CARLA DELGADO
Tu música nace de una búsqueda personal muy profunda y de una conexión directa con la vida. ¿En qué momento sentiste que esa búsqueda interior necesitaba convertirse en canciones compartidas con los demás?
En mi caso, compartir lo íntimo y vulnerable no se trató de una elección sino más bien de una necesidad personal, una necesidad de mostrar realmente cómo soy, las cosas que siento y cómo las siento, digamos que hay algo dentro de mí que siempre me impulsa a ser fiel a mi misma.
Por supuesto esto es algo que a mi me nació hacer por y para mí; para sentirme más coherente con quien soy y para estar en sintonía con lo que muestro. No obstante el impacto que esto puede tener de puertas afuera puede tener una magnitud mucho mayor de lo que imaginaba, cómo por ejemplo inspirar o hacerles sentir la capacidad de reconectar con ellos mismos o con sensaciones con las que que nunca o casi nunca se permiten explorar.
Abrazar la vulnerabilidad es algo que yo llevo haciendo muchos años. Me parece lo más valioso que tenemos y es precioso poder compartirla y que el mundo la reciba con los brazos abiertos, es aún más bonito cuando a su vez, ellos también se permiten mostrarse vulnerables.
En tus obras se percibe una identidad muy clara y una voz emocional cercana. ¿Qué partes de ti aparecen cuando cantas que quizá no existen en ningún otro lugar?
Cuando canto, sobre todo en público, siento que soy mi versión más pura; Carla con todos mis miedos, Carla con todos mis sueños, Carla con todas mis ganas, Carla con todas mis ansiedades, Carla con todas mis alegrías… Carla.
Con mi voz, cuando canto en directo con un público mirando y escuchando, trato de acercarme tanto a toda esa gente que hasta siento que puedo llegar a tocar su interior, es como si empatizara con todos esos sentimientos y emociones que tienen y que ni siquiera conozco. Pero hay veces que no hace falta conocer a esa gente ni saber por qué momento emocional están pasando, hay veces que con mirarse y cantarles vale. Y ahí está todo, ahí está la magia, la conexión y el amor.
El EP Los Cinco Elementos habla de transformación, raíz y esencia. ¿De qué tuviste que desprenderte para poder llegar a ese estado de pureza creativa?
En realidad no sentí que tuviera que desprenderme de nada. Más que dejar ir, fue un proceso de escucharme, de ir encontrando y reconociendo lo que ya estaba en mí.
Los Cinco Elementos es un desahogo de sentimientos muy fuertes; el anhelo, el vacío, la ansiedad, el amor, la soledad, nostalgia, ilusión, fantasía… que he ido experimentando a lo largo de estos últimos años y que son precisamente éstos los que me han hecho ser la persona que soy hoy en día. Así que podría decirse que este EP son diferentes capítulos de mi vida.
La naturaleza, aire, agua, tierra, fuego y éter, atraviesa todo el proyecto como un espejo interior. ¿Hay algún elemento que sientas especialmente tuyo en este momento de vida?
En este momento de mi vida siento que estoy muy conectada con el AGUA, estoy en un punto de mi carrera en el que quiero empezar a explorar con sonidos más ajenos a lo que suelo hacer. Me apetece experimentar y sumergirme en algo completamente fuera de mi zona de confort.
El AGUA siento que está siendo un elemento clave en ésta búsqueda y exploración; por los sonidos nuevos que estoy encontrando y por cómo me siento al nadar con ellos.
Además siendo el AGUA un elemento que fluye, yo me sumerjo sin miedo en él.
Tu sonido apuesta por lo orgánico y delicado, dejando que la voz sea el centro. En un mundo tan saturado de estímulos, ¿la sencillez es una decisión estética o una necesidad emocional?
Menos es más.
Es una frase a la que recurro mucho y siempre tiene razón!
De toda la vida me han transmitido más las canciones en crudo, con una guitarra y voz e igual algún detallito más, pero desnudas. Coincide que a mí siempre me ha gustado hacerlo de esta manera, me parece que si algo así consigue transmitir a alguien entonces, te has pasado el juego.
Escucho música de todo tipo, y amo la música en todas sus formas, pero cuando se me aparece una canción en la que la voz es la protagonista y los instrumentos la abrazan sin invadirla, conecto de inmediato.
Supongo que, como eso es lo que más me emociona, mi objetivo es lograr lo mismo con mi música: que alguien pueda sentir lo que yo siento cuando escucho una canción así.
Tus canciones transmiten presencia, honestidad y sensibilidad. ¿Crees que hoy escuchar con calma puede ser un acto casi revolucionario?
Desde luego que sí, desgraciadamente ahora todo va tan rápido que no te da tiempo a saborear nada, entonces… ¿cómo sabes si realmente te ha gustado si ni siquiera lo has masticado, solamente te lo has tragado de golpe?
Pero tampoco nos hacemos esta pregunta porque ya estamos pasando a escuchar la siguiente canción y la siguiente y la siguiente… sin detenernos.
Nos falta parar, respirar cómo es debido y no hiperventilar.
El problema es la cantidad de estímulos por segundo que tenemos, eso es lo que nos hace dar pasos de gigante en vez de pasear lentamente disfrutando de las vistas, apreciando el camino.
Yo me incluyo en muchos aspectos, a día de hoy es muy difícil no haber sido condicionado y sometido a esta rapidez que hay. Por eso, para mí, crear música también es una forma de resistencia. Es mi manera de detener el tiempo, de obligarme a escuchar de verdad, de quedarme un poco más en cada emoción. Ya que las canciones al final son eso, un lugar donde quedarse, no algo que consumir y olvidar.
Este nuevo trabajo marca una evolución artística y personal respecto a Los Cinco Elementos. ¿Qué parte de la antigua Carla sientes que ya no está… y cuál permanece intacta?
La esencia siempre permanece, es como el alma, siempre intacta.
Ahí está lo bonito, que nada de lo que soy muere, simplemente se transforma en otra cosa.
En este caso la transformación deja atrás lo que ya conocía, para adentrarse en lo que aún desconozco. Me encanta pensar que hay mil mundos que explorar a parte de aquel en el que ya vivo.
Dejo atrás mi territorio conocido, mi espacio de seguridad.
Siempre he compuesto mis canciones con una guitarra, unos acordes y después una melodía que acababa acompañándose de una letra. Ahora me tienta la idea de poder hacer música cambiando el orden de los factores, cambiando incluso la guitarra por otros instrumentos o simplemente por sonidos electrónicos… hay tantas combinaciones que cada canción se convierte en un laboratorio, un espacio para explorar sin reglas fijas.
Tu música parece invitar a mirar hacia dentro más que hacia fuera. ¿Qué te gustaría que alguien descubriera de sí mismo al escucharte?
Su amor, su capacidad de amar, el mirarse por dentro y reconocerse tal y cómo es, sin juicios. También me gustaría que pudiera encontrar su vulnerabilidad, mirarla, aceptarla, sentirla y compartirla.
Si alguien consiguiera esto, sería el mayor de mis éxitos.
Entre emoción, verdad y madurez sonora, se abre una nueva etapa creativa. ¿Sientes más vértigo o más libertad cuando piensas en todo lo que viene ahora?
Siento muchas muchas cosas, pero desde luego que lo que predomina son: unas ganas inabarcables.
Me pica mucho la curiosidad de ver hasta dónde soy capaz. Verme en esas tesituras y conocerme más, sorprenderme a mí misma. Siento mucha libertad pero también voy con mucho respeto a nadar en aguas que nunca he nadado.
Siento vértigo pero del bueno, del que me impulsa, no me paraliza.
Si alguien escucha tus canciones dentro de muchos años, ¿qué te gustaría que entendiera de la mujer que las escribió y del tiempo en que nacieron?
Me gustaría que entendiera que estas canciones nacieron desde la autenticidad, desde la necesidad de expresar lo que sentía en un momento de mi vida.
Que pudieran ver a una mujer explorando sus emociones sin filtros, con dudas y con ganas. En un momento de búsqueda, de cambios, de aprendizajes propios, donde todo era intenso y vivo.
Que sintieran que, aunque pasen los años, esas emociones siguen siendo humanas y universales.