EMMA DE BENITO

Tu proyecto nace entre el R&B y el neo soul, pero en cada lanzamiento parece abrirse a nuevas texturas. ¿Sientes que estás buscando un sonido propio… o más bien un lugar emocional desde el que cantar?

Si te contara que estoy buscando un sonido propio te mentiría. Yo voy al estudio a pasármelo bien con mi colega Dani y a ver qué sale. Hay días muy buenos y otros más normalitos.

Desde “Bound 2 U” hasta “SERVIN_G” se percibe una evolución muy rápida en poco tiempo. ¿Qué ha cambiado dentro de ti entre esas primeras canciones y el universo que estás construyendo ahora?

Desde “Bound 2 U” hasta “SERVIN_G” lo que imagino que ha cambiado he sido yo, simplemente, el tiempo. Cada canción es un momento de mi vida, la música va agarrada de la manita de las experiencias, de la gente que aparece, de los amores, de los espacios que frecuento y comparto en la calle, de la música que estoy escuchando en cada etapa. Todo eso se cuela en el estudio. El universo que hemos construido sale de ahí, junto al Dani, al final creo que las canciones, se van haciendo ellas.

Tu primer EP, “dos días sin dios”, parte de una ruptura y de una desconexión profunda. ¿Qué tipo de silencio aparece cuando una relación se rompe de verdad?

No sé si exactamente lo que aparece es silencio. En mi caso, en las rupturas aparecen muchas emociones que se pisan entre sí; me quedo como un pajarillo desorientado. Se caen muchas partes nuestras al mismo tiempo, y una se queda mirando los restos, tratando de entender qué sigue vivo. Antes las atravesaba desde un lugar quizá más autodestructivo. Hoy busco otra cosa. Busco ver lo bueno que queda, hay belleza en reconstruirse despacio.

En el EP conviven dolor y deseo como fuerzas opuestas pero inseparables. ¿Crees que amar siempre implica una forma de herida… o todavía confías en lo contrario?

Creo que amar siempre roza la herida que una trae,sí. Pero como consecuencia de estar vivos. Cuando uno ama ahí entra todo. No veo la herida como algo oscuro. A veces es una puerta. El dolor y el deseo se parecen más de lo que creemos: los dos nacen del mismo lugar, de querer tocar algo que importa. Amar es exponerse, es aceptar que eres vulnerable, Sigo confiando en que hay amores que no rompen, y que enseñan. Que dejan marcas suaves. Y aunque duela a veces, creo que nadie pasa por la vida intacto.

Hay una sensación muy humana de contradicción en todo el proyecto. ¿Te interesa mostrarte vulnerable en la música o es algo que simplemente ocurre cuando escribes?

No sé si me interesa como objetivo. No me siento a escribir pensando “voy a ser vulnerable ahora”. Más bien ocurre. Cuando escribo intento no intervenir demasiado. Y si lo que aparece es fragilidad, pues ahí se queda. Abrir una puerta y dejar que entre lo que tenga que entrar. A veces es fuerza, a veces es deseo, a veces es miedo.

Tu propuesta también tiene una dimensión estética muy cuidada, casi narrativa. ¿Piensas tus canciones como escenas de una historia más grande?

Creo que cada canción recoge un momento, y cuando las juntas aparece un relato que no planeas del todo, pero que ya estaba ahí. Hay símbolos que se repiten. Y una va escuchándose a sí misma, dejando que quien escucha complete el resto.

En cuanto a la parte estética, el proyecto depende mucho de cada canción y de cada momento. Algunas ideas surgen durante el proceso, en una demo; otras, cuando ya tengo el último máster. Lo visual siempre me ha interesado mucho, y me gustaría hacer más cosas tanto en mi propio proyecto como en el de otros artistas.

Trabajar con DSSO en la producción parece haber abierto nuevas posibilidades sonoras. ¿Qué descubriste sobre tu propia voz durante ese proceso de experimentación?

Con Dani he aprendido de todo. Es un tío muy sensible. Creo que entiende muy bien a los artistas porque él también lo es. Desde que lo conozco hace casi 10 años siempre ha tenido mil inquietudes artísticas, como buen piscis, y esa mezcla de intuición y oficio es un regalo.

A mí me ha ayudado mucho a conocerme. A reconocer lo bien que se me dan algunas cosas y a aceptar que otras no tengo que hacerlas sola. Me cuesta muchísimo delegar, pero él entiende eso, sin que tenga que explicarlo. 

En lo técnico, he descubierto que mi voz no necesita ser forzada para hacerse escuchar. Que cuando hago melodías más sencillas o dulces, también pasan cosas.

Las canciones del EP duran poco más de dieciséis minutos en total, casi como un fragmento de algo mayor. ¿Este proyecto es un cierre… o el comienzo real de tu camino artístico?

No lo siento como un cierre. Los cierres suelen venir con conclusiones, y yo ahora mismo estoy llena de preguntas. Este EP es el momento en el que dices: “vale, hasta aquí llegué siendo quien era… ahora vamos a ver quién soy”. Para mí es el comienzo porque no estoy intentando gustar, ni encajar, ni demostrar nada. Dieciséis minutos pueden parecer poco, pero están llenos de intención, no de hacer algo grande, sino por necesidad. Así que no, no es un cierre. Es un paso sin pedir permiso.

En tus letras aparece una intimidad que no busca idealizar el amor. ¿Sientes que tu generación está aprendiendo a querer de otra manera?

Nuestra generación está teniendo conversaciones que antes ni se nombraban. Estamos cuestionando todo, aprendiendo sobre la marcha… yo la primera. Amar distinto implica revisar lo que dábamos por hecho. Mis amigas, mi gente, mi generación estamos intentando construir vínculos más horizontales y más conscientes. En mis letras no idealizo el amor. Porque el amor también se equivoca. Pero aun así estoy segura de que amar es la única manera real de combatir esta sociedad cada vez más individualista.

Si alguien escucha “dos días sin dios” dentro de muchos años, ¿qué te gustaría que entendiera sobre la persona que eras cuando lo escribiste?

Si dentro de muchos años alguien escucha “DOS DÍAS SIN DIOS”, me gustaría que entendiera que era una chavala de Sevilla, enamorada de la música, que se puso a escribir lo que le pasaba entre los 23 y los 25 años, con las letrillas que me salían, que me divertía.