ALEXA LÓPEZ
Tu universo artístico se define por esa idea de “The Girl with the Purple Voice”. ¿Qué simboliza esa voz púrpura dentro de tu identidad creativa y emocional?
El morado, aparte de ser mi color favorito, es la mezcla del azul y el rojo, el color más frío y el más cálido. Para mí simboliza ese espacio entre dos contradicciones, que está muy presente en mi vida por varios factores como mis raíces y la cuestión de identidad. Dentro de mi música significa que siempre se genera cierta comprensión y confort dentro de mis letras, porque escribo desde un lugar muy honesto y vulnerable, mientras aún hablo de cosas tabú o controversias y rompo las fronteras de géneros y así realizo la tarea del artista, que es incomodar y no complacer (en mi opinión).
Tu música mezcla folk latino tradicional con pop y R&B contemporáneo. ¿En qué momento sentiste que esa fusión híbrida era la forma más honesta de contarte al mundo?
Desde pequeña admiraba y cantaba canciones en inglés de artistas como Rihanna y Beyoncé, de la misma forma empecé a escribir canciones en inglés con un toque de R&B y pop. Pero el inglés ni es mi primer idioma ni es mi cultura natal. Teniendo un padre mexicano y habiéndome criado alrededor de mucha música latina (mis padres son músicos y tenían un grupo de mariachi p. ej.) y además habiendo pasado muchos años con parejas latinas, me llevó muy cerca a lo latino. Creo que mi deseo de implementar la música latina en mi arte viene de una búsqueda de un hogar que, al crecer y vivir en Austria, no encuentro directamente.
Tu EP debut atraviesa las cinco fases del duelo como un viaje de transformación. ¿Qué descubriste de ti misma mientras convertías el dolor en narrativa musical?
Me di cuenta de que la única forma de darle sentido a mi dolor y sufrimiento es convirtiéndolo en algo bonito como la música y el arte. Creo que la transformación es algo muy inherente al ser humano, tal cual como la creación. Darle una voz a mi historia y poder elegir de qué manera la cuento, especialmente si se trata del dolor y el sufrimiento, da mucho poder y te saca de ese lugar pasivo de víctima, que es muy tentador y ocurre frecuentemente en momentos dolorosos. El símbolo de ese EP (que también lo tengo tatuado) es un corazón roto dentro de una clave de sol que se convierte en una rosa con colores, que creo que simboliza muy bien lo que es ese proyecto para mí.
En directo, piezas como Hold Me (Tonight) muestran una intimidad vocal muy desnuda. ¿Qué cambia en ti cuando pasas del estudio al escenario y te expones sin filtros frente al público?
El trabajo en el estudio para mí es un momento de introspección y exploración, en donde me puedo reinventar siempre de nuevo en un espacio sin juicio. Es como reencontrarme con mi niña interior. Llevar las canciones y la visión al escenario frente a un público cierra un ciclo. Es dejar a la versión adulta mía tomar control y contar la historia de esa niña como ella siempre se lo ha imaginado. El trabajo en la tarima siempre te expone a muchas emociones y estímulos, que parece ser como una prueba final de lo que has creado y trabajado durante años. Lo más bello es notar que te puedes dejar caer en el momento y existir dentro de la música por confiar en tus capacidades y tu visión sin tenerle miedo al juicio del público. Siendo yo misma, auténticamente, contar mi historia y demostrarle al mundo mis partes más vulnerables se siente como una carta de amor a mí misma. Es “esto soy yo, con la intención de realizar la mejor versión de mí misma. Take it or leave it.”
Has construido una trayectoria internacional con actuaciones, radio airplay y espacios culturales diversos. ¿Cómo ha transformado tu mirada artística el hecho de moverte entre distintos países y escenas?
La realización de que mi música tiene oportunidades infinitas en distintos mercados del mundo me ha abierto mundos musicales en sí. Mudarse a Madrid en 2024 de hecho fue el punto clave para empezar a integrar mis raíces latinoamericanas en mi música y escribir más en español, sin tener ese pensamiento y peso encima de que nadie va a entender lo que digo, que sentía antes por siempre haber vivido en Austria. Me permitió tenerle menos miedo a mi versatilidad y empezar a verlo como ventaja, en vez de algo malo por la idea capitalista de tener que encajar en una sola casilla.
Tu nuevo single REINA habla de enfrentarse a la oscuridad interior para encontrar plenitud. ¿Cuál fue la sombra personal que necesitaste mirar de frente para que esta canción existiera?
Esta canción es menos un instante y más una filosofía que me acompaña desde el momento en el que aprendí a perder. Ya muy joven la vida me ha expuesto a muchas cosas muy dolorosas, por las que tenía la oportunidad de aprender más a menudo y más temprano cómo lidiar con mi propia sombra. Siempre sabía que el ser humano consiste en la luz y la oscuridad y he descubierto en mi viaje que, al rendirme a esos sentimientos incómodos y oscuros, en vez de reprimirlos e ignorarlos, salí aún más fuerte, más completa, más humana.
En el videoclip aparecen referencias folklóricas latinoamericanas y elementos mitológicos. ¿Qué papel juega lo simbólico y lo ancestral dentro de tu imaginario visual y sonoro?
La cultura mexicana es muy inspiradora e interesante en ese aspecto. Si recordamos la historia de la conquista en Latinoamérica, hace mucho sentido que lo espiritual esté tan presente en la cultura mexicana. La mezcla del catolicismo europeo con las culturas y religiones nativas del pueblo indígena generó una mitología que se manifiesta en tradiciones como el Día de los Muertos y leyendas como “La Llorona” (que es la mayor referencia en mi video musical). Creo que justo ese hecho de combinar lo espiritual y lo oscuro es lo que me atrae en el sentido artístico.
Tu proyecto da voz a quienes crecen entre distintos mundos culturales. ¿Cómo ha marcado esa experiencia de frontera tu forma de entender la pertenencia y la identidad?
Más que nada he aprendido que es súper importante recordar. Recordar de dónde venimos, qué y quién nos formó. Pero también entender que muchas cosas contradictorias pueden coexistir en el mismo instante, en la misma persona y que a veces la soledad puede ser un gran maestro al respecto de quién somos y quién queremos ser independiente del mundo externo. Para mí fue importante aprender que mi existencia vale mucho más que el peso de mi dolor, especialmente porque soy la mezcla de contradicciones. Que viviendo en un mundo polarizado lleno de extremos, mi existencia es lo que asegura el balance y que mi propósito es justo caminar ese camino que antes de mí nadie ha tomado para la gente como yo y quienes vienen después de mí.
A lo largo de tu recorrido defiendes valores como autenticidad, vulnerabilidad y liberación. ¿Qué significa para ti ser honesta en una industria que muchas veces empuja hacia lo contrario?
Primero empecé a hacer música para mí misma y para los que se identifican con ella. Creo que si recordamos los motivos iniciales de por qué empezamos a hacer arte, es más fácil poder guiarnos por lo verdadero y auténtico. No lo hago por dinero, ni por querer ser popular, ni por complacer. Lo hago porque es la manifestación más auténtica y verdadera de quien soy y no puedo vivir sin ello.
Mirando hacia el futuro: ¿Qué versión de Alexa Lopez sientes que está empezando a nacer ahora mismo?
El sencillo REINA es el primer lanzamiento de mi primer disco, que sale a finales de este año. Siento que mi misión y visión se dirigen ahora más que nunca a combinar esos mundos musicales distintos que mencioné antes. Estoy introduciendo muchos más ritmos y beats y combinándolos con letras críticas y conmovedoras, que al compararlos con mi pasado musical es muy nuevo porque he escrito mayormente baladas y canciones lentas, si la letra lo sugiere.