RICHARD MASCHERIN

Tu obra gira en torno a la caída, física y emocional. ¿Recuerdas cuándo sentiste que la caída sería el centro de tu lenguaje?

Si cuento una verdad: al sentir alivio después de caerme por una montaña e impactar contra una roca. Si cuento una mentira: en el estudio de danza.

Cruzas danza, cine, stunt, performance… ¿Qué encuentras en esa mezcla que no hallarías en un lenguaje más puro?

Lo uno me ha llevado a lo otro de una forma natural, por la necesidad de expresar mis emociones. Lo que no podía describir lo expresé a través de la danza, los sueños a través de la cinematografía, y el miedo, con la performance. Al crear a través de estos códigos sentí que todo tenía sentido en conjunto y podía expresar cómo siento y veo la vida.

Tus piezas son como poemas físicos, invitan a sentir más que a entender. ¿Qué te atrae de lo que no se explica, de lo que queda entre líneas?

Ir hacia lo desconocido me interesa. Cuando solo te queda sentir, se abre otro camino, otro sentido, es algo primitivo. Todo llega hasta un lugar. Y después de ahí, surge otra cosa. Hay cosas que no se pueden describir, y solo queda bailarlo o personificarlo.

Ahora estás preparando ABERTURA, una obra con seis bailarines, en espacios tan imponentes como la Sala Sinfónica del Auditorio de Tenerife. ¿Qué significa para ti crear en un formato más grande? ¿Qué retos y deseos trae este salto?

ABERTURA es un paso más en mi carrera artística. Una apuesta en escena más cruda y más profunda. Es todo un reto en todos los aspectos. Estoy muy contento de poder hacerlo con un equipo artístico magnífico, somos un equipo de 20 personas detrás. Han inventado una lengua nueva para esta obra, estoy alucinando. La coreografía es más compleja a través de la repetición y el trabajo coral. La obra es expresionista y tiene mucha ficción, es otro universo. Se estrenará en el Festival Madrid en Danza el 24 de Mayo, y luego en el apoteósica Sala Sinfónica del Auditorio de Tenerife el 8 de Junio, dentro del contexto del Festival FAM.

Seguir creando, seguir encontrando el camino en las artes escénicas. Seguir creciendo hasta que el telón baje.

Has presentado tus obras en lugares tan distintos como Teatros del Canal o la Embajada de España en Roma. ¿Qué cambia en ti y en tu obra según el espacio?

Que los espacios y los contextos sean diferentes es lo idóneo para enriquecer tu imaginario, esto generará caminos paralelos y mil formas de abordar las ideas. Mi trabajo es llevarlo a cabo con la misma esencia o incluso potenciarla aún más. Pienso que los momentos de la vida en el que estés y los impulsos son algo muy importantes. Anécdota: Justo en Roma, en Trastevere, poco antes de entrar en la performance, fuí a una cafetería cerca, estaba mal, me tomé un espresso y un helado de vainilla, la luz dorada del sol inundaba la plaza, algo me llevó a entrar a una iglesia, entré y observé, me quedé a toda la misa, recibí la hostia y luego fui directo a la performance, era la hora. Lo cambió todo.

En He aquí un acto romántico hablas de amor, violencia, cuerpo. ¿Cómo decides qué emociones llevar al límite en cada pieza?

Siento una necesidad, luego surge un sentimiento o una idea. A través de ahí voy construyendo y poniendo imágenes y palabras, hasta quedarme con lo más concreto y específico. Tener claro el motor perfecto para dar el siguiente salto.

Has sido reconocido en festivales de danza, cine y arte visual. ¿Qué te ha enseñado moverte entre estos mundos?

Las diferentes perspectivas que giran a una idea. Crecí como artista y sigo haciéndolo de esa forma. Conocí y me conecté con muchas artistas que andaban o deseaban lo mismo que yo. Descubría una perspectiva que me daba otro impulso diferente. La propia conexión es lo más interesante.

Trabajar con el cuerpo al filo de la caída, al borde del riesgo físico y emocional, ¿qué te libera y qué te exige?

Ahora siento que estoy en otro lugar. Antes, todo era más físico. He tenido que dejarlo a un lado por necesidad. No podía romperme más. Encontré otra forma más emocional, más poética, incluso más cruda de seguir con la idea de la caída en mis creaciones, y esto me liberó, me liberó del cuerpo. Sentí algo más trascendental. Pero la exigencia aún sigue ahí delante, de otras formas. Dirigir y producir una producción con un formato grande exige tu mente al 1.000%. Una locura, pero una locura bonita.

En un mundo que pide inmediatez, tú apuestas por la repetición, la investigación lenta, el ensayo-error. ¿Qué le dirías a un artista que siente que si no produce rápido, se queda fuera?

Seguir sus impulsos, tener curiosidad y dejar atrás el ruido. Sobre todo no tener miedo al camino que construyes.

¿Qué caída, qué sensación o qué imagen aún no has explorado y sientes que te está esperando?

Me imagino a un elenco infinito en escena, en trance. Espasmos corporales. Una orquesta, un público que grita de pie, y una caída muy operística que desata la liberación. Ahí es donde quiero ir.