucho de experiencias vitales, de cómo a veces nos da miedo lo distinto, pero cada uno, cada forma, es bello como es, y nos necesitamos unos a otros, lo que llamamos interdependencia, y si construimos muros entre nosotros rompemos esa armonía, esa familia que formamos. También de adaptabilidad fluida, de cómo las circunstancias de la vida nos hacen florecer en lugares inesperados pero siempre viendo la vulnerabilidad humana como un tesoro a custodiar, “el otro” como ese don de gran valor, que me invita a dejar todo miedo para encontrarle.
Has empezado a crear tus propias pinturas y soportes con materiales naturales. ¿Qué cambia en la obra cuando la materia también cuida la salud de quien la habita?
Para mí, en mi, no es posible una separación entre ambas cosas: arte o diseño y salud. En mi es indisoluble. Quizás es por mi recorrido vital, por las varias patologías crónicas con las que convivo… No lo sé, pero para mi, el arte y el diseño han sido siempre una herramienta poderosa centrada en la persona, en la Vida en general, con sus múltiples rostros.
Desde mi experiencia, la obra pasa a estar más viva, respira contigo, te acompaña, te quiere hacer bien, te quiere cuidar. No sólo la ves, sientes su cuidado.
Tu trabajo actual une espacio, arte y bienestar. ¿Sientes que estás dejando el interiorismo… o que lo estás expandiendo hacia otro lenguaje?
Soy una persona que cuido mucho mi vida interior… quizás esto es una parte de mi mundo del interiorismo pero desde un lugar de más adentro. El interiorismo ha sido siempre para mi una herramienta de cuidado hacia otras personas, y ahora el lenguaje toma también otras formas que vienen de más adentro, quiero acompañar con el arte otras capas de la persona, otras capas del cuidado, desde un encuentro.
No es un cambio, ni un abandono sino una expansión. El hogar ya no termina en las paredes, sigue empezando en la piel pero intento atravesar más adentro.
También trabajas como docente y divulgadora en torno a salud y diseño. ¿Qué responsabilidad sientes al introducir la salud en disciplinas que históricamente no la han priorizado?
Me siento feliz, hace unos años éramos muy pocos los que hablábamos de estos temas, nuestra escuela LCI Barcelona, nos ha apoyado en avanzar hacia estos temas, perspectiva muy innovadora en la formación de interiorismo, así que agradecida.
Seguramente la pandemia también ayudó a que personas que no tenían tan presente la vulnerabilidad humana, vieran lo importante que es la salud y que sin ella todo lo demás… Al igual que nociones de cómo nos afecta estar en casa tanto tiempo, tantas historias de las casas y pisos durante el confinamiento, cómo se tuvieron que transformar, lo privilegiados que eran los que tenían balcón o terraza y podían ver el cielo…
Pero lo cierto, es que me también me gusta mucho la docencia, estas nuevas generaciones, me parece precioso como tienen realmente una sensibilidad y apertura para hablar con mucha transparencia y honestidad sobre cómo se sienten, sobre el cuidado… acogen con una gran disposición, hacemos cosas muy chulas con ellos.
Hablas de “arte saludable” como una nueva etapa. ¿Cómo imaginas que podría influir el arte en la manera en que vivimos, sanamos o respiramos los espacios cotidianos?
El arte ha estado siempre entrelazado con la vida humana, desde las primeras manos que pintaban bisontes en las cuevas oscuras…Es una necesidad profunda, una forma de nombrar lo invisible, las vivencias… yo creo que el arte es refugio y espejo y también medicina para el alma, nos ha recordado que somos capaces de colaborar en la belleza, desde nuestra fragilidad y nos ha conectado con algo más grande que nosotros mismos.
Por eso, cuando hablo de arte saludable, no quiero que se vea como una nueva moda que he inventado, sino como un regreso consciente a esa función originaria, pero adaptada a nuestros hogares y nuestros tiempos: Un tiempo en que corremos todo el día, llenos de ruidos, rodeados de productos químicos, exprimidos por un HACER constante olvidando el SER y la gratuidad, de sistemas nerviosos agitados, de espacios que nos sobreestimulan y nos enferman en vez de acogernos… y de aquí también surge esta necesidad en mí de un arte que influya despacio, casi sin hacer ruido. Un acompañar, no un sanar con promesas grandiosas, sino con una belleza suave, que nos invita a habitar, no solo los espacios arquitectónicos, sino nuestro interior, nuestra piel, nuestro ritmo respiratorio… Un arte que nos invite a sanar yendo al encuentro con el otro y con uno mismo.
Si este momento es una transición entre lo que eras y lo que estás empezando a ser, ¿qué parte de ti sientes que está naciendo ahora mismo?
Una parte de mi, que poco a poco va necesitando demostrar menos con la productividad y la perfección, que es capaz. Una parte que se va atreviendo a crear desde la vulnerabilidad, que entiende que los tiempos no son siempre como yo los percibo, con deseos de abrazar estos tiempos más slow de creación. Una parte que prefiere la honestidad y la verdad a una imagen pulida que simula perfección.
Alguien que quiere acompañar y cuidar desde un lugar honesto, desde la calma y serenidad, la presencia, desde un lugar VIVO.