JACHELINE
Dices que desde muy pequeña la música fue la forma más natural de expresar tu mundo interior. ¿Qué recuerdas de esa primera vez en que cantar sirvió para decir algo que de otra manera no sabías cómo contar?
Crecí con la música en casa y, desde muy pequeña, siempre ha sido una parte fundamental de mi vida. Escuchaba música constantemente, hasta el punto de quedarme dormida cada noche con los auriculares puestos. Poco a poco empecé a escribir cosas, a cantarlas, a inventar melodías y a crear mis propias canciones. Creo que, sin darme cuenta, estaba encontrando mi propia manera de expresar lo que llevaba dentro.La música se convirtió en ese lugar donde podía ser yo misma y expresar lo que sentía con libertad. Con el tiempo entendí que, para mí, cantar no era solamente interpretar, sino también escribir y componer. Hoy sigo sintiendo esa misma necesidad de transformar mis emociones, mis experiencias y mis pensamientos en música para poder compartirlos con los demás.
2. Eres italiana, de origen árabe, y hoy escribes y cantas en español. ¿Cómo conviven esas tres raíces dentro de tu voz, y qué le da cada una a tu forma de hacer música?
Creo que mis raíces forman parte de mi identidad, tanto personal como artística. Ser italiana, tener origen árabe y expresarme musicalmente en español me ha permitido crecer entre distintas sensibilidades y maneras de sentir. No lo vivo como tres mundos separados, sino como partes de una misma identidad que conviven dentro de mí.
El español es el idioma en el que he encontrado mi voz como compositora y en el que hoy siento la necesidad de contar mis historias. Me permite expresar emociones de una manera muy directa, íntima y cercana. Creo que toda esa mezcla se refleja en mi forma de interpretar, en mi sensibilidad y en mi deseo de crear una música que no tenga que encajar en una sola categoría.
Pasaste más de una década sosteniendo la voz de otros, de Zucchero a Laura Pausini, antes de ponerte delante. ¿Qué se siente al pasar de ser el coro que acompaña a ser la voz que lidera?
Acompañar a otros artistas durante tantos años ha sido una escuela extraordinaria. He aprendido muchísimo sobre la voz, el escenario, la interpretación, la disciplina y todo el trabajo que hay detrás de una gran producción. He tenido la oportunidad de vivir la música desde dentro y de aprender de artistas con trayectorias muy importantes.
Pero llega un momento en el que sientes la necesidad de contar tu propia historia. Pasar de acompañar otras voces a poner la mía en el centro ha sido un paso muy personal, que requiere valentía y también mucha honestidad. Como corista, mi voz contribuía a contar la historia de otra persona; ahora tengo la oportunidad de compartir la mía y de dar espacio a mis propias canciones. Al final, la vida es una y creo que hay que atreverse a hacer lo que de verdad sientes. Cuando algo dentro de ti te pide dar ese paso, llega un momento en el que tienes que confiar en ti misma y lanzarte.
Tus raíces góspel aportan una fuerza interpretativa muy particular a un sonido pop y electrónico. ¿Qué te dio el góspel que no quieres perder por muy contemporáneo que suene tu proyecto?
El góspel me ha enseñado que cantar no es solamente una cuestión técnica, sino también emocional. Me ha dado una conexión muy profunda con la voz, con la interpretación y con la capacidad de transmitir algo verdadero a través de la música.
Aunque mi proyecto explore sonidos pop y electrónicos, no quiero perder nunca esa profundidad. Me interesa combinar una producción contemporánea con una interpretación que tenga alma, que transmita vulnerabilidad, fuerza y emoción. Para mí, la tecnología y los sonidos modernos son herramientas creativas fundamentales para explorar nuevas posibilidades, construir atmósferas y dar personalidad a cada canción. La voz, la producción y los elementos electrónicos tienen su propio lenguaje y, cuando se unen, pueden crear algo muy especial. Lo importante para mí es que todos esos elementos convivan y se complementen para conseguir transmitir una emoción y crear una experiencia musical que llegue a quien la escucha.
Dices que tu universo nace de la necesidad de transformar experiencias personales en canciones, donde conviven vulnerabilidad y fuerza. ¿Cómo es ese momento en el que algo que viviste se convierte en una canción?
Normalmente, todo comienza con una emoción que se queda conmigo. Puede ser algo que he vivido, una contradicción, una pregunta o una sensación que necesito comprender. A veces no sé inmediatamente qué significa, pero siento la necesidad de expresarla.
Cuando empiezo a escribir, intento no juzgar demasiado lo que sale. Me interesa conservar la verdad de esa emoción y encontrar las palabras, las melodías y los sonidos que mejor la representen. Después llega el trabajo de convertir esa primera sensación en una canción, darle estructura y construir un universo alrededor de ella.
“Fiebre” marca una nueva etapa en tu carrera. ¿Qué parte de ti aparece en esta canción que no se había asomado antes en tu música?
Con «Fiebre» siento que muestro una parte de mí con más libertad, tanto a nivel emocional como artístico. Es una canción que me permitió explorar nuevas sensaciones y expresarme de una manera diferente, sin tener miedo de mostrar distintas facetas de mí.
Más allá de la historia que cuenta, para mí representa una evolución en mi manera de entender y crear música. Quiero explorar sonidos, atmósferas y emociones sin sentir que tengo que responder siempre a una única imagen de mí. Me interesa que cada canción abra una puerta diferente y que, al mismo tiempo, todas formen parte de un mismo universo. Con «Fiebre» empecé a dar más espacio a esa libertad, tanto en lo que quiero contar como en la forma de transmitirlo a través del sonido, la voz y la emoción.
Tras años en escenarios y producciones internacionales, decidiste arrancar tu proyecto en español y con lenguaje propio. ¿Por qué el español, y por qué ahora?
Participar en el DONA Festival ha sido una oportunidad muy especial para compartir mi música y mostrar quién soy como artista y compositora. Me encantó formar parte de un espacio que da visibilidad a las mujeres en la escena musical y poder aportar mi propia voz desde mi experiencia.
La voz que quiero construir es honesta, libre y con personalidad. Quiero seguir creciendo como artista, explorar diferentes sonidos y emociones y tener la libertad de contar las historias que me nazcan en cada momento. Creo que no existe una única manera de ser mujer ni de expresarse artísticamente, y me gustaría que mi música reflejara esa libertad, sin tener que encajar en ninguna etiqueta. Para mí, lo importante es ser fiel a mí misma y construir un universo musical propio.
Presentaste tu propuesta en el Dona Festival, dedicado a las voces femeninas. ¿Qué significa para ti ocupar ese espacio como cantautora, y qué voz sientes que estás construyendo?
El aprendizaje más incómodo es que no hay ni tiempo ni recursos para desarrollar todo lo que me gustaría hacer con el proyecto y que, al final, tengo que estar orgulloso de lo que voy haciendo (aunque los delirios de grandeza lo dificulten). Agradezco todos y cada uno de los segundos que me dejan estar encima del escenario, pero cuando mejor me lo estoy pasando me tengo que bajar.
Por lo menos, al autoproducirme y editarme, puedo hacer la música exactamente como a mí me gusta, pero todo lo demás depende de un gran esfuerzo colaborativo con personas que tienen ganas de ayudar y crear en equipo, como en el videoclip que hemos hecho para “AHORA QUE NO ESTOY AQUÍ”, dirigido por Aurora Medina, hecho en muy poco tiempo y con escasos recursos. Siempre estoy arrastrando a mis amigos para que me ayuden a colgar carteles, acompañarme a bolos o montar una sesión de fotos en casa. Y siempre lo hacen porque son los mejores.
Buscas que cada canción cree una atmósfera envolvente en la que el público se identifique. ¿Cuál ha sido el aprendizaje más difícil de estos primeros años construyendo tu identidad como solista?
Creo que uno de los mayores aprendizajes ha sido confiar en mi propia voz, no solo en el sentido musical, sino también en lo que tengo que decir como artista.
Cuando has pasado tantos años formando parte de proyectos de otras personas, aprendes a escuchar, a adaptarte y a contribuir a una visión compartida. Construir un proyecto propio requiere algo diferente: tomar decisiones, asumir la responsabilidad de tu identidad y aceptar que no puedes controlar cómo va a recibir el público lo que haces.
También he aprendido que encontrar una identidad artística lleva tiempo. No se trata de tener todas las respuestas desde el primer día, sino de permitirte experimentar, equivocarte y descubrir qué te representa de verdad. Para mí, la resiliencia consiste en seguir avanzando sin perder la honestidad con la que empecé. Prefiero evolucionar de manera auténtica antes que intentar convertirme en algo que no soy.
Tu proyecto habla de búsqueda constante de nuevos sonidos. ¿Hacia dónde quieres que crezca Jacheline, y qué le dirías a alguien que lleva años acompañando a otros sin atreverse a dar el paso al frente?
Quiero que Jacheline siga creciendo como un universo artístico en constante evolución, donde la música, la voz, las letras y la parte visual estén conectadas. Me interesa explorar nuevos sonidos y crear canciones que no solo se escuchen, sino que también te hagan entrar en una atmósfera y sentir algo. Quiero seguir experimentando sin perder la identidad emocional que hay detrás de mi música.
A quienes llevan años acompañando a otros artistas y sienten el deseo de dar el paso hacia un proyecto propio, les diría que nunca se empieza desde cero. Todo lo que has aprendido, cada escenario, cada experiencia y cada dificultad forman parte de lo que puedes aportar. Es normal tener miedo, porque mostrar tu propia voz significa exponerte de una manera diferente. Pero no necesitas tenerlo todo resuelto para empezar; necesitas encontrar algo que realmente tengas ganas de contar y atreverte a darle espacio. Al final, la vida es una y hay que hacer lo que de verdad sientes, sin quedarte con las ganas de intentarlo.