KALENN
El título 118 nace de una línea de autobús que forma parte de tu vida cotidiana. ¿Cuándo te diste cuenta de que ese trayecto diario también podía ser un universo narrativo?
Creo que fue cuando dejé de mirar el móvil y empecé a mirar a la gente. El 118 no era solo un trayecto, era como una película en movimiento, había miradas que se cruzaban, conversaciones a medias, gente que sube con alguien y baja sola. Ahí entendí que no estaba yendo a ningún sitio, estaba dentro de muchas historias a la vez.
El disco está planteado como un viaje donde cada canción es una parada y cada historia un pasajero distinto. ¿En qué parada del disco sientes que estás tú realmente?
En tus canciones conviven desamor, amor propio, nostalgia y cierta ironía emocional. ¿Crees que escribir canciones tristes es una forma de entender mejor lo que duele?
Sí, totalmente. Para mí escribir es como ordenar el caos. Las canciones tristes no son solo tristeza, son una forma de ponerle nombre a cosas que no sabes explicar hablando. Y cuando lo entiendes, te ayuda sobretodo a desahogarte y que ya no duela igual.
Dos Desconocidos habla de dos personas que pasaron de ser todo a no ser nada. ¿Qué te obsesiona de esa transformación tan brutal entre la intimidad y el anonimato?
Me obsesiona lo rápido que pasa. Cómo alguien puede saberlo todo de ti y de repente, convertirse en un extraño más de la calle. Es como si la historia no desapareciera, solo se quedara sin lugar donde existir. Y eso, para mí, es mucho más duro que el final en sí.
Uno de tus temas más virales es Tema Triste de Karaoke, que conecta con mucha gente desde lo cotidiano. ¿Te interesa más la emoción que se canta a gritos o la que se queda atrapada en la garganta?
La que se queda atrapada, pero que acaba saliendo a gritos. Creo que ahí está la magia, cuando algo que no sabías cómo decir de repente lo cantas delante de todo el mundo. Es como una liberación compartida.
Este álbum parece equilibrar baladas muy emocionales con canciones más luminosas. ¿El disco refleja una etapa más abierta o simplemente una forma distinta de mirar las mismas heridas?
Más que una etapa nueva, es una perspectiva nueva. Las heridas siguen ahí, pero ya no las miro solo desde el dolor. También hay ironía, hay luz, incluso hay momentos en los que me río de lo que antes me rompía.
En el concepto visual del disco los pasajeros van bajando del autobús hasta que queda una carta final para tus fans. ¿Ese final es una despedida… o el inicio de otro viaje?
Es una despedida, pero de una versión muy concreta de mí, de todo lo que viví en ese trayecto, de todas esas historias que necesitaba contar para entenderme. El autobús se vacía, pero no porque no quede nada, sino porque yo ya no soy el mismo que se subió.
He dejado una parte de mí en ese viaje y ahora me he bajado con algo distinto en las manos. Como si se apagaran las luces del bus y de repente se encendiera otro tipo de foco.
Tus seguidores llevaban tiempo pidiendo algunas canciones incluso antes de que salieran. ¿Cómo cambia una canción cuando sabes que ya tiene vida propia antes de publicarla?
Cambia mucho, porque deja de ser solo tuya. Ya no es solo lo que tú sentiste al escribirla, sino lo que la gente proyecta en ella. Y eso es bonito, pero también da vértigo.
Ahora llega la gira Karaoke Triste Tour. ¿El escenario es el lugar donde estas historias terminan… o donde realmente empiezan a existir?
Empiezan de verdad. El disco es como una conversación íntima, pero el escenario es donde esas historias se hacen colectivas. Ahí ya no soy solo yo, somos todos cantando lo mismo pero con razones distintas.
Si alguien se subiera al autobús de 118 dentro de diez años y escuchara el disco por primera vez, ¿qué te gustaría que entendiera del momento vital en el que nacieron estas canciones?
Que era un momento de mucho caos emocional, pero también de mucha verdad. Que no tenía todas las respuestas, pero sí muchas preguntas importantes. Y que, aunque todo parecía romperse, en realidad estaba empezando a construirme.