EVRIPIDIS

En tu nueva canción preguntas ¿Quién necesita un amor?, pero la sensación final parece justo la contraria. ¿Te interesa más esa contradicción que cualquier respuesta clara?

Una pregunta deja las cosas abiertas a la interpretación de cada oyente. Tengo la sensación de haber escuchado muchas veces la teoría de que tenemos que sentirnos completos con nosotros mismos antes de encontrar el amor. Parece que buscarlo es una cosa anticuada, también lo es llorar su pérdida. Mientras tanto, la gente se enamora locamente cada día por mucho que declare que no está en ninguna búsqueda de romance.

El mundo es muy cruel y estamos ansiosos por conectar. Luego, cuando se da la oportunidad, no siempre estamos a la altura: a menudo huimos de los sentimientos fuertes. Escribí la canción en un teclado que pertenece a la madre de mi novio, durante el inicio de nuestra relación, en la época del enamoramiento más fulminante. Así que la canción lleva la paradoja en su ADN.

Quería mantener mi identidad, seguir siendo independiente, pero al mismo tiempo fundirme con otra persona hasta transformarme en una versión de mí que no podría conseguir yo solo. ¿Es la canción una oda al individualismo? No lo creo.

Hay mucho humor, ironía y una especie de tragedia luminosa en tu forma de hablar del amor. ¿Reírte del dolor es una forma de protegerte… o de acercarte más a lo que sientes?

Diría que es más una forma de acercarme a los sentimientos complejos desde un punto de vista cariñoso, conciliador y a menudo humorístico. Soy una persona que a veces se queda enganchada en un bucle, apoderado de la distimia —una leve tristeza persistente— y hablar de ella de manera exagerada me hace abrazar esos sentimientos como si fueran un animalito un poco feo pero que a la vez me produce cariño.

Y si durante ese proceso sale una canción que conecta con otras personas, eso ya me parece maravilloso.

La canción dialoga con un mundo saturado de imágenes de felicidad romántica. ¿Sientes que hoy el amor se vive más como espectáculo que como experiencia real?

La vida en general parece que se está viviendo más como espectáculo que como experiencia real… el amor no podría ser una excepción. Se ve desparramado en internet y a menudo funciona como algo aspiracional.

Muchos hemos caído en la tentación de compartir demasiado en redes: besos, cenas, viajes juntxs, incluso momentos personales acompañados de textos empalagosos que podrían provocar casi la muerte por vergüenza ajena.

Pero también pienso que la gente LGBTQI+ tenemos un pequeño atenuante: durante mucho tiempo se nos ha negado el privilegio de vivir abiertamente nuestra realidad, y en las últimas décadas nos hemos rebelado contra eso. A veces pienso que estamos creando memoria visual en nombre de todas las generaciones que no pudieron.

De todas formas, somos seres contradictorios. Un momento puedes querer vivir tu vida amorosa en la máxima privacidad y otras veces tener ganas de gritar tu amor a los cuatro vientos.

Musicalmente, la pieza mezcla intimidad de dormitorio con una pulsión casi bailable. ¿Qué te atrae de esa frontera entre llorar en casa y salir a perder la cabeza?

No soy muy de llorar en casa. Las paredes me engullen. Soy más bien de perder la cabeza, estar con gente y verter unas lágrimas de vez en cuando mientras tanto.

El dormitorio es un cobijo en tiempos relativamente felices o al menos no explícitamente trágicos. Personalmente podría resultar una trampa mortal aislarme en mi habitación en momentos duros.

La canción usa sonidos sintéticos envolventes que pueden crear cierto confort, con un ritmo levemente bailable y unas voces que parecen casi una broma: un pequeño interludio humorístico ante esta mezcla de melancolía y durísimas declaraciones de independencia que, en realidad, nadie cree del todo.

Llevas más de veinte años construyendo un universo propio dentro del indie pop. ¿Qué ha cambiado en tu manera de amar… y en tu manera de escribir sobre ello?

Antes escribía mucho sobre amores sin respuesta, historias que no llevaban a ninguna parte, corazones rotos. Reconozco que esas vivencias eran perfectas como inspiración, porque transformar la frustración en canciones era mi forma de canalizarla.

Ahora escribo desde un lugar más tranquilo, a menudo imaginando historias que podrían ser verdaderas o no. También he dejado de pensar que amar significa exclusividad. Pero sí creo que significa compromiso vital.

Eso aparece de vez en cuando en mis letras. De todas formas, sigo sin tenerlo todo claro ni tallado en piedra. Voy aprendiendo, cambiando y compartiendo lo que me apetece compartir.

El vídeo de Marc Ribera está hecho con un proceso manual, paciente, casi obsesivo. ¿Ves paralelismos entre ese trabajo artesanal y la forma en que se construyen las relaciones?

Totalmente. Una relación larga necesita mucho esmero, cariño y paciencia para perdurar.

Es graciosa la contradicción entre la letra de esta canción y el proceso del vídeo, que es una verdadera fruta de amor. En general, durante los últimos diez años mi camino musical ha ido muy de la mano con mi relación con Marc, porque es la persona que más apoyo, crítica constructiva e inspiración me ha dado.

Tu obra siempre ha habitado un lugar entre la melancolía y la celebración. ¿Crees que la tristeza también puede ser una forma de belleza compartida?

La tristeza compartida puede crear belleza. En mi opinión, la más preciosa de todas, porque funciona como un bálsamo para las heridas y al mismo tiempo como un recordatorio constante de la fragilidad de la existencia.

Piezas de arte sublimes han salido de situaciones traumáticas y conectan con el dolor y el anhelo universal. Siempre pienso en la Sinfonía nº40 de Mozart, inspirada parcialmente por la muerte de su hija. Es una pieza que parece contener todo el dolor, la dulzura y la fuerza del mundo en apenas unos minutos.

Leer sobre ella cuando era niño me marcó profundamente.

También hice un disco entero en griego, Mia Triti stin Cantina, inspirado en la muerte de uno de mis mejores amigos, a quien mucha gente sigue echando de menos. La experiencia fue catártica para mí y quiero pensar que también para otras personas que compartieron esa pérdida.

Después de Alegre Persona Triste, este nuevo tema abre otra etapa. ¿Qué parte de ti se está transformando en las canciones que vienen?

Más que entrar en una etapa nueva, diría que estoy consolidando el camino que decidí tomar hace unos cinco años: el del cantautor solitario que se expresa a través del lenguaje del synth pop, como antes lo hacía con el indie pop multi-instrumental.

Cada vez me siento más cómodo en ese papel y tengo ganas de desarrollarlo más. También llevaba años queriendo hacer más canciones en castellano, que es el idioma que más he usado en mi vida durante los últimos 22 años.

Nuevas canciones están en camino.

Tus letras suelen hablar desde una vulnerabilidad muy honesta. ¿Sientes que mostrar fragilidad hoy es un acto político?

Creo que siempre lo ha sido. Mostrarse frágil y vulnerable es crear puentes hacia otras personas, invitarlas a sentirse cómodas y comprendidas, y animarlas a ser compasivas y cariñosas.

El mundo está lleno de gente insoportable y tóxica mostrándonos lo fuertes, impermeables e individualistas que son… con los resultados terribles que vemos cada día en las noticias.

Necesitamos un mundo más conectado con su empatía, con su vulnerabilidad y con su necesidad de apoyar y ser apoyado por la comunidad.

Si alguien escucha ¿Quién necesita un amor? dentro de diez años, ¿qué te gustaría que entendiera sobre este momento emocional y vital?

No es un momento, es un modus vivendi.
Todo lo que te pone melancólico, en vez de dejar que te deprima… ¡cántalo!