IZOTZ
"Ama, no soy artista" es una frase casi confesional, pero también provocadora. ¿Recuerdas el momento concreto en el que decidiste convertirla en el corazón de la canción?
Pues realmente siempre fue el corazón de la canción de alguna manera. Recuerdo tener esa frase escrita en mi libreta durante mucho tiempo… sabía que quería que formara parte de este nuevo proyecto en el que estoy trabajando, y realmente, no fue hasta el momento de atar un poco cual quería que fuese el primer single del proyecto que me puse a componerla. Tenía tan claro de qué quería hablar que la tenía incluso un poco atascada; pero una vez me senté a componer, dejando los prejuicios y exigencias a un lado, nació prácticamente sola. De hecho, en una tarde ya tenía la maqueta.
La canción nace de una contradicción muy común en tu generación: querer crear desde la honestidad, pero medirse en métricas. ¿Cuándo notaste por primera vez que esa presión empezaba a contaminar tu proceso creativo?
Creo que al final es algo que siempre ha estado ahí. Ya no como artista, que al final no es más que una metáfora o una forma de englobar algo más grande, sino como forma en la que enfrentamos las aspiraciones o metas. También creo que es algo muy generacional; esta incertidumbre constante, este miedo a no lograr todos esos sueños que teníamos de pequeños. Más que nada es una canción sobre ese primer enfrentamiento interno entre todo lo que te creías capaz de hacer y el golpe de realidad que llega con la madurez, casi como un proceso de aceptación de que no lograrás todo aquello, o un golpe sobre la mesa que manifiesta que ni siquiera necesitas ‘ser artista’, con estar orgulloso de lo que haces es más que suficiente.
Eliges la ironía para hablar de algo que en el fondo duele. ¿Qué te permite contar la ironía que no te dejaría decir una canción más directa?
Tiendo mucho a esto… Siempre digo que mis canciones nunca hablan de lo que parece en una primera escucha. Creo que esta canción en especial era muy importante abordarla desde un lado irónico, pues ya viene esa ironía dada en el propio título de la canción, transformando la mítica frase ‘Mamá, quiero ser artista’ en algo más oscuro y negativo. Un sonido aparentemente jocoso detrás del que se esconden letras algo más tristes. Me encanta jugar con este tipo de contrastes.
Además, también hay una intención narrativa clara, ya que intenté que el tema tuviera cierta semejanza a un intento fallido de artista, si es que algo así existe…- esa pequeña línea entre lo mainstream y lo alternativo, que se difumina con estructuras, procesos y letras no tan convencionales.
El "ama" del título apunta directamente a una figura íntima. ¿Qué papel tiene en esta canción tu relación con quienes te han acompañado desde el principio del proyecto?
Tiene un papel fundamental desde luego. Mi familia siempre me ha apoyado en mis locuras, y tanto mis padres, como mi hermana Izaro, han sido un pilar fundamental en el que buscar refugio. Desde pequeño he manifestado mi intención de ser artista, me acuerdo de los espectáculos que montaba para ellos. De ahí un poco la idea de tener que admitir el hecho de que no eres artista a alguien que tanto te ha apoyado. Una forma de ahondar en el miedo a defraudar a los demás, o a uno mismo, que en este caso se manifiesta mediante una figura tan cercana, ¿qué mayor punto de apoyo que una madre?
Hablas del miedo a no estar a la altura de lo que se espera de un artista. ¿Qué estás dispuesto a perder para no traicionar lo que quieres decir?
Si hablamos en lo respectivo a la industria, nunca escribo mis canciones desde un punto de vista comercial o con intención de publicarlas de forma obligada. Para mí es algo más terapéutico, una forma de ordenar mis ideas y poder expresarlas de una forma más clara.
Al fin y al cabo, son una especie de ventana a mi cuarto, en el que no vas a encontrar mucho más que un chaval tirado en el suelo, libreta en mano y con el teclado a un costado, intentando darle algo de sentido a toda esta aventura que es crecer e ir entendiéndose a sí mismo poco a poco. Dudo mucho que salga de esta dinámica, escribo música para mí, no para ser escuchada, y creo que eso involuntariamente conecta mucho más.
Tu sonido se mueve entre lo orgánico y lo electrónico, entre vulnerabilidad e intensidad. ¿Esa tensión refleja algo que también te pasa a ti fuera de la música?
Desde luego. Que ilusión que se perciba así. Considero que soy una persona muy pasional, vivo todo con mucha intensidad, tanto lo bueno como lo malo. Creo que de ahí estos contrastes sonoros. La salud mental es uno de los temas centrales de mi proyecto, e intento crear estos mundos en los que lo más electrónico, o artificial, irrumpe y distorsiona de cierta forma esta organicidad de la que hablamos. El ser vulnerable y aceptar mis propios defectos, frente a este ruido mental que manipula la realidad, al igual que hace a nivel sonoro.
Ahora mismo estoy en una especie de punto de transición, en el que estas disrupciones se vuelven cada vez más presentes e intensas. Mi música siempre refleja lo que voy viviendo en las etapas de mi vida en que la voy escribiendo.
La industria empuja a producir constantemente para "demostrar" valor. ¿Cómo distingues entre un estancamiento real y simplemente no ir al ritmo que el algoritmo exige?
Creo que aquí entran muchos factores en juego. Al fin y al cabo, hacer música es lo que a muchos nos mueve, pero requiere de muchos recursos de los que, por lo general, como artistas emergentes no disponemos. Para mí, lo más importante es ser fiel a uno mismo y a lo que siento, creo que eso conecta más con la gente que cualquier algoritmo.
No tengo una audiencia muy amplia, pero algo que he descubierto últimamente es que la gente que descubre mi música, se queda, vuelve a escuchar, y para mí eso vale más que cualquier reconocimiento de la industria.
Al igual que sobre el estancamiento, a veces no pensar en hacer música y solo sentirla permite componer con mayor claridad y honestidad. Hay momentos de mayor sequía creativa, por supuesto; pero cuando pega, lo hace fuerte, y eso lo sientes, no porque la canción sea buena, sino porque es real.
El videoclip se rodó en el Real Coliseo Carlos III, un espacio con mucho peso visual e histórico. ¿Qué querías que ese lugar dijera por ti sin tener que cantarlo?
Si, fue todo un privilegio rodar allí. Además, nos pusieron todas las facilidades del mundo y se implicaron con el proyecto desde el inicio.
Cuando planteo mis mundos visuales lo hago siempre desde un punto de vista que expanda más allá la narrativa de la canción. Rodar en un teatro histórico, en el que han actuado cantidad de ‘artistas reales’ y poder jugar con este concepto del don nadie que sueña con ser artista cuando nadie lo vé era exactamente lo que buscábamos para el videoclip. Además, es un teatro precioso, que a pesar de su valor histórico, estuvo a punto de ser demolido por estado de abandono – como una antigua joya que ha perdido la fama, y que ha logrado resurgir más fuerte que nunca. Los lugares también son arte y este espacio desde luego que lo es.
Hay toda una generación de músicos emergentes atravesando lo mismo que describes en la canción. ¿Crees que entre vosotros se habla de esto de verdad, o cada uno lo carga en privado?
No creo que esté en posición de poder hablar por todos. Personalmente, tengo la gran fortuna de estar rodeado de amigos que se dedican a la música; y si, es algo de lo que se habla. Vivimos en la era de las redes y los algoritmos, no se impulsa nada por su valor artístico, sino más bien por el valor monetario que pueda aportar a una entidad que está incluso por encima del artista. Aunque también creo que dentro de la escena emergente es algo que se pasa más por alto. Al final, somos músicos que lo apostamos todo a un proyecto sin una empresa exigiendonos resultados por detrás, eso también es liberador y nos permite ser nosotros mismos.
El apoyo entre nosotros también es fundamental. Sobre todo entre artistas, este proyecto no sería nada sin todas las maravillosas personas que trabajan desde el corazón para que vaya saliendo adelante – eso también crea una conciencia más global, diversa y que mejora el proyecto en todos los aspectos.
Aunque también creo que mi generación es muy consciente de lo difícil que tenemos poder hacer lo que nos gusta en general, asique creo que es un mensaje que cala bastante en la sociedad actual. No se, vayamos a esos conciertos en salas pequeñas, apoyemos el talento local y sin recursos, porque seamos sinceros, ahí es donde está el futuro de la música.
Si alguien escucha "Ama, no soy artista" dentro de diez años, ¿qué te gustaría que entendiera sobre cómo era intentar ser artista en este momento exacto?
Creo que más que ser artista, es una cuestión más global. Crecer en un mundo que busca resultados constantes y en la mayor brevedad de tiempo posible es agotador. Si es que alguien escucha mi música dentro de 10 años, sería maravilloso que pueda mirar hacia atrás y darse cuenta de que todo ese esfuerzo que hizo cuando las cosas no pintaban nada bien le han llevado a donde está. Que sea una forma de reconectar con esos sueños que teníamos de pequeños y apreciar lo muy orgulloso que aquellos niños y niñas estarían de que sigamos luchando por ellos.