JUAN SAURAS

Tu música parte de lo cotidiano pero lo eleva casi a algo espiritual. ¿En qué momento empezaste a entender que lo pequeño también podía ser trascendente?

Desde hace un tiempo, he tenido la necesidad de construir lo complejo desde lo esencial. En un mundo como el actual, donde todo es frenético y exuberante, he entendido que el origen de mi creación parte de la sencillez. Creo que lo cotidiano puede convertirse en algo mágico si te detienes a mirar: una casualidad, una coincidencia, un símbolo, etc. Es esto en lo que creo fervientemente, en esa búsqueda.

En “Me eliges a mí” hablas de la duda, de ese lugar incómodo entre la posibilidad y la certeza. ¿Qué es lo que más miedo te da: no ser elegido… o elegir mal?

En realidad, es la incertidumbre lo que verdaderamente me inquieta. La no respuesta, el silencio. Es el vacío algo a lo que creo que nunca nos acostumbramos. Por esto, no le temo al error o al rechazo sino a no recibir un mensaje claro.

Tu forma de escribir evita el reproche y se acerca más a lo confesional. ¿Escribir así es una decisión consciente o simplemente no sabes hacerlo de otra manera?

Entiendo mis letras como un espacio en el que poder jugar con todo aquello que me hace humano. Me permito ser contradictorio, abstracto o injusto, por ejemplo. Creo que únicamente si me alejo de la moralidad puedo acercarme a lo que soy. De ahí que esa imperfección convierta mis canciones en una confesión

Hay una fragilidad muy presente en todo lo que haces. ¿La vulnerabilidad es un punto de partida… o algo que aparece inevitablemente cuando creas?

Nunca he escrito con la intención de ser vulnerable, al igual que jamás he sentido queriendo hacerlo. Puede que esa sensación venga dada porque trato de expresar honestamente lo que creo. Crear, para mí, es la única forma de defender la imagen que tengo del mundo. Como si fuese un secreto que deseara contar.

Tu proyecto nace desde el autodidactismo y cierta libertad frente a lo técnico. ¿Sientes que no saber “demasiado” te ha permitido ser más honesto?

Componer desde el desconocimiento me recuerda a la niñez. Además, estar conectado a una actividad tan física como la música te abstrae naturalmente. Es la única forma que encuentro de llegar a un espacio en el que poder jugar y no seguir normas. Ser genuino, sin castigo. Lo preservo con cuidado, ya que el resto de aspectos en la vida se toman con demasiada seriedad.

En tus canciones parece que siempre hay algo que no termina de resolverse. ¿Te interesa más habitar la pregunta que encontrar una respuesta?

Siempre he entendido mis canciones como una forma de expresar todas mis dudas. Lo que me mueve, en el fondo, es esa curiosidad. Realmente, nunca he tenido demasiadas respuestas, pero sí me pregunto muchas cosas. Creo que lo más valioso que puedo hacer es compartirlas. Sentirse semejante a los demás es más poderoso que obtener respuestas.

Vienes de un EP como Canciones pequeñas, muy centrado en lo mínimo. ¿Qué ha cambiado en tu forma de entender la música desde entonces?

En proyectos anteriores me obsesionaba la idea de encontrar un sonido que fuese armonioso. Construir belleza y tranquilidad. Ahora busco crear una experiencia, reforzar una atmósfera: generar un viaje. He empezado a entender que la riqueza en el sonido también lo construye el ruido del ambiente, las respiraciones o imperfecciones en la voz. Considero esta mi forma de transmitir algo humano y real.

Hay una tensión entre lo acústico y lo electrónico en tu sonido. ¿Esa dualidad responde a una búsqueda estética… o a una necesidad emocional?

Mi forma de crear parte de lo acústico como base. Aporta la calidez con que concibo todas mis canciones. Son sonidos secos, clásicos y con rugosidad. En cambio, lo electrónico genera una sensación ambigua y de extrañeza. Combino ambos elementos porque considero que completan el mensaje y se responden entre sí. En mis últimos proyectos les cedo el protagonismo porque creo que poseen el mismo valor que mis palabras.

Tu música habla mucho de relaciones, pero desde un lugar muy introspectivo. ¿Te cuesta más entender lo que sientes o explicárselo a los demás?

Siempre me he cuestionado mucho a mí mismo. Haberme puesto en duda me ha forzado, inevitablemente, a entender lo que siento o pienso. No soy una persona excesivamente pública y me da reparo exponerme a los demás con crudeza. Sin embargo, con mis letras tengo la sensación de estar contando quién soy y en lo que creo sin temor. Entro en este engaño sin darme cuenta.

Si alguien escucha tus canciones dentro de unos años, ¿qué te gustaría que reconociera en ellas: una etapa de tu vida… o una forma de mirar el mundo?

Concibo mi música como algo atemporal, apelo a lo humano y universal. Mi única intención es poder conectar con los demás. Compartir y entendernos. La vida que tengo es igual que la del resto, yo solo me encargo de buscarle un significado propio. Mi música es una constante evolución hacia un futuro que no conozco. Por esto, me gustaría que transmitiese una visión concreta y cambiante a lo largo del tiempo.