CACTUS
Backstage pone el foco en todo lo que no se ve: lo que ocurre detrás del escenario. ¿En qué momento sentisteis la necesidad de mirar hacia dentro en lugar de seguir mirando solo hacia fuera?
Suponemos que en el momento en que muchas de nuestras conversaciones en la furgo o en los viajes giraban entorno a aquello que ocurre entre bambalinas, como se mueve el artista cuando lo está mirando el público y cuando no. Sentíamos que necesitábamos relatar o poner palabras al distanciamiento que hay entre artista y público.
Siempre habéis combinado discurso crítico con energía festiva. ¿La fiesta es una forma de evasión… o también una forma de resistencia?
La fiesta es necesaria, al menos para nosotros, en un mundo como en el que vivimos. Evidentemente supone una forma de evasión, pero también resisténcia cuando el círculo en el que te mueves rema hacia un mismo sitio y tiendes lazos para crear espácios en los que te sientas cómodo.
En Un besito ràndom habláis de esos momentos espontáneos que surgen en mitad de la noche. ¿Qué os interesa más: lo que ocurre… o lo que podría haber ocurrido y nunca llegó a pasar?
Nos suele interesar bastante más lo que ocurre, ya que somos bastante más de acción, haha. Pero también mola dejar que fluya la imaginación y soñar en lo que podría haber pasado, soñar da vidilla.
Vuestra música mezcla electrónica, urbano y una actitud muy directa. ¿El sonido nace desde el cuerpo —el baile— o desde la emoción que hay detrás?
Normalmente nace desde el cuerpo, somos un grupo que siempre ha tenido ganas de fiesta y es lo que queremos contagiar.
En el disco aparecen temas como la identidad, el amor o el futuro. ¿Qué preguntas os estáis haciendo ahora como grupo que antes no estaban sobre la mesa?
Por una parte nos duele ver como nuestra lengua se desvanece. Somos conscientes que en cuestión de algunas generaciones, el valenciano, habrá desaparecido practicamente en su totalidad en algunos lugares del sur del Pais Valencià. Lugares en que ya cuesta encontrar a gente por debajo de los 25 años que lo hable. De esto nace sobre todo el concepto general del disco: “No són com nosaltres” nace especialmente como una reivindicación o crítica hacia este suceso, i “Pa’ls que vindran”, que cierra la parte de canciones nuevas del disco habla del legado que queremos dejar.
Venís de cerrar festivales grandes donde la energía del público es brutal. ¿Qué cambia cuando pasáis de ese escenario masivo a ese “backstage” más íntimo del disco?
Cambia que podemos respirar, dejar los nervios y todas las movidas técnicas que conlleva nuestra puesta en escena y si se puede, disfrutar del grupo siguiente ya sin la presión de tener que hacer el concierto. Que nos encanta, pero es una responsabilidad enorme.
Hay algo muy generacional en vuestra propuesta: comunidad, noche, intensidad. ¿Creéis que vuestra generación vive más hacia fuera… o más hacia dentro de lo que parece?
Diríamos que la gente que viene a nuestros conciertos intenta vivir hacia fuera, es decir, con ganas de interactuar con el grupo y el resto del público.
Vuestra identidad sonora ya es bastante reconocible dentro de la escena valenciana. ¿Os preocupa repetir fórmula o sentís que aún estáis empezando a explorarla?
Nos ha costado encontrar un sonido que nos caracterice, pero no cerramos puertas a seguir investigando, al final siempre hemos sido un grupo bastante ecléctico sin miedo a probar otras sonoridades o estilos, así que queda mucho por decir.
Con este cuarto disco parece que consolidáis un proyecto que ha crecido muy rápido. ¿Qué ha sido lo más difícil de sostener en ese crecimiento?
La formación, al final de los 6 músicos que empezamos, quedamos únicamente des del principio Muro (cantante), Miquel (guitarra) y Santy (dj). Por suerte la gente que se ha ido uniendo se ha integrado muy bien y ya forma parte de la famIlia Cactus.
Si alguien escucha Backstage dentro de unos años, ¿qué os gustaría que entendiera sobre lo que significaba vivir —y celebrar— este momento?
Nos molaría que alguien lo escuchase dentro de un tiempo y nos dijera que no teníamos razón y que nuestra lengua sigue bien viva, hahah. Eso seria un sueño, pero parece que la tendencia no es esta.