AXELLE

Axelle, naciste en Camerún, vives en Barcelona y tu música mezcla muchas influencias distintas. ¿En qué momento sentiste que habías encontrado una voz propia dentro de todas esas referencias?

Honestamente todavía siento que la estoy buscando. A veces tengo sonidos y sensaciones muy concretas en la cabeza, pero traducirlas en música real es mucho más difícil de lo que la gente piensa. Cuando empecé a escribir con 11 años me inspiraban mucho los sonidos tradicionales de casa, sobre todo los tambores y las melodías emocionales. A medida que fui creciendo empecé a escuchar muchísimos artistas y géneros distintos, y ahora creo que mi música soy yo intentando sostener todas esas versiones de mí misma en un mismo lugar. A veces se siente caótico, pero de una forma bonita.

Tus canciones tienen algo íntimo, pero también muy cinematográfico. ¿Cuando escribes piensas más en contar una historia o en provocar una sensación concreta?

Definitivamente en provocar una sensación. La mayoría de mis canciones vienen de cosas que he vivido de verdad, así que cuando escribo es casi como si intentara dejar pequeñas huellas emocionales dentro de la canción. Ser vulnerable en la música me cura un poco. Y creo que lo más bonito es cuando alguien la escucha y se siente entendido, o menos solo en lo que está pasando. Eso me importa más que sonar perfecta.

Hablas mucho de honestidad emocional. ¿Hay algo que todavía te cuesta decir en una canción?

Probablemente el amor… pero el amor bonito. La mayoría de mis canciones sobre amor vienen del desamor, de la confusión o de la añoranza. Creo que todavía me cuesta escribir sobre un amor suave, seguro, porque yo misma sigo aprendiendo cómo se siente eso. A lo mejor algún día vivo una historia de amor que me haga escribir distinto. Honestamente espero que sí.

Artistas como SZA, Tems, Sade o Enya aparecen como referencias naturales en tu universo. ¿Qué has aprendido de ellas más allá de lo musical?

Con SZA, vulnerabilidad. Cuando escuché CTRL por primera vez con 18 años, me sentí muy vista. Su forma de escribir es caótica y poética y honesta a la vez. Recuerdo escucharla y pensar, «espera… ¿las chicas negras awkward pueden existir así, en voz alta?». Tems me inspiró de otra forma. Ver a una mujer africana haciendo música que no encajaba con lo que la gente esperaba de ella, y aun así llegar a ser global, me dio mucha esperanza. Sobre todo porque sé lo que se siente cuando te dicen que tu sonido es «demasiado diferente». Sade me enseñó que el misterio puede ser poderoso. Deja que su arte hable más alto que su vida personal, y eso lo admiro mucho. Yo soy naturalmente una oversharer a nivel emocional, así que creo que todavía estoy aprendiendo el equilibrio. Y Enya… honestamente, su voz se siente como otro universo. Me emociona de una forma que no sé explicar.

Empezaste a escribir canciones con 11 años, pero no entraste al estudio hasta años después. ¿Qué necesitabas vivir antes de atreverte a convertirlo en un proyecto real?

Crecí en un entorno donde la música no se sentía como un futuro posible. Se sentía más como un sueño del que se supone que tienes que crecer y dejar atrás. También sufrí mucho bullying por amar la música cuando era pequeña, sobre todo entre los 11 y los 14, y creo que eso me creó mucha inseguridad. Durante mucho tiempo no creía que hubiera espacio para alguien como yo, ni para el tipo de música que quería hacer. Creo que necesitaba tiempo para sobrevivir a ciertas cosas primero. Para crecer. Para entenderme más. Para dejar de disculparme por ser sensible o diferente. Ahora, aunque todavía estoy descubriendo la vida, creo que me muevo con más intención. Tengo menos miedo de ocupar espacio.

Tu propuesta tiene una estética muy cuidada y una identidad visual fuerte. ¿Qué importancia tiene la imagen en cómo entiendes tu música?

Muy importante. Siempre me han inspirado profundamente las cosas bonitas. Imágenes, texturas, colores, películas, pequeños detalles… todo eso afecta también a cómo escucho la música. Creo que lo visual y lo musical son como hermanos. Uno ayuda al otro a respirar. Y honestamente, construir mi imagen también me ha ayudado a construir confianza en mí misma poco a poco. Sigue evolucionando, igual que yo.

Hay algo muy delicado en tu manera de interpretar, pero también mucha determinación. ¿Sientes que la vulnerabilidad puede ser una forma de poder?

Sí, completamente. De hecho creo que hace falta mucho coraje para ser emocionalmente honesta delante de la gente, sobre todo en un mundo donde todo el mundo intenta parecer que no le afecta nada todo el tiempo. Para mí, la vulnerabilidad se volvió poderosa en el momento en que dejé de verla como debilidad. Mucha de mi fuerza viene de permitirme sentir las cosas completamente en lugar de esconderlas. Es extremadamente poderoso desnudarte delante de la gente sin saber cómo te van a recibir.

Barcelona tiene escenas muy distintas conviviendo al mismo tiempo. ¿Dónde sientes que encaja —o descoloca— tu proyecto dentro de la ciudad?

Honestamente, a veces siento que estoy un poco fuera de lugar en Barcelona musicalmente. Pero ya no pienso que eso sea necesariamente algo malo. Creo que parte de mi propósito es traer algo distinto a nivel sonoro y emocional. Sobre todo como mujer negra, he notado que la gente a veces intenta meterme en géneros o expectativas muy rápido, y nunca me he sentido cómoda dentro de cajas. Todavía estoy descubriendo dónde está mi público. Quizás está aquí, quizás está en otro lugar del mundo. Pero Barcelona siempre va a ser especial para mí porque es donde me convertí en «Axelle» como artista.

Tus canciones parecen hechas para acompañar momentos muy concretos de la vida. ¿Qué tipo de emociones te interesa dejar en quien escucha tu música?

Quiero que la gente se sienta con permiso para sentir. Quiero que me acompañen mientras yo proceso mis emociones, mientras yo les acompaño a reconocer las suyas a través de mi música. Muchos pasamos la vida escondiendo emociones o haciendo como que estamos bien cuando no lo estamos. Creo que mi música es mi forma de decir: «aquí no tienes que hacer eso». Si alguien llora, sana, romantiza un poco su vida, o simplemente se siente menos solo escuchándome, entonces creo que la canción hizo su trabajo.

Si alguien descubre tu música dentro de diez años, ¿qué te gustaría que entendiera de la persona que eras cuando escribiste estas canciones?

Que todavía estaba siendo. Creo que estas canciones vienen de una versión de mí que estaba confundida, emocional, buscando amor, buscándose a sí misma, intentando crecer sin perder su suavidad. Pero también… seguía intentando divertirme, sentirme guapa, bailar, flirtear y disfrutar de ser joven al mismo tiempo. Creo que esa contradicción es muy humana.