JAVI CHAPELA
Tus canciones parecen mirar la vida cotidiana con una intensidad poco habitual en alguien tan joven. ¿En qué momento sentiste que escribir era la única forma de ordenar todo lo que estabas viviendo?
Siento que desde bien pequeño he tenido una sensibilidad artística que tenía que salir por algún lado. Mi primera guitarra me ayudó a ponerle melodías a esos pensamientos que me acompañaban a pesar de ser tan chaval. Componer es un ejercicio que sale sólo cuando tienes algo que contar y tiene un efecto casi terapéutico para mí. Creo que es algo que seguiré haciendo hasta que me muera.
En tu música conviven nostalgia, ternura y una cierta melancolía generacional. ¿Crees que tu generación siente más… o simplemente ha aprendido a decirlo en voz alta?
Creo que mi generación tiene los medios al alcance de la mano para poder hacerlo con mayor facilidad. También creo que nos ha tocado vivir una época en la que a pesar de que no nos falta de nada en muchos aspectos, el pesimismo y el inconformismo son protagonistas allá a donde vayas. Parece que nunca es suficiente y a todo se le saca la puntilla. Creo que ha forjado nuestro carácter tanto para bien como para mal y eso también se ve reflejado en el arte. Somos una generación que no se calla nada. La gran virtud de este disco es que cualquier persona se puede sentir identificada con alguno de los temas. Todos tocan un palo emocional distinto y ayudan a comprender que la vida no es plana, sino un cúmulo de situaciones, vivencias y sentimientos que nos van forjando poco a poco. Todos hemos sido alguna canción de este álbum en algún momento.
Vienes del indie y el pop-rock, pero lo que más pesa en tus canciones es la emoción. ¿El sonido es una elección estética o solo el vehículo para contar lo que te pasa?
Sin duda es un vehículo emocional. Este disco no es sólo dispar en cuanto a temática sino en cuanto a sonidos. Cada tema tiene un estilo propio pero sin perder la esencia que los une bajo un mismo trabajo. Creo que la virtud está en poner a la música al servicio de la historia. Por ejemplo, el tema que le da nombre al disco juega con una sonoridad alegre y esperanzadora mientras la letra te lanza un mensaje más bien desolador. Ahí es cuando la música complementa a la historia de manera emocional, aunque el oyente de primeras no se percate.
Tu primer álbum, Futuros Propósitos, suena a declaración de intenciones vital. ¿Qué versión de ti está intentando nacer dentro de este disco?
Pues lo has definido muy bien. Este disco llega en un momento vital en el que de verdad creo que tengo algo importante que contar. Creo que he ganado la madurez suficiente en los últimos años para poder presentar un trabajo que resume muy bien quién soy y por qué hago la música que hago. Este disco recoge las vivencias, sentimientos y situaciones que uno vive cuando se plantea todo y no sabe nada. He aprendido que la incertidumbre es el motor de nuestras vidas y hay que saber vivir con ella, hacerla parte de uno mismo. Futuros Propósitos empieza con la respuesta a todas esas dudas que nos abordan, dando comienzo a un viaje por todos estos estados y emociones que uno vive en el despertar de la conciencia y el mundo adulto, pero con la idea clara de que “el plan es que no hay plan”.
Has empezado a crecer muy rápido dentro de la escena. ¿Qué es lo que más miedo te da perder mientras todo avanza?
Sin duda cuando un proyecto crece y se hace más grande se convierte en un barco más difícil de manejar. Algo que tengo claro es que, venga lo que venga, nada me va a cambiar a nivel personal. He comido mucho barro y me queda muchísimo por comer, por lo que los pies siempre pesarán lo suficiente como para no salir volando. Por otro lado, siempre da miedo el poder dejar de atender ciertas cuestiones por falta de tiempo. De todas maneras, si algo caracteriza a este proyecto es en haber confiado en las personas que siempre estuvieron ahí y hacerlas crecer conmigo. Mi equipo es el mismo desde que empecé y hemos ido sumando nuevos integrantes que de verdad creyeron en el proyecto cuando aquí no había nada. Espero que pueda seguir siendo así muchos años.
El directo parece ser uno de los lugares donde tu proyecto se vuelve más real. ¿Qué ocurre en el escenario que no sucede cuando estás solo escribiendo?
Creo que el escenario genera una sensación tan única que ni con toda la droga del mundo se puede replicar. Esa conexión con el público, el hormigueo antes de salir, las caras de tus amigos antes de subir contigo a las tablas… Es algo único. He de confesar que siempre que me siento a componer pienso en cómo quedará esa canción en directo, qué emociones generará, cómo la cantará el público… Sin duda es mi parte favorita de todo esto y donde mejor me lo paso.
Tus letras hablan mucho de relaciones, recuerdos y momentos que marcan. ¿Escribir sobre otros es también una forma de entenderte a ti mismo?
Las personas que me rodean siempre son inspiración. Me gusta analizar a las personas, sobre todo si las quiero, porque así consigo entender qué es lo que me atrae de ellas. A la hora de componer me gusta usar esos rasgos, características o vivencias para expresar de una manera más fiel lo que siento. Al final todo se trata de dramatizar la vida, como una buena película.
Una canción como “Comerte la boca” conecta con mucha gente desde algo muy simple y humano. ¿Qué tiene lo cotidiano que a veces resulta más universal que lo extraordinario?
Creo que es lo principal a la hora de poder conectar con la gente. Este disco tiene mucho de eso. Va de lo cotidiano, de lo que nos hace humanos. Las situaciones más mundanas son las que me inspiran más y con el tiempo he sabido encontrar la belleza en situaciones que a lo mejor para otros no lo son tanto. La narrativa de este álbum gira en torno a las emociones por las que uno atraviesa cuando busca respuestas, que creo que es lo que hacemos cada día cuando nos levantamos y comprendemos que realmente no las tenemos.
Este primer disco llega en un momento clave de tu vida. Si pudieras congelar una emoción de esta etapa para escucharla dentro de diez años, ¿cuál sería?
Pues voy a decir la incertidumbre, sin ningún tipo de duda. Creo que es algo que me lleva acompañando desde hace muchos años y ha sido motor de este disco. Hay muchos días en los que me levanto y digo: ¿No podría haber estudiado una oposición y vivir tranquilamente sin preocupaciones? Pero no, me ha dado por la música y es algo que creo que me hace estar un poco más vivo.
Cuando termine todo este ciclo de Futuros Propósitos, ¿qué te gustaría que la gente hubiera entendido de quién es realmente Javi Chapela?
No pretendo nada en específico, simplemente quiero que mis canciones se conviertan en algo especial para ellos, que puedan gritarlas a todo pulmón sabiendo que esas canciones les representan. Me gustaría que aquellos que le den una oportunidad a Futuros Propósitos encuentren un lugar donde mirarse y verse reflejados, desde la balada más tranquila a la canción más rock. Si consigo eso, ya habrán entendido quién soy y lo que quiero conseguir. Ahí reside el éxito.