SIENNA
Hay algo en tus conciertos que quienes te han visto describen como una especie de trance compartido. ¿En qué momento del directo sientes que desaparece el control y empieza realmente la música?
Buena pregunta. Creo que en el primer momento en el que pisas un escenario ya hay inherente en ello una pérdida de control. Dejas, de alguna manera, de estar en el “yo” para convertirte en un mero canal de un discurso, de unas canciones. Sí que pienso que hay un elemento principal en los directos: la bidireccional entre público y artista, esa energía compartida que tiene algo especial y que va moldeando el viaje artístico. Y en cada escenario es absolutamente distinta. Es ahí donde desaparecen las barreras y se llega al trance, al aquí y ahora, al presente.
Desde Trágico y fugaz hasta Trance, tu proyecto ha ido profundizando en la identidad y la autoimagen. ¿Sientes que cada disco ha sido una forma distinta de enfrentarte a quién eres?
Sí, creo que responde incluso más a una necesidad vital. Cada disco es una fotografía de un momento muy concreto de mi vida o incluso, a veces, es el motor que activa una transformación en mí. Cada vez que escucho una de mis canciones, me retrotraigo al proceso de ese álbum, a cómo estaba, cómo pensaba o cómo sentía.
En Trance aparece la idea de “enajenación”, ese estado mental donde las distintas versiones de uno mismo conviven. ¿La música te ayuda a ordenar esas identidades… o más bien a liberarlas todas a la vez?
Lo único constante es el cambio. Creo que hay que abrazar todas esas aristas que forman parte de nosotros y dirigirlas hacia donde tú te sientas cómodo. Y si hay que liberarlas, hacerlo desde la aceptación de las mismas y no desde la resignación. Hay mucho ruido alrededor pero, de repente, encuentras esos momentos de lucidez que pueden ser decisivos en tu dirección.
Tus letras siempre han tenido un filo crítico y emocional muy marcado. ¿Escribir es una forma de entender el mundo o de sobrevivir a él?
Pienso que escribir es una forma de entenderte a ti y en consecuencia al mundo que te rodea. Si eres caos, tu entendimiento del mundo también lo será. Y ahí está tu decisión, si el caos te va bien para sobrevivir o si necesitas otras opciones.
Vienes de una trayectoria muy ligada al circuito independiente, con festivales y salas que han ido creciendo contigo. ¿Qué te enseñó el directo que ningún estudio podría haberte enseñado?
Me dedico a esto por el directo. Creo que es una sensación inexplicable cuando las canciones cobran otra dimensión y dejan de ser tuyas. Prácticamente, llevo toda mi vida tocando en salas y en distintos escenarios y creo que eso te reconcilia mucho con “el proceso”, con cuidar el oficio y con la perseverancia. Es lo que me ha llevado hasta aquí.
El directo fideliza, crea comunidad y fomenta el tejido cultural. Se mantiene una escena. Eso es algo que hay que cuidar y más en este momento.
Mudarte a Madrid coincidió con una nueva etapa creativa. ¿Cambiar de ciudad cambió también tu forma de escribir o de mirarte?
Fue algo muy orgánico. Me mudé porque sentía ese “algo” en el cuerpo que me decía que me tenía que ir; que había algo para mí y que ese era el momento. Y lo era.
Pienso mucho en Valencia pero sé que, en este momento de mi vida, Madrid es mi casa. Por suerte, he construido un hogar y una red de sostén maravillosa. Mis amigos son de esos que empujan y sostienen y eso es mágico. Estoy rodeado de música y eso, para mí, es indicativo de que estoy donde tengo que estar en este momento.
Tus canciones mezclan vulnerabilidad y cierta ferocidad emocional. ¿Te interesa incomodar al oyente o prefieres que se reconozca en lo que cuentas?
No lo hago con una intención clara. Simplemente, vomito en mis canciones todo aquello que está en mi cabeza y me genera incomodidad. A veces, algo incomoda porque te reconoces en eso y no te gusta porque es un parte de ti que aún no has aceptado. Somos seres humanos y somos complejo. Somos vulnerables. Y yo el primero. A eso le canto mucho, a esas sensaciones que son tan sutiles y a la vez tan poderosas que cuesta entenderlas.
En el escenario hablas de romper tus propias definiciones del “yo”. ¿Sienna es una máscara que te permite decir más verdad… o una extensión directa de ti?
Creo que Sienna es la figura elegida en la que vierto todo mi discurso para darle voz. Una extensión directa de mí “que todo lo puede”. Al final, no deja de ser una retroalimentación constante entre ambos.
Ahora llega una nueva etapa junto a Universal Music y un equipo renovado. ¿Sientes que estás ante un salto definitivo o simplemente ante otro riesgo necesario?
Siento que ha sido una consecuencia y, por supuesto, todo conlleva un riesgo. Hablar de salto definitivo sería muy pretencioso. Creo que la máxima de cualquier artista es tener un equipo humano con el que trabajar cómodo y seguir haciendo música. Hacerlo fácil.
Tengo muy claro qué quiero y quiénes son las personas que quiero que estén a mi lado. Lo importante son las canciones, que tengas algo que decir, ser honesto. Lo demás, si llega, bienvenido sea. El proceso es lo principal.
Si alguien descubre tu música dentro de muchos años, ¿qué te gustaría que entendiera de este momento de tu carrera en el que todo parece estar cambiando?
Pienso que no haría falta que entendiera nada, tan solo que escuchara. La percepción o visión que se lleve del proyecto dependerá de muchas cosas y solo le pertenecerá a él/ella. Si conecta/emociona o le remueve algo, hemos ganado.