DARÍO PEINADO

En el texto que nos compartes apareces comparado con un “armónico”: un instrumento híbrido, nacido del amor entre dos mundos. ¿En qué momento sentiste que tu forma de crear no encajaba en un solo lenguaje y necesitaba mezclarse para existir?

Siempre sentí una conexión única con la vida y con el propósito de servir al mundo, transformarlo, entregar algo nuevo, un nuevo horizonte, una nueva forma de pensar, de sentir y de actuar. Entregar paz y ser amor sin condición para unir esos dos mundos que son el de la luz y la oscuridad, el del cielo y la tierra, el de la riqueza y la pobreza…unirnos a todos como la gran familia estelar que somos.

Mezclarme en las distintas clases sociales es nutrirme de todo lo que la existencia nos ha dado para aprender, crecer, evolucionar discernir, elevarnos, ascender en conciencia como seres humanos en esta tierra.

Desde que nací soy una persona con una gran curiosidad en todo lo que me rodea y lo que está en mi interior, sentí las ganas de crear a mi manera y con mis formas ya que vengo a dar algo que no es común, que no encaja en este sistema establecido de vida pero que necesita coexistir con el resto, mezclarse y estar en el centro, desde ahí establecer un nuevo futuro basado en la consciencia del universo.

Tengo la necesidad de crear un nuevo mundo con valores renovados y que hagan expandir nuestro espíritu, nuestra mente y nuestra alma.

Tu poesía parece nacer de la escucha más que de la palabra. ¿Qué significa para ti escuchar de verdad a alguien antes de escribirle un poema?

Escuchar a alguien de verdad es mantenerme en silencio absoluto, es poner toda mi atención a todo lo que la persona me está expresando, comunicando y no solo con las palabras si no con el cuerpo, la mente, las emociones, sus sentimientos, su energía. 

Me entrego al completo a la persona que se sienta al lado mía o frente a mí porque sé que darle esa atención hace que la persona se sienta amada, elegida, arropada.

Improvisas versos en la calle, en espacios donde todo es tránsito y ruido. ¿Qué te devuelve la calle que no te da el papel en blanco?

La calle me da encuentros inesperados, sucesos que no podrías ni imaginar, encuentros efímeros pero profundos que me nutren. La calle me da amigos, familia, amor, sorpresas, experiencias que quedan en mi para toda la vida, en mi memoria, en mi corazón.

Existen cientos, miles de cosas que me ocurren, me suceden solo con el hecho de sentarme en medio de una calle a estar en quietud, meditativo y como observador del tránsito.

Hablas de sanar, pero también de no renunciar a los principios. ¿Dónde está el límite entre acompañar a otros y no perderte a ti mismo en ese proceso?

El límite lo pongo claro siempre, he aprendido que es algo importante para uno estar bien consigo mismo sin perderse. Me entrego hasta el punto que siento oportuno, que siento que es sano para mi y que la persona necesita, más allá de eso hay un campo amplio donde yo ya no voy y es la misma persona que debe caminar para su propia experiencia sin yo seguir sosteniendo lo que no me corresponde. Sostener a los demás está buenísimo como formar de ayudar pero no olvidarse que antes uno debe estar sostenido, sano para poder ayudar a sanar al resto.

‘Poesía al momento – para sanar el alma’ cumple ya ocho años. ¿Cómo ha cambiado tu mirada —y tu forma de sostener el dolor ajeno— desde que comenzaste hasta hoy?

Durante todo este tiempo terrenal mi mirada no dejó de ser pero si que cambió, se transformó con el paso de los años, los encuentros, las historias escuchadas. Me ha ayudado mucho a ser mejor persona, a empatizar con el resto del mundo y soltar juicios que sostenía desde mis heridas, mi pasado. Sostener el dolor ajeno al principio era complicado, difícil pero al comprender que el dolor de los demás no es el mío he podido iniciar, despertar la capacidad de que si me atraviesa puedo soltarlo y que siga su sendero. En eso me ha ayudado mucho el reiki y las distintas filosofías, culturas, religiones que se nos han transmitido y he conocido.

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Ahora impulsas ‘Terapia de profundidad íntima’, uniendo poesía, escucha y cuerpo. ¿Cuándo sentiste que la poesía sola ya no era suficiente y necesitaba encarnarse más?

Todo lo que hago es un conjunto de conocimientos, sabiduría y herramientas que he escogido utilizar para conseguir lo que anhelo que sea realidad, verdad. Una de esas cosas es que la mente de las personas, del mundo se expanda, se abra a nuevas posibilidades como cumplir sus sueños, encontrar la calma en sus pensamientos, hallar su verdadero ser que eligió vivir en su cuerpo y hallar el poder, la fuerza del espíritu. Siempre sentí y supe que basarme solo en la poesía era limitarme y limitar el objetivo anteriormente expuesto.

Practicas ashtanga yoga y te estás formando como maestro. ¿Qué relación encuentras entre la disciplina física y la libertad creativa?

Todas las mañanas me levanto antes del sol para dar las gracias al día por la oportunidad de seguir viviendo y poder experimentar la vida, ser iluminado con sus rayos y todo lo que es. 

Consiste en tener disciplina, rigor por lo que hago y constancia para tener mi cuerpo sano y que sea libre de moverse como naturalmente es. 

Practico Ashtanga Yoga desde no hace mucho asi que aún soy un estudiante de la práctica en si y de la cultura indú. Es algo que me apasiona, me conecta, me trae a tierra y a mi interior. Es algo que me sana, me cura, me da flexibilidad y fuerza. Es una práctica para escucharme, sentirme y observarme de todas las maneras posibles. Es otra forma de creación artística y de libertad.

Viajas a Buenos Aires y Friburgo para compartir tu arte. ¿Qué cambia en tu poesía cuando atraviesa otros territorios y otras heridas colectivas?

Lo primero que el viaje a Buenos Aires es un sueño cumplido y a Friburgo un nuevo lugar, país al que voy a ir. 

Mi poesía no cambia porque hallé los temas por los cuales expresar lo que las personas me cuentan, temas como el universo, la naturaleza, la consciencia, el amor.

Al encontrarme en nuevos territorios la experiencia es muy enriquecedora claro está al exponerme a nuevos espacios, a nuevas personas con diferentes pensamientos, formas de vivir, coexistir y actuar respecto al resto de lugares en los que estuve.

Estás preparando tu cuarto libro, escrito a máquina en plena calle. ¿Por qué volver a la máquina de escribir en un mundo dominado por la inmediatez digital?

La mayoría de las cosas que me han sucedido, han llegado a mí ha sido gracias a la vida que me las trajo y bueno a mi también que siempre me moví impulsado por mis sentimientos, mi instinto. Volver a la máquina de escribir fue gracias a que alguien me regaló una y me lancé a crear poemas con ella en plena Feria del Libro de Madrid allá por el año 2017. Usar la máquina de escribir también te trae una acción inmediata porque lo escrito está al momento en un papel sin intermediario como una impresora o como tener que corregir lo creado, lo escrito pero también me da un momento de pausa, encuentro mi propio ritmo al teclear. Es un gesto, acto de rebeldía, de resistencia a lo digital para que no se pierda la creación manual y dejar de lado por un momento las pantallas que tanto tienen a la sociedad enganchada, manipulada.

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Si tu obra tuviera una única misión —más allá de sanar, emocionar o acompañar—, ¿cuál sería hoy?

Mi misión en esta vida es la de acabar con la guerra interna de las personas, ayudar, acompañar a que eso suceda y así vivir en armonía, equilibrio y paz eterna. Una utopía dirían algunos pero real porque sé que así es, así sucede y así será por la gracia de dios.