NAEN

NOT YOUR AFRO BITCH nace desde una frase muy contundente: “no soy la putita de nadie”. ¿En qué momento sentiste la necesidad de apropiarte de esa expresión y convertirla en el centro de un proyecto artístico?

Creo que esta necesidad empezó a gestarse hace algo más de un año. Siempre me he sentido demasiado constreñida por lo que entra o no entra en el imaginario colectivo sobre ser una mujer negra. Esta exigencia sobre ser buena cantante buena bailarina, ser fuerte, empoderada, baddie, chula… Muchas veces he sentido que no entra dentro de esa imagen una mujer negra vulnerable. Que de todas las emociones solo parece que debamos encarnar la rabia. Y sin embargo justo yo siempre he tenido muchos problemas para poder permitirme sentir enfado. 

De repente me vi a mí misma y dije: ¿por qué me condicionan tanto estos estereotipos?

Por suerte a día de hoy comienza a existir más representación y más presencia de mujeres negras que son algo más allá de ser “negras”. Y justo eso mismo era lo que quería con este proyecto. Quería que fuese algo así como un statement y un abrazo a todas nosotras y cada una de nuestras identidades. 

Hablas de la experiencia de ser mujer negra, hija de migrantes y de las contradicciones que aparecen alrededor de la identidad. ¿Dónde sientes que has tenido que luchar más por definirte con tus propias palabras y no con las que otros proyectaban sobre ti?

Creo que esta lucha para mí era más grande cuando era adolescente. Me costaba sentir que podía encajar en ciertos lugares sin ser algo más allá de “la negra”. Eso hizo que me costase bastante desarrollar mi propia personalidad y mis propios gustos e incluso que me costase expresar ciertas emociones. 

Por otra parte en el mundo de la música cuando empecé a hacer mis primeros bolos y estar en mis pequeños grupos la norma era que se me exigiese cantar con “voz de negra”. Eso me confundía profundamente porque en fin, si soy negra y canto, ¿no estoy ya cantando con voz de negra?

Una de las preguntas que atraviesa el proyecto es muy potente: “¿Somos de aquí? ¿Somos de allí?”. ¿Cómo ha evolucionado tu respuesta a esa cuestión con el paso de los años?

Al final considero que donde he nacido y me he criado es en Valencia, es donde siento que más pertenezco. Sin embargo me gusta honrar de dónde viene mi familia y abrazar esas raíces. Antes las renegaba un poco, sobre todo porque me daba mucha rabia que por norma general nunca fuese leída como valenciana y tuviesen que asumir mi nacionalidad (que si Cubana, Colombiana, Guineana…). Eso hizo que me polarizase en una búsqueda de reivindicar que independientemente de mi color de piel yo soy puramente Valenciana. Pero a la hora de la verdad, en mi crianza y en mis referentes se combinan tanto la cultura de mi madre como la de mi padre (por mucho que no hayamos tenido demasiada relación) como la cultura del lugar donde he nacido.

Musicalmente te mueves entre R&B, hyperpop, electrónica, reggaetón y avant-pop. ¿Crees que esa mezcla de géneros también refleja una identidad que se niega a encajar en una única categoría?

100% sí. De la misma forma que me considero una persona multicultural, para mí a nivel personal no tiene sentido cerrarme a un único género. Creo que en la mezcla está la magia.

En Sticky hablas de cómo la cultura negra es consumida constantemente mientras muchas personas negras siguen siendo marginadas. ¿Por qué crees que todavía cuesta tanto reconocer el origen de muchas de las expresiones culturales que dominan la música actual?

Honestamente, no lo sé. Para mí, que en pleno 2026 todavía cueste reconocer y dar lugar al origen de las corrientes musicales y culturales que dan forma a lo que consumimos a día de hoy me parece un sinsentido.

Quiero decir, si vamos a disfrutar del afrobeat, del dancehall, de las trenzas, y larguísimo etcétera, ¿cómo no vamos a honrar de dónde viene todo esto?

La pista de baile aparece en tus canciones como un lugar de resistencia y comunidad. ¿Qué has encontrado en los clubes, fiestas alternativas y espacios queer que no encontrabas en otros lugares?

Libertad ante todo. Personas que aunque sean atravesadas por otro tipo de problemáticas que no tengan que ver con el racismo, saben lo que es vivir bajo un estigma y/o estereotipos. Al mismo tiempo las personas que vivimos en los márgenes de lo normativo solemos informarnos más y estar más concienciados (obviamente no siempre y hay muchas excepciones), lo cual hace que me sienta mucho más agusto y comprendida.

13 LUNAS parece ser la canción más íntima y vulnerable del proyecto. ¿Qué fue lo más difícil de abordar al hablar sobre la relación con tus raíces y con la figura paterna?

Honestamente mi relación con mi figura paterna es algo que ya tengo muy asimilado y con lo que he logrado estar en paz. Sin embargo, el haberme sentido tan desconectada de mis raíces sí que ha sido todo un asunto que me ha afectado a nivel profundo e identitario. Sin embargo, a día de hoy creo que estoy comenzando a comprender ciertas cosas sobre mí misma y sobre mis raíces. Creo que también en mi caso debido a mi situación he tenido que tener una actitud más proactiva para indagar en estas, pero poder conocerlas (aunque aún me falte mucho por investigar) hace que poco a poco me sienta más en calma conmigo misma.

Al final no tengo una varita para cambiar el pasado, por lo tanto lo que más paz me ha dado en este asunto ha sido la aceptación.

En Black Star hablas de integrar todas las partes de ti misma: tus raíces etíopes y francesas, tu vida en Valencia y tu experiencia como mujer negra nacida en España. ¿Sientes que hoy estás más cerca de esa reconciliación o sigue siendo un proceso abierto?

Sí que me siento mucho más cerca de ésto. Además para mí BLACK STAR es mi canción para manifestar. El hecho de poder cantar sobre esa integración de esas partes de mí misma me ayuda directamente a integrarlas y asentarlas.

A lo largo de tu trayectoria has hablado mucho de emociones incómodas y de procesos de transformación. ¿Crees que el arte tiene la capacidad de sanar o simplemente nos ayuda a entender mejor nuestras heridas?

Creo firmemente en la capacidad del arte para sanar. Obviamente para ciertos asuntos no es suficiente con hacer una canción o bailar, y es necesaria una intervención a nivel psicológico, pero desde luego el poder canalizar las emociones y sacarlas fuera ayuda muchísimo a sanar, por lo menos en mi caso.

Además de la música, este proyecto incorpora un documental que muestra todo el proceso creativo. ¿Qué querías contar que no cabía dentro de las canciones?

Me apetecía mucho mostrar todo lo que hay detrás de un proyecto autogestionado, las aventuras y desventuras detrás de poder sacar adelante todo de forma independiente, cómo es un proceso de grabación, los miedos, etc etc etc

Para la grabación y montaje del documental conté con Héctor Francés, que considero que ha sabido captar a la perfección el proceso creativo y mostrar una mirada realista al respecto sin perder las partes humorísticas y divertidas

También considero que es importante mostrar el trabajo de todas las personas implicadas, tanto productor musical, directores creativos, estilistas, fotógrafo, MUA, amigxs que dan apoyo emocional… Tengo la suerte de que mi equipo de trabajo sean al mismo tiempo buenos amigos, y ver lo que hemos podido lograr juntos me emociona mucho

Has definido tu música en alguna ocasión como “música para perrear y llorar”. ¿Por qué crees que nuestra generación necesita tanto espacios donde la vulnerabilidad y la celebración puedan convivir?

Creo que la pista de baile se puede convertir en un lugar donde desahogarse y transmutar procesos y emociones incómodas. En un mundo que cada vez se asemeja más a un libro sobre sociedades futuristas distopicas, siento que muchas veces la fiesta se puede convertir o bien en una vía de escape o en una forma de desahogarnos

Si alguien escucha NOT YOUR AFRO BITCH dentro de diez años, ¿qué te gustaría que entendiera sobre la experiencia de crecer entre culturas, identidades y relatos que a veces parecen incompatibles?

Sobre todo ojalá y en diez años ya se haya normalizado la multiculturalidad y el cómo puede llegar a enriquecernos como sociedad.

En todo caso, me gustaría que funcionase como una fotografía sobre la sociedad actual y cómo las personas racializadas han tenido que convivir con estereotipos y fetichización hasta el punto de sentirse con falta de referentes de cara a desarrollar su propia personalidad, y que aún así, hemos sacado la fuerza para encontrarnos a nosotras mismas y reafirmarnos en quienes somos.