JOSÉ GARVER

Dices que la música es el único sitio donde no tienes que aparentar nada. ¿Qué parte de ti solo puede existir cuando escribes una canción?

Es una parte que no suelo mostrar en el día a día. Solo unos pocos ven cuando me encierro en mi habitación y me pongo a darle vueltas a las cosas. Es un oasis dentro de mi vida y de mi personalidad. Un aspecto que no muchos conocen y que he ido entrenando con el paso del tiempo.

En tu vida diaria hay responsabilidades, decisiones y personas que dependen de ti. ¿Cómo conviven ese peso cotidiano y la fragilidad que aparece en tus letras?

Creo que me entienden. Mi familia y amigos sabe por todo lo que he pasado. Ellos me apoyan y aceptan lo que se ve reflejado en las canciones. Incluso algunas veces, insisten en que no sea tan duro conmigo en las letras.

Hablas de escribir como una forma de no guardártelo todo. ¿Recuerdas la primera vez que una canción te ayudó a entender algo que no sabías nombrar?

Como siempre suelo decir, las mejores canciones son las que están por venir. Considero que poco a poco, a medida que escribo y compongo, voy conociéndome mejor. Gracias a la música verbalizo inseguridades, miedos, ayudándome a descargar peso de los pensamientos que hay en mi cabeza.

Tus temas nacen en momentos muy distintos, sin un plan cerrado. ¿Sientes que compones más desde la necesidad emocional que desde la intención artística?

Totalmente. Hay ciertos impulsos en mi día a día que no sé describir que me llevan a trasladar melodías de mi cabeza al papel. La intención está muy bien, pero si carece de emocionalidad pierde la esencia y la sinceridad.

Transformar la rabia en algo que pueda respirar es una imagen muy poderosa. ¿Qué te ha enseñado la música sobre la forma de gestionar lo que duele?

Creo que con el paso del tiempo he sido yo la persona que ha encontrado un refugio en esto. Una forma de hablar sin filtros y ser transparente. Escribir canciones sana, es como ir a terapia.

Tus canciones también funcionan como memoria: personas, escenas, gestos del día a día. ¿Te asusta que el tiempo borre esos recuerdos si no los conviertes en música?

La música viene cuando viene. Hay momentos muy felices y a la vez complicados que no he conseguido verbalizar. Aún así, me ha permitido guardar instantes que dentro de unos años me sacarán alguna sonrisa… Espero.

Tu proyecto avanza sin prisa y sin grandes focos mediáticos. ¿Elegir ese ritmo es una decisión consciente para proteger lo que haces?

Elegir ese ritmo es una decisión consciente para mi estabilidad mental. Estoy trabajando en ello, haciendo de cada canción algo sincero y sencillo que permita ayudarme a mí y a la gente que me escucha. Todo tiene su momento, y por ahora, debo centrarme en disfrutar de lo que hago y celebrar los pequeños logros. Tengo muy poco que perder.

Hablas de querer llegar lejos, pero sin obsesionarte ni perder el equilibrio. ¿Qué significa para ti el éxito si no tiene que ver solo con números o visibilidad?

El éxito para mí está en la libertad. Obviamente los números y el fanbase influyen. Si te dijera que no mentiría. Pero intento trabajar cada día en no desilusionarme si algo no funciona como yo esperaba. Ese trabajo mental es el más complicado en una persona tan autoexigente como yo.

Ser mejor artista y seguir siendo la misma persona no siempre van de la mano. ¿Dónde sientes hoy que está ese límite que no quieres cruzar?

Mi límite está en no perderme a mí mismo. En no olvidar de donde vengo, quien está conmigo y lo que soy. Creo que son los pilares fundamentales para que esto siga adelante por buen camino.

Si dentro de unos años alguien escucha tus canciones por primera vez, ¿qué te gustaría que sintiera de la persona que las escribió?

Me gustaría que sintiera cercanía. Que reconociera a alguien que estaba aprendiendo a vivir con honestidad, con miedo, con amor y con dudas. Que viera lo bueno en lo imperfecto, coraje en lo frágil, y humor en lo cotidiano. Que entendiera que quien las escribió estaba intentando conectar, más que impresionar; abrir un espacio donde otros también pudieran sentirse acompañados.