CARENCIAS AFECTIVAS

Decís que la banda nace casi sin querer, como muchas cosas buenas. ¿En qué momento ese juego entre colegas se convirtió en una necesidad real de hacer música juntos?

La banda empezó como la mayoría de las bandas, por pura casualidad y por las ganas de tocar, sin muchas más pretensiones que eso. Nos sorprende incluso a nosotros que hayamos seguido con ella después de todos los contratiempos que tuvimos al inicio (el confinamiento justo después del primer ensayo, un miembro de la banda que cambió de ciudad tras el primer concierto…). Probablemente el cambio fue a partir del tercer año, después de grabar unas primeras demos cutrísimas, cuándo vimos que si nos lo tomábamos más en serio lo que hacíamos podía molar, que podía haber un proyecto interesante.

Vuestros directos parecen más una descarga que un concierto. ¿Qué necesitáis soltar en el escenario que no cabe en la vida cotidiana?

En nuestro día a día somos personas bastante calmadas, relativamente organizadas, con vidas normales y corrientes. Y como todo el mundo, tenemos nuestras preocupaciones, nuestras frustraciones, nuestros desencantos… simplemente hemos encontrado en la música, en los conciertos, la forma de descargar todos esos sentimientos. Hay gente a la que le da por hacer boxeo o por correr… probablemente hubiera sido más sano… pero esto es lo que tenemos nosotros.

El disco habla de no pertenecer, del miedo al cambio y del desencanto político. ¿Sentís que vuestra generación vive más desorientada… o simplemente más consciente?

No creemos que nuestra generación esté más desorientada, lo que pensamos es que se nos han puesto muchas cosas en contra. No sé si más o menos que a otras generaciones y tampoco creo que sea relevante, lo que sí que está claro es que hay muchas dificultades. El acceso a la vivienda, la precariedad laboral, la falta de seguridad económica… La mayoría de los jóvenes tienen que hacer frente a todos estos problemas, cuya solución no está en sus manos, lo que acaba llevando al desencanto político, a la sensación de irrealidad…

En vuestras canciones conviven sinceridad, sátira y mala leche. ¿El humor es una defensa frente a lo que duele o una forma de decir verdades sin pedir permiso?

La risa y el humor son mecanismos de defensa que tenemos para afrontar situaciones difíciles o estresantes. En nuestras canciones está muy presente ese humor, esa ironía, esas ganas de sentirse un poco menos mal riéndonos de momentos complicados que tenemos que atravesar.

Hay mucho ruido en vuestro sonido, pero también mucha emoción debajo. ¿El ruido sirve para esconder la fragilidad… o para amplificarla?

En nuestro caso para amplificarla. Muchas canciones del disco nacen de momentos de crisis vital, de dudas, de indecisión… de vulnerabilidad y fragilidad, al fin y al cabo. Las letras son bastante directas y sinceras, no nos da ningún miedo mostrar esa fragilidad. De hecho, lo que pretendemos con todo el ruido, con toda la mala leche, con toda la ironía, es intentar hacerla más grande, más expansiva y que el público pueda identificarse con esos sentimientos, con ese “joder, ojalá no me hubiera levantado hoy… pero ya lo he hecho y voy a gritar, a bailar y a regodearme en esta mierda de situación”.

Las referencias al indie noventero, al punk o al noise aparecen de forma natural. ¿Mirar al pasado es nostalgia o una forma de encontrar algo que el presente no ofrece?

Ni una cosa ni la otra jajaja. 

Creemos que el presente musical del país es espectacular. Hay muchísimas alternativas, bandas excelentes, multitud de proyectos… y lo que es más importante, un gran interés por parte del público en la música que se está haciendo, en asistir a los directos… Pero no creemos que eso esté reñido con echar la vista hacia atrás de vez en cuando. Somos hijos de los 90, hemos crecido con ese sonido y lógicamente muchas bandas de la época nos han influido a la hora de hacer nuestras canciones. No estamos para nada de acuerdo con la típica frase de “ya no se hacen canciones como antes” porque creemos que estas ideas nacen del inmovilismo y la incapacidad de aceptar el cambio. Efectivamente, ya no se hacen canciones como las de antes, lo que nos parece maravilloso porque quiere decir que se hacen cosas nuevas, que no está reñido con que escuchemos lo de antes cuando nos apetezca.

Sois cuatro personalidades muy distintas sosteniendo un mismo proyecto. ¿Qué habéis aprendido sobre la amistad cuando se mezcla con la música y el trabajo?

Afortunadamente en nuestro caso ha sido todo bastante orgánico, bastante sencillo. Probablemente el hecho de que llevemos tanto tiempo juntos haya permitido que las cosas se pongan en su sitio de forma natural. Nos conocemos todos bastante bien y sabemos cómo manejarnos en situaciones de caos o de estrés… quién necesita confrontar el problema, quién necesita tiempo para reposarlo, quién prefiere salirse a fumar… Al final lo más importante es que todos estamos muy metidos en el proyecto, creemos en él y respetamos muchos los límites que marca uno u otro para que todos podamos estar cómodos.

Este primer disco llega después de años de curro silencioso. ¿Qué ha cambiado en vosotros desde que empezasteis hasta ahora?

En todo este tiempo, de forma natural y a base de ir tomándonos poco a poco más en serio el proyecto, lo hemos ido profesionalizando. Por ejemplo, al inicio de la banda los ensayos eran un caos… quedábamos de forma muy irregular, no teníamos un local fijo para tocar, no llevábamos los temas preparados, hacíamos parones para comer que se convertían en sobremesas de 5 horas… En ese sentido ahora somos mucho más organizados, tocamos de forma regular todas las semanas, tenemos un espacio propio, sabemos de antemano qué vamos a hacer  en cada ensayo…

Respecto a las canciones, habitualmente trabajamos sobre una primera versión que se ha compuesto en casa con una guitarra acústica. Al inicio sentíamos que todas las ideas eran importantes y que tenían que convertirse en canciones de la banda. Ahora somos mucho más críticos en este sentido… dedicamos tiempo a analizar muy bien todas las ideas y hacemos una selección de las que nos parecen más apropiadas para trabajar con ellas. Así hemos ido consiguiendo definir nuestro sonido poco a poco y tener claro qué canciones encajan con Carencias.

Vuestras letras retratan una generación que intenta despegar aunque esté mareada. ¿Dónde encontráis hoy un mínimo de esperanza?

Pues la verdad que nos lo están poniendo bastante difícil… Muchos de los problemas generacionales de los que hablábamos antes tienen una solución que, en gran medida, depende de decisiones políticas. Y, desgraciadamente, no parece que se estén dando los pasos adecuados para solucionarlos a corto plazo. ¿Dónde encontramos esperanza? Pues probablemente en el humor y en la ironía… aunque cada vez es más difícil tener ganas de reír.

Si alguien escucha Carencias Afectivas dentro de diez años, ¿qué os gustaría que entendiera de la época en la que nacieron estas canciones?

Estamos atravesando una época complicada. Las nuevas generaciones tenemos muchos problemas para poder acceder a esa vida que nos han enseñado desde pequeños que nos merecemos. El panorama político nacional e internacional es complejo, con un mundo cada vez más polarizado, más militarizado, con más extremismos… Y con la sensación constante de que lo peor está aún por venir. 

En este contexto nace “Qué mal momento”, un puñado de canciones que pretenden reflejar de manera sincera nuestros problemas y nuestros sentimientos, tanto a nivel personal como a nivel generacional. Y como muchos de esos problemas tienen una solución difícil… que consigamos al menos pasar un buen rato, reírnos de nosotros mismos, gritar y bailar.